Colombia
Día 4 de la Novena de Aguinaldos 2025: oraciones, gozos y villancicos completos del 19 de diciembre

Cada año, muchos hogares colombianos celebran la Navidad con fe y alegría a través de la tradicional Novena de Aguinaldos. Desde el 16 de diciembre, las familias católicas se reúnen para orar, cantar y celebrar estos nueve días previos al 25 de diciembre, cuando se conmemora el nacimiento del Niño Jesús. Esta costumbre fue iniciada por el fraile ecuatoriano Fernando de Jesús Larrea, quien, con solo 25 años, escribió las primeras oraciones de la Novena en el siglo XVIII.
Cada noche, en los hogares, parroquias y comunidades, la gente se une para reflexionar y preparar su corazón para la llegada del Niño Dios. En este cuarto día, 19 de diciembre, se reflexiona sobre la sumisión y aceptación de la voluntad de Dios, subrayando la oración como la forma más alta de honrarlo.
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El rezo de la Novena sigue un orden establecido: se inicia con la oración habitual, luego se medita sobre el misterio del día, se reza a la Virgen María y a San José, se cantan los gozos, se ofrece la oración al Niño Jesús, y finalmente, se disfrutan los villancicos que nos llenan del espíritu navideño.
A continuación, compartimos las oraciones, cánticos y el orden de la celebración para este cuarto día de la Novena, que corresponde al 19 de diciembre:
Oh, Benignísimo Dios de infinita caridad, que tanto amaste a la humanidad, al dar en vuestro hijo la prenda de vuestro amor, para que, hecho hombre en las entrañas de una Virgen, naciese en un pesebre para nuestra salud y remedio; yo, en nombre de todos los mortales, os doy infinitas gracias por tan soberano beneficio.
En retorno de ese amor, os ofrezco la pobreza, humildad y demás virtudes de vuestro hijo humanado, suplicando por sus méritos divinos, por las incomodidades en que nació y por las tiernas lágrimas que derramó en el pesebre, que preparéis nuestros corazones con profunda humildad, amor encendido y desprecio por lo terrenal, para que Jesús recién nacido tenga en ellos su cuna y more para siempre. (Gloria al Padre – 3 veces).
Desde el seno de su madre, el Niño Jesús comenzó a poner en práctica su completa sumisión a Dios, que continuó sin interrupción durante toda su vida. Adoraba a su Eterno Padre, lo amaba, se sometía a su voluntad, aceptaba con resignación su estado, conociendo toda su debilidad, humillación e incomodidades. ¿Quién entre nosotros querría volver a un estado así, con el pleno uso de razón y reflexión?, ¿quién podría soportar un martirio tan prolongado y penoso? Así entró el Divino Niño en su dolorosa y humilde trayectoria; así empezó a anonadarse ante su Padre, enseñándonos lo que Dios merece de su creación, para expiar nuestro orgullo, origen de todos nuestros pecados.
¿Deseas hacer una oración verdadera? Comencemos por formarnos una idea precisa de ella contemplando al Niño en el seno de su madre; el Divino Niño ora del modo más perfecto. No habla, no medita ni se entrega en tiernos afectos. Su mismo estado, aceptado con la intención de honrar a Dios, es su oración y ese estado expresa lo que Dios merece y cómo desea ser adorado por nosotros.
Unámonos a las oraciones del Niño Dios en el seno de María; unámonos al profundo abatimiento y que este sea el primer afecto de nuestro sacrificio a Dios. Ofrezcámonos a Dios no para ser algo, como pretende nuestra vanidad, sino para ser nada, para desaparecer, para renunciar a nuestra propia grandeza, aunque sea espiritual, y a todo movimiento de vanagloria. Desaparezcamos a nuestros propios ojos y que Dios sea todo para nosotros.
