Tecnologia
Más ágil y natural que muchos conductores humanos.
Sentado en el asiento del copiloto, la sensación resulta difícil de describir con palabras. Frente a nosotros, el Volante gira solo, los intermitentes se activan con precisión milimétrica. y el coche se integra en el tráfico con una naturalidad desconcertante. Aún así, un conductor de tesla nos acompaña durante esta prueba que 20Minutos ha podido hacer en primicia y permanece atengo al volante, con las manos muy cerca, preparado para intervenir si fuese necesario. Porque conviene recordarlo: el sistema Full Self-Driving (Supervisado) es un asistente avanzado, pero, como su propio nombre indica, es supervisado en todo momento por una persona, que sigue siendo legalmente responsable de la conducción.
Lo sorprendente no es lo que hace, sino el cómo lo hace.
Durante el recorrido, el vehículo enfrenta con soltura situaciones complejas del tráfico urbano. Cruces, giros cerrados y rotondas dejan de ser obstáculos y pasan a formar parte de un flujo continuo, sin movimientos bruscos ni decisiones erráticas. Lejos de comportarse como una máquina indecisa, el sistema calcula con precisión los espacios disponibles y se incorpora al tráfico con agilidad, sin esperar huecos excesivamente amplios, pero siempre con seguridad. La sensación es inequívoca: no parece un algoritmo ejecutando órdenes, sino un conductor experimentado al volante. De verdad, es muy sorprendente porque nunca he visto un sistema que replica tan bien la conducción real en las calles.
Esa naturalidad también se percibe en los pequeños detalles. Durante la prueba, el vehículo esquivó varias ramas caídas sobre la calzada, arrastradas por el viento de los últimos temporales, y evitó baches sin necesidad de intervención humana. Redujo la velocidad en badenes, mantuvo siempre una trayectoria limpia y señalizó cada maniobra correctamente. Todo ello de forma fluida, sin brusquedad ni correcciones en el volante ni sensación de ir ‘rebotando’ entre las líneas de los carriles. La conclusión resulta casi inevitable: su forma de conducir es más suave, más eficiente y, en muchos casos, más refinada que la de numerosos conductores humanos.
Esta tecnología forma parte de la estrategia de Tesla para avanzar hacia un modelo de transporte más seguro, accesible y sostenible. La compañía lleva más de una década desarrollando sistemas de asistencia a la conducción, desde la introducción del Piloto automático en 2014. Los datos respaldan su evolución: en el primer trimestre de 2025, los conductores que utilizaban el Piloto automático tenían diez veces menos probabilidades de sufrir un accidente que el promedio.
el Conducción totalmente autónoma (supervisada) representa el siguiente paso. Desde su despliegue inicial en 2021, la flota global de Tesla ha recorrido más de 11.000 millones de kilómetros utilizando este sistema, de los cuales 3.480 millones corresponden sólo a 2024. Este volumen de datos resulta clave, ya que el sistema se entrena con situaciones reales captadas por más de nueve millones de vehículos en todo el mundo. En comparación, un conductor medio necesitaría 50 años para recorrer unos 800.000 kilómetros; la flota de Tesla cubre esa distancia cada tres minutos y medio.
A diferencia de otros enfoques, Tesla apuesta por una arquitectura basada exclusivamente en visión, utilizando cámaras y redes neuronales que interpretan el entorno de forma similar a lo que hace el cerebro humano. Esto permite prescindir de sensores complejos o mapas de alta definición, facilitando un despliegue más escalable y adaptable a diferentes países y condiciones de tráfico.
Durante las pruebas realizadas en europael sistema ha demostrado su capacidad para desenvolverse en entornos especialmente exigentes, desde las calles estrechas de Ámsterdam hasta el tráfico caótico de Roma o las complejas rotondas de París y Londres. En Madrid, el vehículo ha circulado por zonas emblemáticas como la Puerta de Alcalá o la Fuente de Cibeles, adaptándose al ritmo cambiante del tráfico urbano.
Por ahora, el sistema sigue requiriendo supervisión humana y su lanzamiento en Europa está pendiente de aprobación regulatoria, prevista para comienzos de este 2026. Pero tras experimentar de primera mano cómo se mueve en el mundo real, nos queda claro que el futuro de la conducción autónoma ya no es una promesa lejana. Está aquí. Y, sorprendentemente, conduce como si siempre hubiera formado parte de nuestras carreteras.
