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Trump no actúa por el deseo de favorecer la democracia en Venezuela o en Irán, sino por sus intereses estratégicos. LOLA GARCÍA
Lola García analiza la reacción prudente y dividida de la Unión Europea ante la guerra iniciada por Estados Unidos contra Irán, una muestra más de su escasa capacidad de influencia internacional. Frente al conflicto, emergen posiciones enfrentadas entre quienes justifican la intervención por la naturaleza dictatorial del régimen iraní y quienes alertan del caos que provocan las acciones unilaterales. La autora subraya que Donald Trump no actúa por afán democratizador, sino por intereses geopolíticos, especialmente para frenar a China. Advierte además de que el estilo minimalista y oportunista de Trump puede prolongar una guerra cada vez más tecnológica y letal para la población civil.
Los europeos reaccionan con prudencia ante la guerra de EE.UU. contra Irán. En los últimos tiempos hemos visto que la UE tiene poco que decir en estos casos y lo poco que dice lo hace con la boca pequeña por su división interna. Pero sabemos que lo que ocurra nos afectará de algún modo, como pasó con Ucrania. En estas primeras horas del conflicto ya surgen las dicotomías. Unos ponen el acento en lo abominable del régimen y concluyen que bien está que Trump haga el trabajo sucio de derrocarlo. Otros subrayan que el fin no justifica los medios y que las actuaciones ilegales y unilaterales de Estados Unidos solo traerán caos y desestabilización del orden mundial.
Está claro que Trump no se mueve por el deseo de favorecer la democracia en Venezuela o en Irán. Ojalá fuera ese un efecto colateral de sus intervenciones.
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Léelo en: La Vanguardia
LOLA GARCÍA
Directora adjunta de La Vanguardia
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