Economia
La política fiscal vuelve a presionar la inflación en Colombia y complica el camino para un recorte de las tasas de interés

El próximo viernes, la Junta Directiva del Banco de la República celebrará su última reunión de política monetaria de 2025, en un contexto marcado por la persistencia de la inflación y crecientes dudas sobre la velocidad con la que los precios podrán converger hacia la meta del 3 por ciento. Aunque la inflación anual mostró un leve descenso en noviembre y se ubicó en 5,3 por ciento, frente al 5,51 por ciento de octubre, el indicador sigue lejos del rango meta del Emisor (entre 2 y 4 por ciento).
Ese comportamiento ha llevado a que, por primera vez en varios meses, algunos miembros de la Junta hayan dejado entrever la necesidad de analizar incluso un eventual aumento de la tasa de interés, hoy en 9,25 por ciento. Para varios analistas, la resistencia de la inflación a bajar con mayor rapidez es una señal de alerta que obliga a mantener una postura monetaria cautelosa.
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El propio gerente del Banco de la República, Leonardo Villar, ha advertido que 2026 seguirá siendo un año de tasas de interés elevadas, debido, entre otros factores, al comportamiento de las expectativas de inflación, que limitan la posibilidad de un ciclo de recortes más agresivo.
Factor fiscal, en escena
Un reciente análisis del Fondo Monetario Internacional (FMI) pone el foco en un elemento clave que ayuda a explicar por qué la inflación sigue siendo un desafío en economías como la colombiana: la política fiscal expansiva.
Según el organismo, los déficits fiscales imprevistos y el aumento de la deuda pública están asociados con mayor inflación actual y futura, especialmente en países emergentes. El tema es particularmente relevante para Colombia, donde la política fiscal se ha tornado más expansiva durante 2024 y 2025, justo cuando la inflación aún se mantiene por encima del objetivo del Banco de la República.
“El impulso fiscal eleva la demanda interna y limita el margen para que la política monetaria se normalice más rápido”, señala el organismo multilateral, al advertir que este desbalance puede prolongar un escenario de tasas altas.
La tasa de cambio juega un rol clave en la reducción de la inflación en un país como Colombia. Foto:EFE
Canales de transmisión
El análisis del Fondo identifica varios canales a través de los cuales una política fiscal expansiva termina alimentando la inflación.
El primero es la demanda agregada. El FMI explica que un mayor gasto público impulsa el consumo y la actividad económica, lo que presiona los precios, especialmente en sectores donde la oferta es rígida en el corto plazo, como los servicios y los bienes no transables.
Un segundo canal clave son las expectativas de inflación. Si los agentes económicos perciben que el banco central enfrenta restricciones para subir tasas —por el impacto que esto tendría sobre el costo de la deuda pública—, las expectativas pueden desanclarse. Esto hace que empresas y hogares ajusten precios y salarios anticipando una inflación más alta.
El tercer canal es el tipo de cambio. Aunque una expansión fiscal podría, en teoría, fortalecer la moneda por mayor demanda interna, el FMI advierte que en países con altos niveles de deuda y menor credibilidad fiscal puede ocurrir lo contrario: aumenta la prima de riesgo, se deteriora la confianza y la moneda se deprecia, encareciendo las importaciones y presionando aún más los precios.
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El impacto
El estudio del FMI cuantifica estos efectos para países latinoamericanos con metas de inflación, entre ellos Colombia. Según sus estimaciones, un shock fiscal equivalente a un aumento inesperado del déficit de 1 punto del PIB eleva la inflación en 0,35 puntos porcentuales en el mismo año, y el efecto persiste un año después, con un aumento cercano a 0,3 puntos.
Además ―advierte el orgaismo― las expectativas de inflación a un año suben cerca de 1 punto porcentual, mientras que el tipo de cambio real se deprecia alrededor de 1 por ciento. También se observa un aumento en los indicadores de riesgo país, reflejando una mayor percepción de riesgo soberano.
En el caso de la deuda pública, un incremento inesperado de 1 punto del PIB se asocia con un aumento de la inflación de hasta 0,25 puntos porcentuales, con efectos que también se extienden al año siguiente.
Prima de riesgo para Colombia se ha elevado, en buena medida, por la crisis fiscal que se enfrenta. Foto:iStock
El FMI subraya en su análisis que estos riesgos son más pronunciados en economías emergentes como Colombia. La mayor exposición a shocks externos, una credibilidad fiscal más frágil y, en algunos casos, descalces de moneda en la deuda amplifican el impacto inflacionario de una política fiscal laxa.
Cuando los niveles de deuda superan ciertos umbrales, los efectos se intensifican: la depreciación cambiaria es mayor, las expectativas de inflación reaccionan con más fuerza y el riesgo país aumenta de forma más significativa, insiste el organismo multilateral.
Alta indexación, ajustes de tarifas reguladas y alza del salario mínimo, presionan la inflación. Foto:iStock
Mirada local
Este diagnóstico coincide con el análisis de Bancolombia, que anticipa que el Banco de la República mantendrá estable la tasa en 9,25 por ciento en la reunión de diciembre, aunque con una votación dividida y señales más claras de preocupación por los riesgos inflacionarios.
La entidad destaca que, aunque la inflación de noviembre se desaceleró, en lo corrido del año solo ha caído 10 puntos básicos, lo que evidencia un proceso de convergencia prácticamente nulo. Además, advierte sobre presiones alcistas futuras derivadas de la alta indexación, los ajustes de tarifas reguladas y el aumento del salario mínimo.
“Las expectativas de inflación para diciembre han aumentado hasta 5,3 por ciento, muy por encima del rango de tolerancia del Emisor”, señala Bancolombia, al resaltar también la preocupación por el estado de las finanzas públicas y la activación de la cláusula de escape de la regla fiscal hasta 2027.
Una política fiscal más restrictiva permitiría reducir más rápido las tasas de interés, aliviar los desequilibrios fiscales y externos y fortalecer la confianza de los inversionistas.
fondo monetario internacional
Duración del choque
Según el FMI, los efectos inflacionarios de los shocks fiscales no son transitorios: pueden extenderse al menos por un año y complicar el proceso de desinflación. Esto implica que, mientras persista una postura fiscal expansiva, el Banco de la República tendrá menos espacio para reducir tasas, prolongando un entorno financiero restrictivo para hogares y empresas.
Bancolombia incluso anticipa que, en 2026, podrían darse incrementos adicionales en la tasa de interés, que la llevarían hasta el 10 por ciento, si los riesgos fiscales e inflacionarios no se moderan.
El Fondo es claro en que la clave está en marcos de política sólidos y creíbles. Una política fiscal más restrictiva permitiría reducir más rápido las tasas de interés, aliviar los desequilibrios fiscales y externos y fortalecer la confianza de los inversionistas, señala.
En el frente monetario, la credibilidad del banco central es fundamental para anclar las expectativas de inflación, incluso en un contexto de presiones fiscales. La evidencia muestra que, en países con instituciones sólidas, las expectativas de largo plazo permanecen estables, evitando una espiral inflacionaria.
Con ese escenario, sin un ajuste fiscal creíble, la inflación seguirá siendo un problema más persistente, y el costo lo pagará la economía en forma de tasas de interés más altas por más tiempo, como lo anticipa el propio Banco de la República.







