Colombia
Voy y vuelvo | La 7.ª

Acaban de anunciar que el llamado Corredor Verde por la 7.ª comenzará a ser realidad. Los trabajos empezarán en unas semanas. Eso incluye la compra de predios, la ampliación de la vía, un carril exclusivo para autobuses, ciclorruta y nuevos andenes. Todo un nuevo ordenamiento urbano que irá de la calle 99 a la 200.
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Después de casi tres décadas, es la primera vez que algo se hará en la carrera 7.ª. Después de siete u ocho propuestas que iban desde tranvías hasta metros, el Corredor Verde finalmente tomará forma. Y lo proyectó la exalcaldesa Claudia López en medio de no pocas críticas que se le hicieron en su momento. Al final, quedó contratado y el actual alcalde debe sacarlo adelante.
Todo eso está bien. Todo lo que implica mejorar espacios que, como este, guardan un significado especial para los bogotanos, es bienvenido.
Todos, o casi todos, queremos que en la 7.ª pase algo distinto a lo que hoy existe: tráfico incesante, contaminación, andenes en mal estado, edificaciones venidas a menos, una ciclorruta improvisada, aunque para muchos efectiva, y un corredor que se disputan todo tipo de vehículos con todo tipo de tamaños.
Render corredor de la Séptima. Foto:UDI
Dicho esto, no deja de llamar la atención que, tratándose de un espacio vital para la ciudad, estemos a punto de emprender una aventura que no se sabe cómo acabará. Por varias razones.
La primera de ellas es que se trata de un tramo de la 7.ª y no de una intervención integral. La primera etapa, que iba de la calle 24 a la calle 99, fue suspendida por decisión de la actual administración. En segundo lugar, no se ha visto un esfuerzo por parte del Gobierno y sus dependencias para explicar lo que viene; entre otras cosas, la tala de decenas de árboles, almíbar para los críticos en tiempos de campaña electoral.
Tampoco se ha dicho cuál será la participación de los vecinos en el diseño y desarrollo de las obras. Ellos deben tener un papel en todo esto, pues se trata de su entorno, sus árboles, su futuro y su paciencia, que tendrá que ser mucha.
Patio taller Corredor de la Séptima. Foto:UDI
Y, por último, no les falta razón a quienes han dicho que, si este gobierno se ha empeñado en terminar obras del tamaño de un metro o una troncal, la intervención de este tramo de la 7.ª bien puede esperar. Aunque no estoy tan seguro, pues ya hay contratos que cumplir e interventorías que atender, y el tiempo corre.
Pero hay un punto que me preocupa y es justamente lo que pueda pasar con ese primer tramo que sigue en veremos. ¿Quieres decir que tendremos una 7.ª fragmentada? ¿Que, como dicen en la calle, serán los del norte los que disfrutarán de nuevos espacios mientras que en el sur y en el centro tendrán que seguir esperando? ¿Y si el tramo faltante se demora, seguiremos construyendo la ciudad a pedazos, como sucede con la ALO o la 13?
Fíjense lo que pasó con un par de calles de la 45: casi 30 años para comprar predios, diseñar y hacer, y eso que se había pagado con valorización!!!
Trazado de la ALO Bogotá Foto:UDI
Por supuesto no se trata de ser ave de mal agüero. Varias veces en este mismo espacio he insistido en que lo peor que le puede pasar a la 7.ª es que no se haga nada. Pero cuando uno ve que la plata escasea, hay otros mil frentes de obra en ejecución, un gran tramo del corredor verde en ciernes, poco apoyo del Gobierno Nacional y políticos, y uno que otro ambientalista preparándose para caerles con todo a la ciudad y al Gobierno por lo que viene, pues afloran las dudas.
Por eso, resulta clave la comunicación y la narrativa que se construye. La única forma de que las cosas pasen es ejecutándolas. Y la 7.ª es una de ellas.
Por eso, para evitarse dolores de cabeza, es esencial que el ciudadano sea el primer aliado de todo proyecto de envergadura que se emprenda en Bogotápor su impacto, por su trascendencia y porque será determinante para el bienestar de la comunidad.
Corredor Verde por la séptima en Bogotá Foto:Alcaldía de Bogotá
La 7.ª ha sido considerada por décadas la vía insigne de la ciudad. Por su trazado. Por su extensión. Por sus ‘chapines’. Pero también lo intocable. Sobre la que no se puede hacer nada. No se puede construir nada. Malo si es un TransMilenio, o un Corredor Verde, o una ciclovía.
Y los argumentos suelen ser bienintencionados desde el punto de vista de los vecinos, pero no de la lógica urbana que exigen las nuevas realidades de la ciudad: movilidad eléctrica, nuevos actores viales y el papel cada vez más preponderante de la bicicleta y el peatón.
Ya entrados en gastos, hay que hacer las cosas bien. El desafío no es solo para la administración y sus autoridades de movilidad e infraestructura, sino también para la genteque debe entender que los cambios implican sacrificios y que la paciencia es uno de ellos.
La movilidad será clave en el sector. Foto:ciudadTV
Informar, escuchar, responder y solucionar todo lo que provenga de la ciudadanía debe ser atendido sin vacilación. Son muchas las ideas que han surgido y seguirán surgiendo por parte de la gente frente al metro, por ejemplo: que si materas en los bajos del viaducto, que si obras artísticas, que si árboles en las estaciones, que si se diseñan de una forma distinta; en fin.
A estas alturas, no es concebible una Bogotá en la que no se esté haciendo una gran obra. Y así será durante la próxima década. Lo ideal es que en el caso de la 7.ª, el impacto sea manejable y responsable. Y sobre el primer tramo, pues que nos cuente qué pasará y cuándo se destrabará para saber a qué atenernos.
ERNESTO CORTÉS FIERRO
Editor General de EL TIEMPO
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erncor@eltiempo.com







