Economia
la historia de Norman Chaparro
Todo comenzó en Villavicencio, en el Meta, cuando un niño de apenas 12 años con ganas de ayudar a su mamá y de poder salir a la calle le ayudaba a hacer mandados rápido y con las vueltas completas gracias a su buena memoria. “Mijo, usted sí sirve para hacer un mandado”, le dijo tras regresar solo del mercado con todos los productos que le había pedido. Ese día, cuenta Norman Chaparro, le graduó como mensajero y desde entonces no ha hecho otra cosa que seguir entregando cada paquete a su destinatario hasta convertir su empresa de mensajería Inter Rapidísimo en la más grande del país.
Norman Chaparro, fundador de Inter Rapidísimo, subido en la bicicleta en la que comenzó. Foto:Sergio Medina. El Tiempo
Hoy, a sus 60 años y a punto de dejar las riendas de la compañía en manos de sus dos hijos, cuenta en el nuevo formato de EL TIEMPO ‘¿Cómo lo hicieron?’ cuáles fueron sus primeros pasos subido en una bicicleta con la que empezó a construir de cero su pequeña empresa que hoy conecta a todos los municipios del país y hace más de 60 millones de envíos al año.
Su primer trabajo como mensajero lo desempeñó en la transportadora Aeromensajería, la líder en ese momento en la ciudad, donde fue aprendiendo de este oficio. “En la calle se aprende muchísimo. De hecho, mi oficina siempre ha sido la calle”, asegura. Sin embargo, la situación de su casa era cada vez más insostenible. Su padre había fallecido cuando él tenía 16 años, estudiaba su bachillerato por las noches y como estaba a cargo de su familia, el dinero que recibía no le alcanzaba. “La situación económica era cada vez más apretada”, confiesa.
Buscó trabajo en otras empresas de mensajería; sin embargo, en ninguna de ellas logró que le pagaran un sueldo mayor para sufragar todos los gastos que tenía. Debido a ello, un día tomó la decisión de dejarlo todo y empezar de cero a sus 21 años. “Recuerdo que fui donde Mercedes, que en ese momento era mi novia, y le dije: le tengo la solución a mis problemas. Renuncié y voy a poner mi propio negocio”.
La cuestión es que en ese momento solo contaba con los 20.000 pesos que le habían dado en su liquidación. Pese a ello, decidió seguir adelante. Se hizo con su mejor compañera, una bici de segunda a la que llamó Luz Marina, unos volantes y unas tarjetas de presentación que le ayudaron a empezar a construir su sueño. “Me puse a pedalear y a soñar”, admite.
Fue en enero de 1988 cuando nació Inter Rapidísimo. “Al principio, dudé si llamar a la empresa Chaskis, por los correos humanos del Perú”, reconoce. Finalmente, se decantó por Inter Rapidísimo. Lo malo, dice, es que tenía que demostrar que de verdad era el más rápido y por aquella época otros compañeros mensajeros que sí tenían motos le pasaban y le decían: “tortuguísimo, lentísimo, despacísimo”, recuerda entre risas.
Camioneta de Inter Rapidísimo en sus primeros años. Foto:Inter Rapidísimo
Su primer cliente fue el Diario del Meta. Él mismo Norman repartía cada día de madrugada los periódicos para que llegaran a tiempo a los cientos de suscriptores que había de esquina a esquina de Villavicencio. Sin embargo, no le pagaban con dinero, sino que le dejaban imprimir en una de sus páginas un aviso publicitario donde ofrecía los servicios de su incipiente empresa. “Sus envíos como usted los necesita: Rapidísimo”, se podía leer en ellos.
Era tan veloz con su bicicleta que hasta un día le propusieron convertirse en ciclista profesional, algo que declinó para seguir pedaleando realmente su sueño. “En ese momento estaba la fiebre por Fabio Parra o Lucho Herrera y pese a que me plantearon inscribirme en la Liga de Ciclismo del Meta decidí seguir con mis envíos porque aprendí que cuando uno pedalea con el alma, las ruedas se vuelven alas”, cuenta.
