El dólar ha vuelto a ser el centro de atención en Colombia. En una semana en la que se anticipaba total tranquilidad en el mercado, la tasa de cambio sorprendió al transaccionarse incluso por debajo de los 3.700 pesos —el jueves se registraron mínimos intradía de 3.760,93 pesos—, niveles que no se habían visto desde mediados de junio de 2021. La notable disminución de la divisa estadounidense y la rápida valorización del peso encendieron un debate que, en gran parte, se centró en las significativas entradas de dólares provenientes de recientes operaciones de gestión de deuda del Ministerio de Hacienda.
Estas gestiones, llevadas a cabo por la Dirección de Crédito Público, permitieron la llegada de entre 4.233 millones y 5.300 millones de dólares. En un mercado tan susceptible a la liquidez como el colombiano, un flujo de tal magnitud ocasiona efectos inmediatos, como quedó demostrado esta semana. Sin embargo, los expertos coinciden en que esta no es una narrativa lineal. Aunque la causa principal del fenómeno radica en los movimientos globales —especialmente los de Estados Unidos—, una parte crucial de la explicación sigue perteneciendo a Colombia.
LEA TAMBIÉN
“Esa cifra, en menos de un mes, ha tenido un impacto muy significativo en la tasa de cambio. Al comparar el peso colombiano con otras divisas del mundo durante este mismo periodo, claramente el peso evidencia el rendimiento más destacado. No es casualidad”, asegura Camilo Pérez, director de Investigaciones del Banco de Bogotá. Indica que no solo se trata de las monetizaciones, sino también de las proyecciones: en el mercado se percibe un creciente alboroto sobre una posible emisión de bonos en euros por parte del Gobierno, cuyos fondos —si se concreta— también podrían ingresar al país.
En una entrevista reciente con EL TIEMPO, Javier Andrés Cuéllar, director de Crédito Público, explicó que la meta del Gobierno “es continuar reemplazando deuda costosa en dólares por deuda más asequible en euros” y que por lo tanto se está considerando “realizar una nueva emisión en euros. Aún no hemos establecido los tramos ni los plazos, pero la intención es emitir tres títulos en años donde actualmente no existen bonos en esa moneda”.
Con este contexto, el peso colombiano se posiciona como la moneda más revaluada de América en lo que va del año y una de las que más avance ha logrado frente al dólar a nivel global. La valorización alcanza el 14,72 por ciento, ligeramente por encima del real brasileño, que sube 14,36 por ciento, según el portal tradingeconomics.com.
Cóctel de factores
A pesar de que el dólar rebotó levemente al finalizar la semana —aumentó 1,2 por ciento en relación con el valor oficial del viernes, dejando la TRM hasta el martes en 3.764,77 pesos—, la realidad es que el mercado cambiario venía con una tendencia decreciente desde septiembre. La diferencia es que el peso ha tomado la delantera entre todas las divisas emergentes, superando la barrera de los 3.700 pesos, un nivel que hace apenas dos meses parecía inalcanzable.
Para ciertos analistas, la descenso del dólar era una cuestión de tiempo. Para otros, llegó demasiado pronto. Sin embargo, el consenso indica que este movimiento tiene más de un motor detrás. Además de la presión de las monetizaciones estatales, existen otros factores locales que contribuyen a aclarar el repunte del peso.
LEA TAMBIÉN

Felipe Campos, director de investigaciones del Grupo Alianza, sitúa a Colombia y Brasil en el centro del escenario, con sus divisas liderando las valorizaciones regionales —aproximadamente el 15 por ciento—. Ambos países comparten tasas de interés internas elevadas y contextos fiscales e inflacionarios desafiantes, con un IPC superior al 5 por ciento. Ese cóctel hace que sus economías sean atractivas para inversores en búsqueda de altos retornos frente a tasas globales más bajas.
Campos añade a la ecuación un elemento político que, según él, también ha incrementado el atractivo de los activos colombianos: “Incluso cuando han existido choques directos entre (Gustavo) Petro y (Donald) Trump, los activos colombianos se han revalorizado”. El mercado, agrega, está anticipando que el próximo gobierno será más moderado y envía señales positivas hacia la inversión y la responsabilidad fiscal, especialmente en lo concerniente a petróleo y transición energética.
Presión global
En el ámbito internacional, la debilidad del dólar ha sido un factor crucial. La economía estadounidense presenta señales mixtas en su mercado laboral, incertidumbres sobre la trayectoria de la inflación y un ciclo de recortes de tasas por parte de la Reserva Federal. Este conjunto de indicadores ha debilitado al billete verde.
