Colombia
Redes clandestinas, universitarios vulnerables y amenazas a las elecciones: así opera el ELN en Bogotá según la inteligencia

Las autoridades de inteligencia de Colombia han emitido una alerta sobre una amenaza inminente del Ejército de Liberación Nacional (ELN) en Bogotá.
Informes divulgados por Semana indican planes de atentados, infiltración en universidades y acciones para alterar las elecciones de 2026.
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Investigaciones por parte de la Policía, Fiscalía y Fuerzas Militares revela la existencia de al menos 30 unidades colectivas del ELN en diez localidades de la capital. Estas células buscan promover su ideología, realizar labores de inteligencia y reclutar jóvenes, todo ello sin mostrarse armados.
Además, se han identificado células militares en municipios aledaños como Facatativá y Chía. En barrios periféricos de Ciudad Bolívar, como Quiba y Mochuelo, se ha encontrado presencia puntual, en zonas que históricamente han sido afectadas por economías ilegales.
El financiamiento de estas operaciones proviene del frente de Guerra Occidental, asentado en la región del Pacífico. Las fuentes de recursos incluyen minería ilegal, narcotráfico y cobros de aranceles criminales.
El dinero se envía inicialmente a Medellín, donde un líder clave, conocido como alias Aláh y cuyo nombre es Francisco, coordina operaciones y reclutamiento siguiendo las directrices del mando central.
Alias Aláh facilita la conexión entre el ELN urbano y civiles en varias ciudades, distribuyendo recursos e instrucciones. Las investigaciones sugieren que utiliza un riguroso sistema de compartimentación inspirado en tácticas de la Alemania Oriental, asegurando que los miembros ignoren detalles cruciales para proteger la estructura.
El enfoque de reclutamiento en Bogotá se centra en universidades tanto públicas como privadas. Personas con dificultades económicas son integradas en grupos sociales y reciben incentivos de hasta $100.000,
Posteriormente, se les somete a una “prueba del estallido”, que consiste en un enfrentamiento frente a la fuerza pública. Aquellos que superan este filtro avanzan a fases de adoctrinamiento y, eventualmente, a evaluaciones para entrenamiento o apoyo financiero.
Se observa un patrón de infiltración en al menos diez localidades, lo que ha llevado a la emergencia de colectivos radicales como Primera Línea Suba y Juventudes Camilistas Revolucionarias, entre otros grupos con ideología marxista-leninista.
Un investigador de la Policía Metropolitana reveló al medio mencionado que: “Buscaban estudiantes nuevos, con dificultades económicas. Primero los integraban socialmente, luego les daban dinero, 50.000 o 100.000 pesos. Después venía la ideología y la prueba del estallido“.
La red de reclutamiento fue desmantelada parcialmente tras una operación encubierta de un año, donde se documentaron 28 actos violentos asociados con cabecillas del frente de Guerra Urbano.
Parte de la estrategia implica el uso de lenguaje cifrado para coordinar encuentros y acciones, asegurando el anonimato de los participantes.
Los objetivos de impacto del ELN en la capital han sido detallados en informes de inteligencia. El grupo planea atentados contra lugares emblemáticos como la Embajada de Estados Unidos, el Banco de la República y el búnker de la Fiscalía.
Un fiscal investigador, en diálogo con el medio mencionado, señaló: “El ELN es un grupo mediático, siempre ha querido llevar a cabo atentados que generen atención y su principal objetivo es Bogotá”.
La tensión con el gobierno de Estados Unidos ha aumentado recientemente, elevando la alerta sobre posibles represalias. Al mismo tiempo, cadenas de comercios y bancos en Bogotá están bajo vigilancia debido a seguimientos del ELN y la posible utilización de explosivos improvisados.
Las células urbanas del ELN funcionan en grupos pequeños, de hasta cinco miembros, bajo estrictos códigos de clandestinidad.
De cara a las elecciones de 2026, las alertas han aumentado en la administración distrital y el Concejo de Bogotá debido al interés del ELN en incidir o generar miedo a través de acciones desestabilizadoras.
Aunque algunos líderes del grupo niegan la intención de interferir directamente en el proceso electoral, los informes advierten sobre posibles escenarios de intimidación y control para limitar la actividad proselitista de candidatos opuestos a su ideología.
Entre las figuras bajo vigilancia reciente se encuentran la precandidata presidencial Vicky Dávila y la senadora María Fernanda Cabal, ambas objeto de intenso seguimiento, según fuentes de la Fiscalía.
El secretario de Seguridad de Bogotá, César Restrepo, enfatizó: “Las organizaciones se infiltran en los entornos académicos y desarrollan actividades que, manifiestamente, no son académicas. El riesgo de reclutamiento es real.”
Las autoridades continúan trabajando para desmantelar la red urbana establecida por el ELN en Bogotá. El objetivo es neutralizar su influencia en la opinión pública y mitigar la presión mediática y social a través del temor selectivo. Las investigaciones están en curso para desarticular estas estructuras ocultas y debilitar la presencia insurgente en la capital.







