Economia
¿Qué impacto económico tendría la nueva tensión diplomática entre Colombia y Estados Unidos? Entrevista

Las nuevas tensiones diplomáticas con Estados Unidos, el principal socio comercial del país, podrían afectar a la economía colombiana. En entrevista con EL TIEMPO, María Claudia Lacouture, presidenta de la Cámara de Comercio Colombo Americana (Amcham Colombia) y de la alianza de asociaciones y gremios Aliadas, habla sobre el posible impacto, sobre el impuesto a las remesas del gobierno de Donald Trump y qué supondría para Colombia estar incluida en la lista de países por Estados Unidos.
Presidenta de AmCham Colombia, María Claudia Lacouture. Foto:AmCham Colombia
¿Qué impacto económico considera que podría tener esta nueva tensión diplomática con Estados Unidos?
La relación entre Colombia y Estados Unidos es una de las más estratégicas para el país. Preservarla exige prudencia, manejo institucional y visión de Estado. La reciente llamada a consultas del encargado de negocios de EE. UU. y la decisión de Colombia de llamar a su embajador reflejan una tensión seria, aunque no una ruptura. Este tipo de señales deben ser atendidas con responsabilidad.
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A falta de detalles concretos por parte del Departamento de Estado, el impacto económico inmediato es incierto. No obstante, dado que se trata de una acción impulsada por el Secretario Rubio, y no por el presidente Trump —quien ha anunciado personalmente todas las medidas arancelarias relevantes en su segundo mandato—, es poco probable que esta tensión se traduzca de inmediato en represalias comerciales.
Sin embargo, la advertencia está hecha: cualquier escalamiento podría afectar la confianza de inversionistas y deteriorar el posicionamiento comercial de Colombia frente a países que sí están negociando activamente con Washington. Por eso, se requiere actuar con sentido de país, reactivar la interlocución técnica y proteger el vínculo bilateral como un activo estratégico.
¿Qué tan relevante es hoy en día la relación comercial con Estados Unidos y cómo se debería proteger?
Es una relación de mutuo beneficio que ha venido avanzando de forma importante en múltiples áreas. No es solo comercial, también es de desarrollo, cooperación, seguridad y bienestar para los colombianos. Lo que está en juego no es menor: la estabilidad de una relación económica que ha sido clave para el crecimiento, el empleo y la inversión en Colombia.
Estados Unidos es nuestro principal socio comercial: entre enero y abril de 2025, las exportaciones hacia ese país sumaron 4.913 millones de dólares, lo que representa el 31 por ciento de nuestras ventas externas, según el Dane. De ese total, el 67 por ciento corresponde a productos no minero-energéticos, lo que refleja el avance en la diversificación de nuestra oferta exportadora.
Estados Unidos es el principal socio comercial de Colombia. Foto:Suministrada
En promedio, más de 3.000 empresas colombianas exportan anualmente a EE. UU., lo que equivale al 35 por ciento de todas las que venden al mundo. Solo en lo corrido de este año, 2.069 empresas ya han realizado exportaciones. Este vínculo económico sostiene cerca de 3 millones de empleos directos y otros 2,8 millones indirectos, especialmente en sectores como flores, frutas, confecciones, alimentos y manufacturas.
Además, Estados Unidos es el mayor inversor extranjero en Colombia. En el primer trimestre de 2025, su inversión ascendió a 1.080,2 millones de dólares, el 34 por ciento del total recibido por el país. Históricamente, ha canalizado recursos hacia más de 15 sectores estratégicos, incluyendo comercio, telecomunicaciones, energía, industria, construcción y agroindustria.
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La relación también se manifiesta en otras dimensiones clave. Por ejemplo, EE. UU. es el principal emisor, con 1.599,4 millones de dólares en el primer trimestre de 2025 (51 por ciento del total), con un crecimiento del 14 por ciento respecto al año anterior.
Además, entre enero y mayo, llegaron 473.397 visitantes estadounidenses, lo que equivale al 25 por ciento de los turistas internacionales no residentes, cerca del 70 por ciento de los bienes importados desde EE. UU. no se producen localmente y son fundamentales para las cadenas productivas nacionales y Colombia ha sido el mayor receptor de asistencia económica de EE. UU. en el hemisferio occidental en los últimos 50 años.
Cualquier tensión que limite el acceso preferencial o aumente costos —como aranceles o demoras logísticas— afectará sectores sensibles como flores, frutas, confecciones y alimentos, en contravía de la meta de diversificar nuestra canasta exportadora.
Proteger esta relación exige diplomacia técnica, estabilidad institucional y una estrategia de Estado articulada entre el gobierno y el sector privado. Colombia no puede quedarse estática mientras otros países negocian mejores condiciones con Washington. Es momento de actuar con visión, responsabilidad y sentido de urgencia para preservar uno de los activos estratégicos más valiosos del país.