Laura Clavijo, jefa de Investigaciones de Bancolombia, lo resume así: “Hay un debilitamiento del dólar a nivel global. La economía estadounidense exhibe señales de enfriamiento, y la política arancelaria ha generado riesgos inflacionarios. Ese dólar fuerte que existía anteriormente ya no está, y la tendencia podría perdurar un tiempo más.”
A esto se suma lo que algunos analistas llaman el “súper ciclo” de mercados emergentes: capitales internacionales en busca de mayor rentabilidad,
tarifas atractivas en materias primas y el estímulo adicional de las remesas —que este año podrían sobrepasar los 13.000 millones de dólares—. Con este escenario, Colombia se posicionó de manera notable en el radar, y el peso ha sido el receptor principal.
“Hasta septiembre, el dólar mundial justificaba todo. Luego, Latinoamérica continuó apreciándose, pero el dólar global se estabilizó”, menciona nuevamente Campos. Para él, “el rumbo es hacia los 3.500 pesos, pero no en este instante. Nos adelantamos. Con elecciones en Chile y encuestas internas próximas, el ruido podría hacer que se pierda algo de terreno”.
¿Hasta cuándo?
Si la notable entrada de dólares robusteció al peso, su salida podría ocasionar el efecto contrario. Andrés Langebaeck, director de Estudios Económicos del Grupo Bolívar, alerta: “Este flujo de dólares no es sostenido. En algún momento, el Gobierno tendrá que adquirir dólares para saldar deuda externa. Cuando eso ocurra, observaremos la tendencia inversa”.
Esa futura necesidad de dólares podría coincidir con periodos de inestabilidad política o económica, acentuando el movimiento ascendente del tipo de cambio. Por ello, algunos especialistas consideran que la tasa actual está por debajo de lo que indican los fundamentos.
Hay sectores que solicitan que el dólar regrese a niveles de $ 4.000 para mitigar sus preocupaciones. Foto:iStock
Clavijo es contundente: “Los niveles por debajo de los 3.700 pesos están alejados de la tasa de cambio que consideramos justa, que estimamos alrededor de los 4.000 pesos. Hay espacio para una corrección”.
Gran parte de ese posible repunte depende de tres factores: que se interrumpan las monetizaciones públicas; que el dólar global recupere su fuerza (por ejemplo, con incrementos de tasas de la Fed o mayor aversión al riesgo), o que aparezcan factores de inestabilidad interna, como tensiones políticas, reformas fiscales o cambios en la estrategia de deuda pública.
En medio de esta tormenta cambiaria, hay quienes están saliendo favorecidos, pero también otros que piden que el dólar regrese a niveles de 4.000 pesos para aliviar sus inquietudes actuales.
Y mientras el dólar disminuye, algunos sectores celebran y otros experimentan el impacto.
Entre los beneficiarios están los consumidores, ya que un dólar más bajo reduce el costo de las importaciones y podría disminuir la inflación de productos que dependen del mercado internacional: tecnología, combustibles y bienes intermedios. También se benefician las empresas que adquieren insumos en el exterior, quienes tienen deudas en dólares y los inversores que han apostado por activos en pesos.
Por otro lado, están los exportadores y compañías que generan ingresos en dólares, para quienes la conversión a pesos se ha vuelto menos favorable. También afecta al turismo emisivo y a los receptores de remesas: aunque el impacto no es considerable, un dólar más barato resulta en menos pesos por cada envío. Igualmente sufren quienes no adaptaron su estructura de costos o sus coberturas frente a una apreciación tan rápida.
Cierre del año
Los analistas coinciden en que, a pesar de que el nivel actual es destacable, no necesariamente se mantendrá sin ajustes.
César Pabón, director sénior de Investigaciones Económicas en Corficolombiana, anticipa que la monetización seguirá siendo el aspecto predominante en el corto plazo.
Analistas coinciden en que, aunque el nivel actual es atractivo, no se sostendrá sin ajustes. Foto:Sergio Acero Yate
Camilo Pérez, del Banco de Bogotá, opina que las políticas del sector público podrían seguir alimentando la apreciación, aunque advierte que la tendencia depende de que los flujos se mantengan.
Langebaeck, de Grupo Bolívar, reafirma que el flujo positivo es temporal y que podría revertirse cuando el Gobierno vuelva a adquirir dólares.
Clavijo, de Bancolombia, estima que la tasa “justa” rondaría los 4.000 pesos; Campos, de Alianza, considera el nivel de 3.700 pesos como plausible, pero cree que los ruidos políticos podrían inducir un repunte, mientras que los analistas de Credicorp Capital proyectan un rango de entre 4.000 y 4.050 pesos hacia el final de 2025.

