Colombia
Misterio en Santa María por un hombre baleado y lanzado desde un vehículo: tenía las manos atadas y se desconoce su identidad

Heno zozobra en el barrio Santa María después del ruido seco, un frenazo breve y el desconcierto de quienes alcanzaron a mirar hacia la calle 79 con carrera 3B sur el sábado 3 de enero. Un automóvil gris se detuvo apenas un instante y desde su interior fue arrojado un hombre, maniatado con bridas plásticas y herido de bala. Hubo gritos. Hubo carreras. Y hubo manos que, en medio del susto, se atrevieron a quitarle las ataduras para ver si aún respiraba.
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Los testimonios coinciden en la hora aproximada: hacia las 3:00 p.m. metro. del sábado 3 de enero. El vehículo —gris, de modelo indeterminado— se detuvo brevemente y, como si se tratara de una operación calculada, dejó caer el cuerpo para luego huir con rapidez. Al acercarse, los vecinos vieron las manos amarradas con novias y dos impactos de bala: uno en el maxilar superior derecho y otro en el glúteo, además de señales visibles de sometimiento. No había documentos, no había teléfono, no había nada que diera una pista inmediata sobre su identidad.
Entrada al barrio Santa María, Barranquilla, sobre el lado de la circunvalar. Foto:mapas de google
Quienes estaban cerca improvisaron un cordón humano para proteger el lugar mientras otros intentaban auxiliar al herido. La decisión de retirar las ataduras no fue un acto temerario: fue el reflejo de una esperanza mínima, la misma que los convenció de llevar por cuenta propia al centro asistencial más cercano. Allí ingresó en estado crítico; respiraba con dificultad y, en congruencia con las heridas, los médicos confirmaron minutos después lo inevitable: estaba muerto. Hasta hoy, nadie sabe quién era.
La escena no tardó en correr por redes, multiplicada por relatos que comparten el estupor y la angustia de quienes vieron el abandono en plena vía. En el barrio, donde rara vez la rutina se detiene, se instaló una sensación de desconcierto: ¿Quién era ese hombre?, ¿por qué lo dejaron allí?, ¿Quiénes iban en el carro? La Policía Metropolitana de Barranquilla acordonó el sector, y el CTI de la Fiscalía consideró la recolección de evidencias balísticas, la revisión de cámaras públicas y privadas, y la toma de testimonios para reconstruir el recorrido del vehículo. La comunidad, entre tanto, pidió patrullajes y presencia institucional en puntos de baja iluminación de este. barrio al pie de la Circunvalar.
La muerte del hombre se confirma en el centro asistencial. Foto:mapas de google
Mientras el dolor y la incertidumbre crecían, EL TIEMPO consultó a autoridades y a la Policía sobre el avance de la investigación y el estado de identificación de la víctima. Hasta el cierre de esta edición, el nombre del fallecido no ha sido establecido: no portaba documentos y los cotejos con bases de desaparecidos siguen en proceso, de acuerdo con los informes preliminares de medios que han cubierto el caso y la información verificada con fuentes oficiales.
Un rompecabezas con piezas en movimiento.
El vacío de identidad es, por ahora, el centro del misterio. La ausencia de documentos complica el rastreo, y aunque los análisis dactilares suelen arrojar resultados en el corto plazo, todo depende de la calidad de los registros y de si existen informes recientes de personas desaparecidas con características compatibles. Las autoridades han sido prudentes: no se especula sobre perfil socioeconómico, ocupación o procedencia; una atribución falsa podría contaminar el proceso. Para la comunidad, la duda duele doble: no saber quién murió y no saber por qué.
El vacío de identidad es el centro del misterio. Foto:mapas de google
Las hipótesis preliminares hablan deliberadamente de un posible ajuste de cuentas o represalias enmarcadas en disputas criminales. El patrón —golpes, novias, impactos de bala, abandono en vía pública— sugiere planeación y, probablemente, mensaje. Nada de esto, sin embargo, será definitivo hasta que se identifique a la víctima. y se empalmen fechas, lugares y vínculos con otras investigaciones. Los investigadores apelan a no descartar líneas de trabajo hasta que la prueba técnica y testimonial las confirme o descarte con rigor.
Para Barranquilla, el caso ocurre en una coyuntura compleja para la seguridad del área metropolitana. Pese a descensos recientes en indicadores de homicidio en periodos específicos, se mantienen modalidades violentas que la ciudad conoce demasiado bien: el sicariato, las retaliaciones y los abandonos de cuerpos con un brutal sello criminal.
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Mientras tanto, en Santa María persiste un silencio atento. Cada vecino que estuvo allí, recuerda las manos atadas, la respiración afilada y el apuro por hacerlo vivir. Una y otra vez, la pregunta vuelve: ¿Quién era? La respuesta y la investigación siguen en curso.
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