Colombia
Regreso de la Intolerancia: Un Viaje hacia la Comprensión y la Vida

Transcurrirán muchos días y la información continuará afectándonos: la promesa de un hijo de regresar a casa a las 3 am; la desesperación de una madre que no percibe su llegada; la llamada que le notifica que su hijo ha fallecido. que falleció en esa fiesta de la cual le prometió retornar. Y que su fallecimiento fue resultado de una golpiza despreciable, temeraria, en medio de una calle desierta y amenazante. Aún peor: que sus homicidas eran jóvenes, al igual que él.
Resulta difícil aceptarlo. Conozco lo que se siente porque también tengo hijos de la misma edad. Y también salen de celebración. Y también prometen regresar sanos. Sin embargo, uno no puede descansar hasta no escuchar la puerta, hasta no ver su silueta o oír su voz. Esto no ocurrió con la familia del joven. Jaime Esteban Moreno.
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Y la ciudad y el país permanecen atónitos. Aunque hablamos de violencia, guerra y decesos todos los días, hay casos que nos conmueven el espíritu, por lo irracionales, como lo fue el fallecimiento de la pareja en motocicleta atropellada por un vehículo, también en Bogotá. Y en cuanto a sus presuntos asesinos, no se ha obtenido información alguna.
En el caso de Jaime Esteban, duele porque se presume que estaba bajo la protección de compañeros de universidad, que estudió porque deseaba integrarse más, porque quería conocer más o porque simplemente ansiaba tener una noche placentera.
Momento de la agresión a Jaime Esteban. Foto:Captura Citytv
Aplaudo el valor de su amigo, el que intentó protegerlo, asistirlo, ayudarlo, pero que tuvo que presenciar su muerte tras un episodio fruto de la intolerancia y la brutalidad humana. Ya había comentado sobre este tema aquí mismo, pero a la vista de los datos, este sigue siendo un fenómeno que no ofrece descanso.
Un informe publicado por EL TIEMPO divulgado esta semana indica que cerca de 2 mil personas mueren cada año en el país a causa de riñas, disputas, malentendidos, bebidas o temas que pasan del insulto a la agresión y de allí a cualquier arma para causar daño. En Bogotá, reportó El Espectador, en lo que va del año ya son 242 víctimas fatales a causa de este mismo tipo de comportamientos. Absurdo desde cualquier perspectiva.
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Una comunidad incapaz de dirimir sus diferencias más sutiles a través de la no violencia, es una comunidad enferma, que padece las consecuencias de años de conflictos, pero también, de un sistema educativo que no impulsa la buena convivencia ni enseña sobre la resolución de disputas en el hogar o en la escuela; una comunidad que se ha acostumbrado a celebrar la justicia por mano propia y a repartir por redes las agresiones físicas entre conductores o los enfrentamientos entre pasajeros o las agresiones físicas entre estudiantes o el linchamiento público de delincuentes.
Resulta doloroso observar esta realidad cuando el país y la ciudad destinan la mayor parte de su presupuesto a la educación. Lo cual es positivo. Sin embargo, algo no está funcionando si nos encontramos matándonos por motivos triviales. Algo no está bien cuando no hay control sobre el consumo excesivo de alcohol y drogas; cuando los lugares de entretenimiento, aparentemente legales, se convierten en trampas mortales para los jóvenes; cuando la cultura ciudadana es, a lo sumo, una quimera; cuando no se adopta una política seria respecto a la salud mental de la población ni se priorizan comportamientos que se apartan de los cánones de la buena convivencia.
Los tres detenidos por el asesinato de Jaime Esteban Moreno Foto:archivo
Lo que le ocurrió al joven Jaime Esteban Moreno fue un acto de intolerancia inadmisible. Por grave que haya sido la falta cometida –y aún no se ha clarificado lo sucedido– no pueden presentarse un par de individuos a ejercer autoridad como si estuviéramos en la prehistoria: a golpes. ¿Para demostrar qué? ¿Para decidir a quién? ¿Para esperar qué? No se puede continuar disponiendo de la vida de alguien solo porque, en un instante de ira, rabia, descontrol o alcohol, consideramos aceptables unas cuantas patadas, unos cuantos puñetazos o un tiro para resolver las cosas. Hoy el drama no es solo para la familia Moreno, sino para la familia de los presuntos homicidas. Me pregunto: ¿Cómo estarán hoy todas estas personas a las que en cuestión de minutos les transformaron la vida y ahora deben cargar con semejante carga? ¿Cómo se alivia ese sufrimiento de ambas partes? ¿Se estarán reprochando? ¿Estarán buscando las señales de posibles errores del pasado que no se vieron? Ahora ya es tarde.
La intolerancia nos está llevando a la ruina. Es necesario actuar antes de que acabe con toda la sociedad.
ERNESTO CORTÉS FIERRO
Editor General de EL TIEMPO
@ernestocortes28
erncor@eltiempo.com







