Colombia
Penitentes de Santo Tomás: la tradición de 250 años que persiste en el Atlántico

Los penitentes de Santo Tomás recorren entre dos y dos kilómetros y medio cada Viernes Santo en una ruta que conecta la Ciénaga de Las Palomas con un punto conocido como la Cruz Vieja, cumpliendo mandas religiosas que han persistido pese a intentos históricos de prohibición. Esta práctica combina autoflagelación, carga ritual de cruces y sacrificio físico como expresión autónoma de religiosidad popular fuera de la liturgia oficial católica.
¿Qué son exactamente los penitentes de Santo Tomás?
Los penitentes de Santo Tomás son devotos que realizan actos de penitencia pública como cumplimiento de promesas formuladas en situaciones críticas, como enfermedades graves o accidentes severos. La práctica se documenta desde 1773 en este municipio del Atlántico, lo que la convierte en una tradición con más de 250 años de continuidad en la región caribeña colombiana.
Una manda es la promesa central del ritual: cuando una persona enfrenta una situación percibida como amenazante para la vida, solicita ayuda divina comprometiéndose a realizar una penitencia específica. Si el favor es concedido —cuando mejora o sobrevive—, la promesa se transforma en obligación pública que puede durar dos, tres, siete, diez años o de por vida.
Historia y resistencia de la tradición centenaria
Los penitentes de Santo Tomás tienen origen en el siglo XVIII, cuando rituales penitenciales de raíz medieval europea se incorporaron a los procesos de evangelización popular en el Caribe colombiano. Hace aproximadamente 80 años, un sacerdote intentó erradicar la práctica considerándola incompatible con la doctrina católica contemporánea, pero la iniciativa fracasó debido al respaldo comunitario.
Según Vatican News, la Iglesia Católica ha reiterado que la penitencia cristiana no debe implicar daño físico. Sin embargo, actualmente la institución no promueve ni acompaña oficialmente esta manifestación, aunque tampoco existe una prohibición activa que la impida.
Los penitentes de Santo Tomás se clasifican en tres tipos principales según el nivel de sacrificio físico involucrado:
Flagelantes: quienes se autolesionan hasta sangrarse, generalmente acompañados de alguien que rocía alcohol en sus heridas.
Portadores de cruces: devotos que cargan cruces de madera a lo largo de la ruta de penitencia.
Ayunadores y descalzos: quienes cumplen la manda mediante restricciones alimentarias o caminatas sin protección en los pies.
La ruta ritual continúa por la vía urbana conocida como la Calle de la Amargura, donde cientos de espectadores presencian el ritual que convive con comercio informal, consolidando este acto como expresión visible de fe en la comunidad atlántica.
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