Colombia
Voy y vuelvo | TransMilenio, ahí sigue

El tiempo pasa. Ya son 25 años desde que los primeros 14 autobuses de TransMilenio rodaron por la troncal de la calle 80. Todo un acontecimiento. Empezaba a quedar atrás la época infame de los viejos y destartalados autobuses de servicio público que, además de contaminar, eran peligrosos y desataba guerras campales entre conductores.
TransMilenio llegó como un bálsamo para la ciudad. Hacía medio siglo que no se veía una transformación urbana en Bogotá. El nuevo modelo llegó para enseñarnos que podíamos ser civilizados. y que llevar y traer pasajeros de un lado a otro no tenía por qué ser una experiencia tortuosa.
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A la troncal de la 80 le siguieron sucesivas troncales y de 14 autobuses se pasó a 10.500 hoy. Y de movilizar a los primeros 18.000 pasajeros, se pasó a 4,5 millones.
La popularidad de TransMilenio alcanzó dimensiones históricas. El porcentaje de aceptación de los bogotanos llegaba al 93 por ciento, según el programa Bogotá Cómo Vamos. Viajar en los autobuses rojos era toda una experiencia: limpios, ordenados, cumplidos, con estaciones que jamás imaginábamos. Ya no había que jugarse la vida para ascender o descender de estos aparatos. Hasta un premio de la Organización Mundial de la Salud le fue otorgado al sistema porque obligaba a la gente a caminar hasta las estaciones. Y eso es salud.
Flota actual de TransMilenio. Foto:MAURICIO MORENO
Pero luego algo pasó. Los politiqueros se convirtieron en TransMilenio en bandera de sus resentimientos. No en símbolo de la ciudad ni de los ciudadanos. La inquina de estos sujetos hizo que sucesivas administraciones literalmente se olvidaran de ampliar las troncales y mejorar el servicio. Se les hizo mala propaganda, no hubo mano dura contra los colados, no se combatió a los informales que invadieron estaciones, puentes y autobuses. Lo que nació para mejorar el bienestar de la gente se convirtió en todo lo contrario. Culpa de los gobiernos de turno y culpa de nosotros mismos, los ciudadanos. Ahora muchos quieren volver a usar TransMilenio como caballito de batalla para sus gestas políticas, hay que estar atentos para identificarlos.
Mal que bien, hoy TransMilenio sigue campante. Vienen nuevos troncales, su popularidad mejoró, pero aún le falta. Hoy su imagen favorable es del 35 por ciento. Enfocarse en mejorar su seguridad, la frecuencia de los autobuses, el funcionamiento de las puertas y de los torniquetes para frenar la oleada de colados y entender que este sistema es lo mejor que le ha pasado a la ciudad en materia de transporte público debería ser un propósito permanente.
Usuarios de TransMilenio Foto:EL TIEMPO
Si TransMilenio fuera todo lo malo que los politiqueros de oficio dicen, y los vándalos le señalan, y los que no vivieron las épocas aciagas de los autobuses contaminantes le atribuyen, entonces no existirían 130 ciudades con modelos similares, inspirados en el TransMilenio de Bogotá. Si el sistema fuera todo lo malo que le endilgan, entonces no sería referente de la ciudad, ni habría tenido importantes reconocimientos por su aporte en la reducción de partículas contaminantes. Si TransMilenio fuera el adefesio que muchos han querido vender, entonces los políticos no se ensañarían contra él en época de campaña electoral (como ahora), ni los criminales de las protestas lo bloquearían y destruirían cobardemente como lo han hecho durante años. O pregúntenle a ‘Epa Colombia’.
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Sí, TransMilenio es un símbolo que a muchos les duele por no haber sido ellos quienes lo inspiraron. Pero ahí sigue en pie, sigue movilizando a millones de ciudadanos, sigue modernizando su flota, sigue subsidiando el 50 por ciento del pasaje.sigue siendo símbolo de igualdad, sigue generando empleo (34.000 entre directos e indirectos), sigue siendo el preferido por los jóvenes, sigue cumpliendo sueños para sus trabajadores, sigue uniendo parejas y sigue resistiendo pese a los embates.
Llegará el día en que, cuando seamos más civilizados, adoptemos la cultura TransMilenio, la misma que ya existe en el TransMiCable de Ciudad Bolívar. Llegará el día en que dejaremos de colarnos porque nos dará vergüenza. Llegará el día en que dejaremos de destruirlo porque sería como tentar contra un hospital público. Y dejaremos de bloquearlo porque entenderemos que en esos autobuses también viajan nuestros padres, nuestros hermanos y nuestros abuelos..
ERNESTO CORTÉS FIERRO
Editor General
EL TIEMPO
@ernestocortes28
erncor@eltiempo.com