¿Cómo avanza la negociación con Estados Unidos para reducir o eliminar ese arancel de 10 % sobre las importaciones colombianas y si con estas tensiones se podría afectar?
No existe hoy una negociación activa para reducir el arancel del 10 por ciento, y eso representa un riesgo estratégico que no se puede subestimar. Mientras Colombia permanece en un estatus estático, más de 35 países ya están negociando con Washington en busca de condiciones preferenciales, lo que abre la puerta a una pérdida relativa de competitividad en sectores clave.
Si alguno de esos países obtiene ventajas arancelarias sobre productos similares a los nuestros —flores, frutas, café, confecciones, entre otros—, Colombia podría perder participación en un mercado que ha costado décadas consolidar. Además, las tensiones diplomáticas, si escalan, podrían cerrar aún más la posibilidad de un acercamiento técnico con resultados.
La mayor cantidad de flores colombianas se envían a Estados Unidos. Foto:Mauricio Moreno
Por eso, es urgente construir y ejecutar una estrategia país, articulada entre el gobierno y el sector privado, que combine diplomacia comercial, inteligencia de mercado y fortalecimiento de la oferta exportable. No actuar a tiempo implica ceder terreno a competidores regionales con agendas más activas y mejor posicionadas.
¿Qué oportunidades están teniendo las exportaciones colombianas en medio de estos mayores aranceles a todo el mundo?
Colombia tiene hoy una oportunidad concreta de consolidarse como proveedor confiable en el mercado estadounidense, pero aprovecharla exige gestión activa y visión estratégica. En un entorno de ajustes arancelarios globales, mantener un arancel base del 10 por ciento permite conservar condiciones relativamente competitivas frente a otros países.
Según el análisis de AmCham Colombia, el 82,7 por ciento de la canasta exportadora presenta un impacto limitado bajo el nuevo esquema. Sin embargo, sectores como aguacate, limón Tahití, pescado y cacao —ubicados en la categoría de baja oportunidad— enfrentan mayores desafíos frente a competidores preferenciales como México y Canadá.
Por su parte, el 40 por ciento de la canasta exportadora muestra niveles de oportunidad media-alta y alta, con margen para crecer si se fortalecen las relaciones comerciales, se optimiza la logística y se mantiene la confianza del comprador. El reto es no asumir esta ventaja como garantizada. Solo con interlocución activa, cumplimiento riguroso y eficiencia operativa, Colombia podrá afianzarse como un proveedor confiable y competitivo en un mercado exigente y dinámico.
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¿Cómo afectaría a Colombia el impuesto del Gobierno Trump a las remesas?
Las remesas son una fuente esencial de ingreso para millones de hogares colombianos y cualquier modificación a su tratamiento fiscal desde Estados Unidos debe ser evaluada con rigor técnico y visión estratégica.
Lo aprobado recientemente en el Senado de EE. UU. —un impuesto del 1 por ciento sobre remesas— es una medida relevante, considerando que el 51 por ciento del total de remesas que recibe Colombia proviene de ese país. Sin embargo, incorpora una excepción clave: no aplica cuando el remitente es ciudadano estadounidense.
Esto significa que, aunque habrá un impacto, especialmente para los envíos realizados por migrantes sin ciudadanía, la magnitud sería menor a lo inicialmente previsto. El reto estará en monitorear su aplicación, evitar distorsiones y asegurar que este flujo siga cumpliendo su función económica y social sin obstáculos innecesarios.
Donald Trump, presidente de Estados Unidos. Foto:EFE/EPA/MICHAEL REYNOLDS
¿Qué supondría para Colombia estar incluida en la lista de países descertificados por Estados Unidos?
La descertificación sería una señal política de alto impacto que pondría en entredicho la confianza institucional entre Colombia y su principal aliado estratégico. Más allá de su origen en la lucha contra el narcotráfico, hoy incluye consideraciones de gobernanza, derechos humanos, corrupción y comercio.
Si bien no implica sanciones automáticas, sí abre la puerta a restricciones económicas, financieras o diplomáticas, dependiendo del nivel de respuesta que adopte Washington. La Ley de Asistencia Exterior de 1961 permite al presidente emitir una certificación por interés nacional, que evitaría consecuencias inmediatas, pero la afectación reputacional sería inevitable.
En casos leves, podrían reducirse programas de cooperación o ayuda; en escenarios más severos, se arriesga el acceso a financiamiento internacional, beneficios comerciales y apoyo técnico. Además, se crearían condiciones propicias para futuras investigaciones bajo herramientas como la Sección 301 o la IEEPA.
Más allá de las medidas formales, el mayor riesgo está en la pérdida de confianza del sector privado, los mercados y los organismos multilaterales. Por eso, en lugar de escalar tensiones, lo responsable sería anticiparse con una estrategia de cooperación que fortalezca la institucionalidad, recupere credibilidad y proteja los intereses del país.







