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lo que el fracaso de Disney con Mulán nos enseñó en 2020

La compra de Warner por parte de Netflix reabre el debate acerca de las ventanas de exhibición de las películas. El negocio primario (audiovisual) de Warner ha estado centrado en los estrenos en cines mientras que el de Netflix es el streaming. Solo se apoya en estrenos limitados de dos semanas de recorrido cuando quiere pujar por premios y por estricta necesidad, así que el debate está servido: ¿qué va a pasar ahora con las licencias de Warner?
Reproducir el modelo actual se antoja imposible, acogerse a las restricciones de la gran N roja, un suicidio comercial. Es el momento de recordar que hicieron otros antes y por qué fracasaron… si queremos encontrar una fórmula beneficiosa para todas las partes.
La pandemia de COVID de 2020 nos trajo muchos sinsabores pero, particularmente para los cines fue devastador hasta que nos acogimos masivamente a la máxima de #YoVoyAlCine cuando reabrieron y se hubo demostrado que no había riesgo de contagios siguiendo unas indicaciones básicas. Pero lo inusual de la situación también se convirtió en caldo de cultivo para la experimentación. ¿Por qué no intentar rentabilizar las películas de otra manera, aprovechando a la audiencia cautiva y la incesante búsqueda de novedades?
El rediseño del formato de lanzamiento fue mutando de película en película: Disney Plus lanzó la cinta de acción real de Mulán directamente en su plataforma a través de un servicio adicional llamado “Acceso Premium” (Premier Access), que tuvo un coste de 21,99 euros. Se estima que pagaron por ver la película aproximadamente 9 millones de hogares en EE. UU. en los primeros nueve días desde su lanzamiento (del 4 al 12 de septiembre de 2020) generando unos 220 millones de ingresos. Esto representó cerca del 29% de los suscriptores estadounidenses de la plataforma en ese momento. En España, no tenemos datos en los que apoyarnos: la compañía optó por no desglosar las cifras de rendimiento en mercados individuales dejando entrever que no fue la mejor idea del mundo.
De hecho, la siguiente en llegar, Soul, en diciembre de 2020 lo hizo sin coste adicional, como parte de las suscripción estándar.
Pero Disney no desechó su servicio “Acceso Premium” tan rápido: en 2021 seguiría apostando por ofrecer a los suscriptores ver los estrenos cinematográficos desde casa pagando un coste adicional al de la suscripción habitual aunque a veces fueran estrenos híbridos simultáneos en cine y plataforma.
Fue el caso de Raya y el último dragón, la versión en acción real de Cruella protagonizada por Emma Stone, Viuda Negra y Jungle Cruise.
Todas ellas pasaron a estar disponibles para todos los suscriptores de Disney Plus sin coste adicional tras unos meses. Pero sea como fuere, no prosperó la idea mucho más allá. Sencillamente, los suscriptores no debieron refrendar el plan, amén del via crucis que supuso para los creadores, especialmente los de Pixar, que se lamentaban amargamente de que sus películas no pasaran por la pantalla grande, el lugar para el cual habían sido concebidas en primera instancia. Luca en 2021 o Lightyear y Red, ya en 2022, no pasarían por cines y llegarían directamente al streaming sin costes extra en esta ocasión.
Desde 2024 y tras tener de uñas al gremio de los exhibidores durante varios años consecutivos, Disney revirtió su política de los estrenos directos a plataforma priorizando los estrenos en cines para sus grandes producciones animadas y de Marvel, como Del revés 2 y Deadpool y Lobezno que, por cierto, fueron pelotazos de taquilla. La mayoría de las películas que llegaron a Disney Plus fueron documentales, conciertos o series limitadas presentadas como películas originales de la plataforma.
No hay nada escrito en piedra, pero no está de más aprender del pasado. Puede que la opción más sensata no sea la que se baraja de que todas las películas que estrene Netflix tengan una miniventana de 17 días antes de pasar a formar parte de su catálogo porque esto mataría el cine. Lo mismo lo suyo es tener un sistema de ventanas flexible en función de cada título, su proyección de taquilla y su recepción por parte del público.
Con tanta tecnología como la que nos asiste a día de hoy no debería ser difícil identificar unos marcadores y definir los parámetros para garantizar un mejor rendimiento de un modo u otro. ¿Cuántas veces habéis pensado que os habría gustado ver una película en pantalla grande y que por el contrario hay otras que inexplicablemente solo se quedan en el circuito de los cines con una vida muy corta?







