Colombia
La vida del sobrino nieto de Pablo Escobar y el reto de llevar el apellido más temido de Colombia
Han transcurrido 32 años desde la muerte de Pablo Escobar en el barrio Los Olivos de Medellín, y desde entonces, la información sobre la mayoría de sus familiares ha sido escasa.
En cuanto a su núcleo familiar inmediato, se sabe que su esposa e hijos se trasladaron a Argentina, donde permanecieron apartados del ojo público durante años, hasta que se descubrió que habían cambiado sus identidades y decidieron reaparecer.
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Victoria Henao y Juan Pablo Escobar (la esposa y el hijo mayor del narcotraficante) se dedican a escribir libros y ofrecer conferencias sobre su historia familiar; mientras que la hija del capó ha optado por llevar una vida privada.
En Colombia, han surgido varios escándalos relacionados con Roberto Escobar “El Osito”, el hermano mayor de Pablo Escobar, vinculado a redes que estafaron a interesados en productos de la marca Escobar Inc. En cambio, el resto de la familia del líder del cartel de Medellín ha permanecido al márgenes de esos conflictos.
Aunque parece inusual que un miembro de la familia Escobar decida hablar públicamente, en conversación con Infobae Colombia, Daniel Escobar, sobrino nieto de Pablo Escobar, decidió relatar aspectos de su vida cotidiana.
“Tengo 32 años, soy el propietario de la última caleta de Pablo Escobar ubicada en el centro turístico La Piedra del Peñol y de la antigua casa familiar de los Escobar situada en el embalse del Peñol, frente a la cruz del antiguo pueblo inundado y la finca La Manuela, que es de la familia Escobar pero actualmente en manos del Gobierno. Mi vida se dedica a que las personas conozcan un poco nuestra historia desde nuestra perspectiva familiar”.
En esa línea, Daniel Escobar expresó que está comprometido a recuperar lo que considera le pertenece a su familia.
“Respecto a La Manuela, no busco recuperar la propiedad, pero no hemos renunciado a lo que el Gobierno tomó; mi objetivo es recuperar tanto como me sea posible de mi familia.”
Aunque no recuerda la muerte de Pablo Escobar, para Daniel ese evento transformó por completo su vida, mantenido alejado de la sociedad para evitar posibles repercusiones o ataques.
“Tenía solo tres meses de edad cuando ocurrió su fallecimiento. Desde entonces, hemos estado en un constante estado de persecución y de privacidad familiar debido a la desconfianza hacia los demás. Sigo sintiendo que debo mantenerme alejado de las personas, siempre con cautela y reserva.”
Para Daniel, la vida en el anonimato no es algo extraño, sino una costumbre arraigada desde su niñez.
“Mi infancia estuvo marcada por un distanciamiento de gran parte de la sociedad, una medida de protección impuesta por nuestra familia. Siempre nos enseñaron a comportarnos de manera que pudiéramos protegernos a nosotros mismos. No es ningún secreto que, en cierto momento, no pudimos revelar quiénes éramos, y vivimos en el anonimato.”
Al reflexionar sobre su trayectoria, Daniel Escobar afirmó que él y su familia se vieron forzados a crear proyectos y negocios, ya que encontrar un trabajo convencional era muy complicado por llevar el apellido Escobar.
“Considero que las etiquetas solo nos han motivado a crecer como personas, a generar empleo para quienes trabajaron con mi tío abuelo, mi abuelo y mi padre. Esos estigmas me llevaron a emprender, y hoy tengo la oportunidad de crear puestos de trabajo y contar con mis propios ingresos.”
Daniel admitió que vivir con los prejuicios que la gente asocia a su familia no ha sido sencillo; sin embargo, destacó que siempre se ha sentido orgulloso de su apellido.
“Esta narrativa ha estado dividida, es una historia de amores y rencores. San Pablo o el Robin Hood colombiano, y para otros, lo que todos sabemos. Nunca evito admitir que soy el sobrino de Pablo Escobar o el hijo de Nicolás Escobar; me siento sumamente orgulloso de ser parte de la familia Escobar.”
