Los flujos de remesas enviadas por trabajadores colombianos en el exterior mantienen un comportamiento récord en 2025. Solo en noviembre ingresaron al país 1.070,69 millones de dólares, un crecimiento nominal de 3,6 por ciento frente a los 1.033 millones registrados en el mismo mes de 2024, según las estadísticas recientes del Banco de la República.
Con este resultado, entre enero y noviembre las remesas acumuladas alcanzaron los 11.924,8 millones de dólares, una cifra que no solo supera los 10.749,8 millones reportados en el mismo periodo del año pasado, sino que también deja atrás el total recibido durante todo 2024, cuando estos recursos sumaron 11.848,2 millones. En la práctica, el país ya rompió su propio récord histórico sin haber cerrado aún el año.
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Este desempeño confirma el peso creciente de las remesas como fuente estructural de ingresos externos para la economía colombiana, al nivel de otros renglones clave como las exportaciones de bienes y algunos servicios. No obstante, el impacto real sobre los hogares beneficiarios ha sido menor al esperado por un factor determinante: la caída del precio del dólar.
En lo corrido de 2025, la tasa de cambio ha retrocedido más de 700 pesos frente al nivel con el que inició el año. Al cierre de la jornada cambiaria de hoy 30 de diciembre, la divisa estadounidense se negoció en promedio sobre los 7.543 pesos.
Esto implica que, aunque las familias reciben más dólares desde el exterior, al momento de cambiarlos a pesos obtienen un monto menor al que recibían a comienzos de año (4.409,15 pesos) o incluso en 2024, cuando la tasa de cambio promedio fue de 4.072,6 pesos. Para muchos hogares, el récord en dólares no se traduce necesariamente en un alivio proporcional en su capacidad de gasto.
La mayor parte de las remesas se destina a gastos básicos, como alimentación y arriendo. Foto:EFE
Uso de las remesas
Estados Unidos continúa siendo el principal origen de las remesas que llegan a Colombia, concentrando la mayor parte de los envíos, seguido por países como España, Chile, Reino Unido y Canadá, donde reside una parte importante de la diáspora colombiana. La diversificación geográfica de estos flujos ha contribuido a su estabilidad, incluso en contextos de desaceleración económica en algunos mercados laborales.
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En cuanto al uso de estos recursos, los estudios del Banco de la República y de otros centros de análisis coinciden en que la mayor parte de las remesas se destina a gastos básicos de los hogares, como alimentación, arriendo, servicios públicos y educación. En menor proporción, estos ingresos también apoyan el pago de deudas, gastos en salud y, en algunos casos, pequeñas inversiones familiares.
Desde el punto de vista macroeconómico, el aumento de las remesas ha ayudado a amortiguar el déficit de cuenta corriente y a sostener el consumo de los hogares en regiones altamente dependientes de estos recursos, advierten algunos analista. Sin embargo, la apreciación del peso limita su efecto expansivo sobre la demanda interna y reduce el ingreso disponible medido en moneda local.
Hacia el cierre de 2025, todo apunta a que las remesas volverán a marcar un máximo histórico. Algunas proyecciones apuntan a que se pueden acercar a los 14.000 millones de dólares, incluso.
El reto, advierten analistas, será evaluar hasta qué punto estos mayores flujos logran compensar la pérdida de poder adquisitivo derivada de un dólar más barato y cómo inciden, en conjunto, sobre el consumo y la dinámica económica regional en 2026.

