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La Selección Colombia de 2025 enfrenta un déficit cada vez más manifiesto: le falta un atacante centro confiable, ese “9” de área que obligue a la defensa adversaria a dispersar marcajes y que fascine a la red con regularidad. No es solo una percepción: las estadísticas lo respaldan. En los dos amistosos recientes (Nueva Zelanda y Australia), Colombia logró anotar cinco goles; ninguno fue de un jugador referencia de área.
La Selección triunfa, cierto, pero sin que sus atacantes realicen la función crucial que delimita su rol: convertir.
Luis Díaz celebra su gol contra Australia Foto:Getty Images via AFP
El 3-0 ante Australia lo evidenció. James Rodríguez abrió desde el punto de penal, Luis Díaz finalizó con su pie izquierdo y Jefferson Lerma anotó el tercero. Tres goleadores y ningún delantero centro entre ellos. No es un suceso aislado: empieza a convertirse en una constante preocupante en este ciclo de Néstor Lorenzo.
Colombia vs. Australia Foto:Getty Images via AFP
Por supuesto, la historia presenta excepciones: en Brasil 2014, James fue el máximo goleador del torneo con seis goles y en Rusia 2018, Yerry Mina anotó tres. Sin embargo, esas circunstancias excepcionales no pueden reemplazar la necesidad fundamental de un delantero que concrete las oportunidades cuando los oponentes se fortifican y compactan líneas. La Copa del Mundo no es el contexto para depender de disparos de media distancia, genialidades aisladas o cabezazos milagrosos de un defensor central.
Las estadísticas del ciclo son claras: los principales anotadores son Luis Díaz (14) y James Rodríguez (7), seguidos por dos delanteros como Jhon Córdoba (6), Rafael Santos Borré (6). Los demás anotadores son Jéfferson Lerma (5), Luis Sinisterra (5), Daniel Muñoz (4), Luis Suárez (4), Dávinson Sánchez (3) y Jhon Jáder Durán (3), Jhon Arias (3), junto con otros 12 jugadores que han marcado entre uno y dos goles.
Colombia vs. Nueva Zelanda Foto:Federación Colombiana de Fútbol
La medida para seleccionar al “9” no debería basarse en la velocidad ni en la simpatía; debe fundamentarse en la efectividad. El atacante titular para un Mundial no es el que mejor presiona ni el que mejor pivotea: es el que marca goles. Así de simple. Lorenzo cuenta con dos amistosos en marzo de 2026 para probar, confirmar o descartar postulantes. Son menos oportunidades de las que muchos quisieran, pero suficientes para exigir resultados tangibles: minutos, opciones creadas y, por encima de todo, goles.
Colombia llega al Mundial con buen fútbol, paciencia y ambición. Pero también con una deuda pendiente. Se requiere ideas, decisiones y, sobre todo, valentía: seleccionar al “9” no debe ser un acto de fe, sino de números. Y hoy, en esa estadística, la cuenta sigue sin cerrarse.
CAMILA ESPINOSA ARISTIZÁBAL
Para EL TIEMPO
@Camilanoticia1
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