Colombia
por 60 años ha encendido las velitas y el inicio de la Navidad


Niños encendiendo las primeras velas del 7 de diciembre, tradición que marca el comienzo emocional de la temporada en el Caribe.
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Antes de que el calendario anuncie diciembre, en el Caribe ya hay una señal que despierta terrazas, calles y pueblos enteros: el primer acorde de ‘Las cuatro fiestas’. Desde hace seis décadas, la melodía creada por Adolfo Echeverria abre la Navidad con ese aroma a velas, pólvora y calles vivas que solo aquí se reconoce. Es una canción que hila nostalgia y celebración, y que cada año regresa a unir a la región alrededor de un mismo coro.
La aparición de la obra del maestro Echeverría e interpretada por primera vez por la inolvidable. Nury Borras junto al Cuarteto del Mónaco coincidió con un momento crucial en la vida del compositor. A comienzos de los años sesenta, Echeverría dio un giro radical: abandonó su empleo como vendedor de telas para dedicarse de lleno a la música.

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su esposa, Anastasia Arrietarecuerda que en 1961 decidió arriesgarlo todo y grabar la pieza que ya imaginaba sonando en cada casa barranquillera.
“Él soñaba con un tema que enlazara diciembre y Carnaval, y que recogiera el espíritu de esos meses. La compuso en 1960 y la grabó un año después, pero solo empezó a despegar en 1965”, cuenta Anastasia. El sueño tardó en hacerse realidad, pero cuando ocurrió, se volvió parte del paisaje sonoro de toda la región.
El periodista e investigador de música. Roberto Llanos Rodado señala que se trata de una obra que captura la sensibilidad costeña en su estado más puro. “Es una pieza que dibuja el significado bohemio, rumbero, nostálgico e incluso espiritual de esta festividad, todo enmarcado en el paisaje bucólico de la Barranquilla antigua, cuando dice: “Por la ribera se ven arbustos y cocoteros / y los negros pescadores en canoas vienen ya…”, precisa. En un solo pasaje, la canción logra evocar un territorio y una época.
Un largo y difícil camino al éxito.
Como ocurre con muchos temas que después se vuelven indispensables, el arranque no fue fácil. Tras obtener el acetato, Adolfo inició una peregrinación paciente por las emisoras de Barranquilla, buscando que algun programador creyera en la cancion. La respuesta fue casi siempre negativa. No encajaba en la moda del momento o simplemente no se arriesgaban con un compositor nuevo. Sin embargo, él insistió sin descanso. Volvía a tocar puertas, regresaba con el disco en la mano y repetía su petición con la seguridad de quien reconoce el valor de su obra.
Esa terquedad creadora terminó dando frutos. La melodía se abrió paso entre los oyentes y la ciudad comenzó a adoptarla. No fue un éxito inmediato, pero sí uno profundo: de esos que se quedan en la memoria colectiva sin necesidad de campañas.

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La grabación original también tuvo su historia. Fue realizada en el pequeño estudio del capitán retirado William Molina, con los músicos de la Heladería Mónaco, conocidos como el Cuarteto del Mónaco. Allí se reunió Ángel Monsalvo, Andrés y el Nene García, y Carlos Guardo en los bongós. Ninguno cobró por participar. “Lo hicieron por puro amor a la música”, recuerda Anastasia.
Ese espíritu se siente en cada acorde. Monsalvo, director del cuarteto, cuenta que Adolfo le entregó inicialmente la letra de una cumbia, pero él propuso un giro rítmico inspirado en las procesiones de su niñez. Ese toque íntimo se mezcló con otros dos aportes espontáneos que le dieron carácter definitivo al tema: el clarinete de Álex el Muñecón Acosta, integrante de la orquesta de Pacho Galány la voz cristalina de Nury Borrás, una maestra que había ganado un concurso radial y que transformó cada verso en un gesto de ternura.
“Adolfo decía que nadie interpretaba la canción como él quería, hasta que escuchó a Nury”, relata Anastasia. Monsalvo fue quien le habló de ella y la invitó a grabar. Su intervención fue decisiva: ese “Qué linda la fiesta es, en un 8 de diciembre” Quedó grabado como una de las frases más reconocibles del repertorio navideño en la Costa.
Una caja de música
Aunque Las cuatro fiestas mencionan Velitas, Navidad, Año Nuevo y Carnaval, el público la adoptó sobre todo como el himno del 7 y 8 de diciembre. Esas dos noches, cuando la ciudad se ilumina con devoción y los barrios se llenan de vida, la canción actúa como un llamado afectivo que anuncia el comienzo del mes más esperado del año.
“Entre el 7 y 8 de diciembre la ciudad es una gigantesca caja de música que se estremece en sus cuatro puntos cardinales al compás de esta disco”, afirma Llanos. No es una metáfora exagerada: basta recorrer cualquier barrio del Atlántico, Magdalena o Bolívar para descubrir que, junto a las velas, siempre hay un parlante recordando el clásico.

Los periodistas e investigadores barranquilleros Roberto Llanos Rodado y Fausto Pérez Villarreal.
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Para Fausto Pérez Villarreal, investigador musicalla obra es “un canto nostálgico, pero alegre; una pieza imprescindible en el repertorio decembrino”. Lo tiene todo: la evocación del pasado, la alegría del presente y el anticipo del Carnaval.
Con el paso del tiempo, El tema se multiplicó en más de 90 versiones. Lo han interpretado Diomedes Díaz, Los Melódicos de Venezuela, Zoila Nieto, Gabino Pampini y Pedro Ramayá junto a la propia Nury Borrás. Cada versión suma matices, pero ninguna se aleja demasiado de la esencia que lo convirtió en un clásico: esa mezcla de inocencia, añoranza y fiesta.
En 1976, Echeverría decidió grabar nuevamente Las cuatro fiestas, esta vez con formato de orquesta y de nuevo con la voz de Nury. Aunque la producción fue más elaborado, ninguna interpretación logró alcanzar la frescura de la grabación de los años sesenta. Para Anastasia, la explicación es sencilla: “Esa primera versión nació entre músicos que tocaban en bloque, con el impulso genuino de quienes creen en una obra sin pensar en el mercado”.
Ese mismo año, el maestro compuso La Inmaculada, que también terminó convirtiéndose en un clásico de la Noche de Velitas. La inspiración le llegó en una gira por Estados Unidos, cuando perdió un maletín con cintas musicales. Al recuperarlo un mes después, hizo una promesa: escribiría un tema dedicado a la Virgen. Así surgió otro de los himnos espirituales de la Costa en diciembre.
La producción de Adolfo Echeverría, que incluye otras piezas como ‘Amaneciendo’, consolidó un legado que hoy supera seis décadas. Su música no solo acompaña la llegada del último mes del año: la anuncia con ternura, la despierta con ritmo y la celebra con esa mezcla de devoción y alegría que define a la región.
En el Caribe colombiano, diciembre no empieza cuando el calendario lo indica. Comienza cuando suena ‘Las cuatro fiestas’, cuando la voz de Nury Borrás flota sobre las velas encendidas y cuando, por unos minutos, la memoria colectiva vuelve a ser un solo coro.
LEONARDO HERRERA DELGANS periodista de EL TIEMPO leoher@eltiempo.com y en X:@leoher70
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