La bola rápida especial, un movimiento de combate que en origen no fue otra cosa que un intento de caracterización, de demostrar que los miembros de la Nueva Patrulla X empezaban a trabajar en equipo, a llevarse bien. Era una especie de «salvar al gato» en un momento en que los personajes llevaban cerca de un año en el kiosko, pero con la tontería se acabó convirtiendo en un auténtico icono del género de superhéroes y parte del extranjero pero… ¿Cómo llegó a esto?
¡Si es que la hacen hasta los legos!
Bueno, la realidad es que uno de los miedos que tenía Chris Claremont al recoger el testigo de Len Wein era el de demostrar su novatez y no estar a la altura del proyecto. Lobezno, Rondador, Coloso y Tormenta eran personajes nuevos, mientras que los «heredados» eran antiguos villanos como Banshee o perfectos novatos como Lobezno. Cíclope seguiría en el grupo, sí, pero Jean Grey y el resto estaban, a priori, fuera de la mesa. La renovación exigía hacer hueco a costa de prescindir con el reparto original, y el quedarse con Cíclope y Xavier se veía como lo mínimo, dejando a Jean a un lado como secundaria de Iron Fist o lo que hiciera falta. Por supuesto y tras la primera saga de Wein que Claremont tuvo que rematar a la desesperada, el grupo había perdido a Ave de Trueno y lo único que separaba la historia que coronaría el número 100 de X-Men de la parte de Wein sería un cómic de relleno con los N’Garai y un paso en falso en el número siguiente con la pelea en el aeropuerto, en el que se notaba la indefinición del guionista con la serie. Para el número 98, que es donde yo considero que realmente empieza la etapa de Claremont, el grupo no está formado y los lectores no saben muy bien que pensar de ellos, porque Ave de Trueno podía ser un niñato, pero igual de bocazas o más era Lobezno (en el 97 llegaba a sacarle tanto de quicio a Cíclope que lo tumbaba de un puñetazo) y seguía vivo. Rondador en ese momento no era el elfo encantador y Cockrum todavía lo dibuja algo monstruoso, mientras que Coloso y Tormenta son hojas en blanco. Sin embargo, Claremont tiene un plan…
Al repasar el número 98 de X-Men, vemos como durante la celebración navideña como Rondador y Coloso tienen sus propios planes y se van por su lado, ni siquiera planteándose en contar para ellos con su futuro compadre, Lobezno. Por supuesto, el inminente ataque centinela hará más por unir a los mutantes que cualquier dinámica de grupo, pero lo importante aquí es esa fotografía inicial con Lobezno yendo por su lado, igual que después de esta historia y con Jean en el hospital actuará de la misma forma y hasta se sorprenderá de ver a todo el grupo en la sala de espera afectadísimo por la moza; para él que unos se preocupen por otros es algo muy raro, y hasta le da vergüenza el mostrar sus sentimientos en público. En este momento el samurai no está ni en proyecto, la idea de Len Wein pasaba porque Logan fuera un adolescente o un carcayú mutante, pero en ningún momento pensaron ni él ni Cockrum -o Claremont, ya puestos- que Lobezno fuera centenario. Pero por el contrario, lo que si que parece es que Logan sí que tiene cierto cariño por Jean Grey, rechazando por completo la autoridad de Cíclope no solo porque no le gusta recibir órdenes -ya no está en el ejército- si no por celos. Cuando Lang abofetea a Jean, Logan pierde por completo los papeles y se pone a susar sus garras con los científicos, probablemente porque Claremont en ese momento todavía no ha establecido su norma de que Logan solo saca las garras cuando alguien le amenaza con un arma equivalente o superior.

Para el núimero siguiente se ve un esfuerzo por mostrar el progreso del grupo, con Rondador colaborando con Coloso en un balancín improvisado que lanza al ruso por los aires, descabezando a un Centinela. Podría decirse que es el precedente directo de la bola rápida especial, otra muestra de la creación de vínculos entre los novatos que tiene su mayor sobreactuación en la página siguiente, cuando Cíclope sospecha que Ororo ha muerto y Peter se pega un cabreo que no veas porque tiene la sensación de que a Scott se la pela todo, «¡Actuas como si ni siquiera te importara! ¡Pues a Coloso le importa!». Acto seguido aparece Tormenta y él la levanta por los aires, encantado… Y para el número 100, el que presenta la primera bola rápida especial (aunque aquí por eso de ahorrar espacio se tradujo muchas veces como bola especial y con eso nos hemos quedado) tenemos a los nuevos pegándose contra los viejos, aunque en realidad todo ello sea un plan de Lang porque los viejos en realidad son androides. La sorpresa por el odio que manifiestan los veteranos del grupo contra los novatos mantiene a los segundos en shock, pero el momento en el que se empieza a revertir la situación es en la página 7, cuando el Ángel tira a Lobezno contra Coloso y Logan decide pasar al contrataque; «Justo como ensayamos en la Sala de Peligro… LA BOLA RAPIDA ESPECIAL… EJECUTAR… ¡AHORA!» y Coloso lanza a Lobezno sobre un sorprendido Ángel, que solo alcanza a decir un «¿pero qué…? Acaban de hacer historia.

O no tanto. El propio cómic no nos cuenta que pasa con Lobezno y el falso Ángel, porque Kaos ataca a Coloso y pasamos a ver esa escena y la siguiente vez que vemos a Lobezno está echándose encima de Xavier, pero sin atreverse a sacar las garras. Por supuesto, en el futuro este cómic será recordado por la escena final con Jean Grey pilotando sola el transbordador Starcore, pero la maniobra tendría muchísima vida a raíz de todo esto, siendo homenajeada a posteriori en multitud de ocasiones con variaciones de todo pelaje; con Lobezno lanzando a Coloso en la muerte de Fénix, con Rondador, con Kitty… Y no solo con mutantes, si no también con Hulk, con el Juggernaut, con miembros de los Vengadores… El golpe ha pasado a ser una de las maniobras más emblemáticas del género de superhéroes, a pesar de que en toda la etapa Claremont no llegaría a usarse más de quince veces y, lo que es peor, dentro de la propia Marvel tiene un precedente directo en el Sub-Mariner 29 (1970) a cargo de… Roy Thomas.


