La preparación ante sismos en Colombia, especialmente en regiones de alta actividad telúrica como el Eje Cafetero, continúa siendo un desafío apremiante. Un sismo, por definición, es un movimiento de la tierra causado por la liberación de energía acumulada en las fallas geológicas. Tras los recientes movimientos telúricos que impactaron el centro del país el 10 de agosto, se evidencia que la experiencia y el conocimiento institucional aún no se traducen plenamente en acciones preventivas eficaces, como lo señaló Luis García Quiroga, experto en gestión de riesgos.
El país se encuentra en el Cinturón de Fuego del Pacífico, una de las zonas de mayor actividad sísmica mundial, lo que hace de la prevención una prioridad constante. En Pereira y Dosquebradas, por ejemplo, han transcurrido 47 años desde el devastador terremoto del 23 de noviembre de 1979, tiempo en el que se han registrado cuatro sismos destructores. A pesar de los avances en normas de sismo resistencia, como las contempladas en el Código Colombiano de Construcciones Sismo Resistentes (NSR-10), la respuesta ciudadana y la coordinación institucional aún presentan falencias significativas.
¿Qué significa una deficiente preparación ante sismos para Colombia?
Una insuficiente preparación ante sismos tiene profundas implicaciones para la sociedad colombiana, que van más allá de los daños estructurales inmediatos. Primero, se traduce en una mayor pérdida de vidas humanas y heridos, al no contarse con protocolos de evacuación claros ni edificaciones seguras. Segundo, genera un impacto económico devastador, afectando infraestructura crítica, viviendas y la capacidad productiva del país, ralentizando la recuperación y desviando recursos que podrían destinarse al desarrollo. Tercero, erosiona la confianza pública en las instituciones encargadas de la gestión del riesgo, al percibirse improvisación y falta de liderazgo en momentos de crisis.
Retos y recomendaciones para la gestión del riesgo sísmico
Mejorar la preparación ante sismos en Colombia requiere un enfoque integral que aborde tanto la infraestructura como la cultura de prevención. Expertos destacan la importancia de:
Fortalecer la institucionalidad: Asegurar que entidades como la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD) y los consejos municipales de gestión del riesgo cuenten con presupuesto y personal capacitado.
Actualizar el marco normativo: Revisar y aplicar estrictamente los Planes de Ordenamiento Territorial (POT) para evitar construcciones en zonas de alto riesgo, como rellenos o riberas de quebradas.
Fomentar la cultura de prevención: Implementar programas educativos permanentes sobre qué hacer antes, durante y después de un sismo, incluyendo simulacros regulares en hogares, escuelas y empresas.
Invertir en infraestructura sismo resistente: Garantizar que las nuevas construcciones cumplan con las normas y que las existentes sean evaluadas y reforzadas cuando sea necesario.
Según datos de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres, la inversión en prevención es significativamente menor que el costo de la respuesta y recuperación post-desastre, una paradoja que el país debe corregir urgentemente para proteger a sus ciudadanos y su desarrollo.
En suma, el país no puede seguir improvisando ante un fenómeno natural recurrente y potencialmente devastador. La lección es clara: la planificación, la educación y la inversión son fundamentales para salvar vidas y reducir el impacto de futuros eventos telúricos. Para más información sobre la respuesta del país ante emergencias, explore más noticias de Colombia.
