No pude llegar al fútbol pero el fútbol sí llegó a mí y se quedó para siempre
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Una historia
En aquellos tiempos muchas calles no estaban asfaltadas. Entonces poníamos montones de piedras como porterías. Como no había postes, ni árbitro, las trifulcas eran persistentes y siempre llevaban razón los mayores. No podían perder. Balones que pasaban su portería eran desechados y en la nuestra otros que habrían sido rechazados por un poste eran gol. Jugábamos de sol a sol, de lluvia a lluvia, de barro a barro. Un extraño partido de
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