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Economia

La desoladora rutina de nuestra asombrosa indiferencia

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Hace muchos años escuché a un orador en una conferencia sobre Colombia, mencionando que el país enfrentaba una triste inhabilidad para maravillarse, ya que los acontecimientos que ocurren a veces parecen de otro mundo y pocos temas son dignos de nuestra atención. Es como un multiverso donde sucede de todo, nos alejamos de todo, pero normalizamos situaciones que realmente deberían al menos provocar un comentario.

Por ejemplo, el asesinato de Sara Millerey la semana pasada pasó desapercibido. Sara era una mujer y activista trans de 32 años que residía en Bello, Antioquia. Su muerte fue brutal. Tras causarle fracturas, fue arrojada a una quebrada para que agonizara y falleciera. Nadie la socorrió. Sara murió sufriendo solo por ser diferente y aceptarlo. Esto no debería ser considerado normal.

Según la Defensoría del Pueblo en Colombia, hasta octubre de 2024 se contabilizaron 745 feminicidios, lo que representa un incremento del 26 % en comparación con el año anterior.

Se reportaron además 76 masacres, con un total de 267 víctimas. Sin embargo, muchas veces ni siquiera los mencionamos ni los tomamos en consideración, pues nuevamente hemos normalizado que todo suceda, que la violencia exista, que asesinen mujeres, campesinos y personas “diferentes” como Sara.

Algunos pueden preguntarse por qué estoy abordando este tema hoy, y les comento que no es la primera vez que lo hago. Hemos normalizado la violencia, el abuso, el odio y simplemente actuamos como si no pasara nada. Pero sí ocurre. Y debemos hacer algo desde el lugar en el que podamos, ser un buen líder no solo implica obtener resultados financieros o personales.

Entiendo que podemos pensar que en las ciudades principales, o en las burbujas en las que algunos vivimos, estamos seguros (lo cual no es del todo cierto), pero es necesario crear conciencia y provocar un poco de cambio. Y esto me ocurrió esta semana cuando un amigo me invitó a escribir sobre Sara.

No la conocía, pero su muerte me impactó, porque ha vivido el acoso a lo largo de toda su vida por pertenecer a una comunidad que aún es objeto de discriminación. Si bien han habido cambios, no se puede simplemente pasar la página sobre lo que sucedió con Sara.

No se trata solo de su brutal asesinato. Es la indiferencia de aquellos que pudieron ayudarla y no lo hicieron, así como de todos los que ni siquiera se interesaron por la noticia y continuaron su camino sin reflexionar un poco más sobre la profundidad de lo que ocurre en una sociedad tan intolerante.

De acuerdo con la Defensoría del Pueblo, hasta abril de 2025 se han reportado 13 casos. Desafortunadamente, no existen estadísticas oficiales sobre estos crímenes contra personas trans debido a un alto subregistro, ya que las víctimas podrían atravesar un proceso de negación de su identidad.

Deseo fomentar una breve reflexión sobre qué estamos haciendo para educar mejores hijos, generar mejores encuentros en los que podemos hacerlo, respetar la diversidad, detenernos y tomar aire para comprender que los “raros” no son los demás. Quizá somos nosotros los inusuales.

Desde donde estamos, podemos generar cambios. Elegir buenos líderes es uno de ellos. No tolerar el abuso, ni siquiera en redes, y definitivamente escucharnos mejor como sociedad. En ocasiones, comprendemos muy bien a las nuevas generaciones cuando prefieren tener mascotas en lugar de traer hijos a un mundo que está patas arriba.

No quiero ser pesimista, porque siempre veo una luz donde otros no. Pero, al menos, deseo un momento de silencio para que tantos asesinatos, abusos e indiferencia no pasen desapercibidos. Si eres un líder con el corazón dispuesto para reflexionar, seguramente has llegado hasta aquí. No quiero perder la fe en la humanidad.

“Un corazón cerrado, un corazón blindado, no tiene capacidad para asombrarse”, papa Francisco.

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