De la bicicleta, pasó a tener una moto gracias a la cual recorría los municipios aledaños como Acacías, San Martín o Granada, entre otros, buscando clientes para entregar sus paquetes a tiempo. “Me hacía cada día más de 200 kilómetros. Me acercaba a todos los empresarios y les preguntaba si necesitaban de mis servicios como mensajero”, menciona. Más tarde, se hizo con una camioneta.
Bogotá se demoró un poco más, pero al final llegó e, incluso, allí se instaló con el tiempo. Muchos de sus clientes le preguntaban cuándo podrían enviar sus paquetes a la capital, así que se animó y empezó a repartir. “Cogíamos los envíos de Villavicencio, los empacábamos y los enviábamos por transportes Arimena”. Allí, recuerda Norman, un socio los recogía en la calle 17 con avenida Caracas y en su carro, el cual era su oficina móvil, los distribuía a través de cuatro mensajeros por toda la ciudad.
Mucho han cambiado las cosas desde esa época. Desde las cartas físicas escritas a mano hasta la mensajería instantánea que nos invade en la actualidad. El gran punto de inflexión, sin duda, admite que fue la pandemia del covid-19 en la que se generó un verdadero boom del comercio electrónico, el cual no ha cesado, y que ha hecho imprescindible el trabajo de las empresas de mensajería urbana como Inter Rapidísimo. “Esa época fue muy dura, pero le permitió a la compañía crecer mucho”, asegura.
Al echar la vista atrás, afirma que tal vez su clave del éxito ha sido poder conectar siempre a las regiones más apartadas del país. Desde las ciudades hasta las veredas y corregimientos. Nunca le importó recibir grandes ganancias, sino simplemente llegar a todos los municipios y que todo el mundo estuviera conectado. “Lo que se vendiera en las grandes ciudades compensaba con lo poco que se sacaba de los municipios, pero siempre había que llegar para que la gente no se quedara sin servicio”, cuenta.
Norman Chaparro, fundador de Inter Rapidísimo, con su bicicleta. Foto:Sergio Medina. El Tiempo
Durante todos estos años, no ha estado exento de los grandes retos estructurales que vive desde hace años el país como la inseguridad o la extorsión en las calles, pero ha sabido levantarse con fuerza y seguir siempre soñando, afirma. “Me he caído muchas veces, pero no me he quedado ahí”, termina.
Fue en el 2023 cuando todo el esfuerzo se vio compensado. Ese año, Inter Rapidísimo se posicionó por primera vez como la empresa de mensajería con mayor volumen de envíos en el país, algo que no ha cambiado desde esa fecha. Según el último reporte del sector postal entregado por el Ministerio de las TIC, la compañía movilizó 13,6 millones de envíos en el tercer trimestre del 2025, lo que la sigue ubicando en el puesto número uno. Además, en ese periodo obtuvo unos ingresos de 237.789 millones de pesos.
En la actualidad, cuenta con una flota de más de 1.600 camiones y 10.000 mensajeros que trabajan cada día para llevar todos los paquetes a su destino. Además, con el objetivo de seguir creciendo la compañía está adelantando un plan de expansión que incluye la construcción de una nueva bodega en la capital, con una inversión de unos 100 millones de dólares. “Tenemos 10 bodegas en diferentes zonas de Bogotá y el año pasado enviamos más de 60 millones de envíos. Vamos por tierra, aire e incluso por agua, pues hay municipios a los que solo se puede llegar así”, cuenta Norman.
Camión actual de Inter Rapidísimo. Foto:Cortesía
Igualmente, afirma que en este momento están enfocados en avanzar cada vez más en tecnología e incluso han hecho pruebas en La Guajira y el Amazonas para poder entregar con drones. También han puesto sobre la mesa poder llegar algún día a salir a bolsa. “Estamos apostando a la automatización y a ser cada vez más grandes”, confiesa, al tiempo que dice que el año pasado Inter Rapidísimo inauguró junto con la Alcaldía de Bogotá la primera ‘calle del mensajero’ del país, ubicada en la calle 120 con carrera 6.ª, en la localidad de Usaquén.
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