La economía en Colombia experimentó un aumento del 2,7 % para este año, una desaceleración moderada que genera inquietud en este momento al Consejo Privado de Competitividad, aunque podría mejorar si se ajustan sus estrategias.
La productividad constituye el motor de la economía; sin embargo, en Colombia existen ciertos sesgos que provocan que se evidencien fallas en el sistema. Por un lado, la población que enfrenta con mayor intensidad las brechas de la desigualdad es testigo de la inseguridad, una de las repercusiones del declive en la productividad, en las regiones de Cauca, Arauca, Chocó y Catatumbo. Desde el primer trimestre del 2020, la violencia organizada en Colombia se incrementó más de un 24 %, posicionando a Colombia en el quinto lugar de los países con mayores costos relacionados con la violencia, que representa el 33,7 % del Producto Interno Bruto.
Por otra parte, la productividad se ve afectada en aquellos que no forman parte del sector laboral. El 15 % de los hombres entre 15 y 28 años no estudian ni laboran; del mismo modo, las jóvenes dentro del mismo rango de edad ven aumentar su cifra, ya que un 21 % de esta población no se encuentra trabajando ni estudiando.
“El mundo está envejeciendo y realmente contar con una población joven es como tener, como mencionamos en la presentación, una flor en un desierto. No obstante, al observar esta población, encontramos que el porcentaje, por ejemplo, que no estudia ni trabaja, dependiendo del rango de edades, puede variar entre el 23 y el 28 % de la población juvenil,” afirmó Ana María Maiguashca, presidenta del Consejo Privado de Competitividad.
Este es un panorama que puede mejorar y que exige un cambio de normativas que actualmente están en vigor para que los jóvenes entre 15 y 18 años puedan trabajar, si así lo desean. Del total de esta población, el 94 % se encuentra empleado de manera informal, un porcentaje elevado que requiere pronto soluciones, además de promover la educación profesional, dado que solo 4 de cada 10 graduados de la educación media realizan todos los trámites necesarios para acceder a la educación superior.
El CPC indica que no se debe perder la obsesión por los títulos y, en cambio, plantearse una vida productiva. Esta afirmación se origina por los bajos índices de la mediana del ingreso laboral. Solo Bogotá, Cundinamarca, Antioquia y Risaralda logran superar los ingresos del salario mínimo, mientras que los demás departamentos no alcanzan (en la mediana) a facturar más que el salario base.