Soberana María, que por vuestras grandes virtudes y especialmente por vuestra humildad, mereciste que todo un Dios os escogiese como madre suya, os ruego que preparéis y dispongáis mi alma y la de todos los que realicen esta novena, para el nacimiento espiritual de vuestro adorado hijo. ¡Oh dulcísima madre!, comunicadme algo de la profunda paz y divina ternura con que vos le aguardasteis, para que nos hagáis menos indignos de verle, amarle y adorarle por toda la eternidad. Amén. (Avemaría – 3 veces).
¡Oh santísimo José, esposo de María y padre adoptivo de Jesús! Infinito agradecimiento doy a Dios porque os eligió para tan altos misterios y os adornó con todos los dones apropiados a tan excelente dignidad. Os ruego, por el amor que le tuvisteis al Divino Niño, que me abracéis en fervoroso deseo de verle y recibirle sacramentalmente, mientras, en su esencia divina, le veo y gozo en el cielo. Amén. (Padrenuestro, un Avemaría y un Gloria al padre).
Acordaos, ¡oh dulcísimo Niño Jesús!, que dijisteis a la venerable Margarita del santísimo Sacramento, y en persona suya a todos vuestros devotos, estas palabras que son un consuelo para nuestra humanidad doliente: “Todo lo que quieras pedir, pídelo por los méritos de mi infancia y nada te será negado”. Con plena confianza en vos, ¡oh Jesús!, que sois la misma verdad, venimos a exponer toda nuestra miseria.
Ayúdanos a llevar una vida santa, para lograr una eternidad bienaventurada. Concédenos, por los méritos infinitos de vuestra infancia, la gracia que tanto necesitamos. Nos entregamos a vos, ¡oh Niño omnipotente!, seguros de que nuestra esperanza no será frustrada, y de que, en virtud de vuestra divina promesa, acogeréis y despacharéis favorablemente nuestra súplica. Amén.
Oh sapiencia suprema del Dios soberano que te has rebajado a nivel de un niño. Oh Divino Infante, ven para enseñarnos la prudencia que hace verdaderos sabios.
Ven, ven, ven, ven a nuestras almas, Jesús ven, ven, ven, ven, ven a nuestras almas, Jesús ven, ven, ven, ven, ven a nuestras almas, Jesús ven, ven a nuestras almas. No tardes tanto, no tardes tanto, Jesús ven, ven.
Niño del pesebre nuestro Dios y Hermano, tú conoces y entiendes del dolor humano; que cuando suframos penas y angustias, siempre recordemos que nos has salvado.
Ven, ven, ven, ven a nuestras almas, Jesús ven, ven, ven, ven, ven a nuestras almas, Jesús ven, ven, ven, ven, ven a nuestras almas, Jesús ven, ven a nuestras almas. No tardes tanto, no tardes tanto, Jesús ven, ven.
Oh luz de oriente, sol de eternos rayos, que entre las tinieblas tu esplendor se vea, Niño precioso, dicha del cristiano, que brille la sonrisa de tus dulces labios.
Ven, ven, ven, ven a nuestras almas, Jesús ven, ven, ven, ven, ven a nuestras almas, Jesús ven, ven, ven, ven, ven a nuestras almas, Jesús ven, ven a nuestras almas. No tardes tanto, no tardes tanto, Jesús ven, ven.
Rey de las naciones, Emmanuel, ilustre de Israel, anhelo pastor del rebaño. Niño que apacientas con suave cayado, tanto a la oveja arisca como al cordero manso.
Ven, ven, ven, ven a nuestras almas, Jesús ven, ven, ven, ven, ven a nuestras almas, Jesús ven, ven, ven, ven, ven a nuestras almas, Jesús ven, ven a nuestras almas. No tardes tanto, no tardes tanto, Jesús ven, ven.
Ábranse los cielos y llueva desde lo alto bienhechor rocío, como riego santo. Ven, hermoso niño, ven Dios humanado, luce hermosa estrella, brota flor del campo.
Ven, ven, ven, ven a nuestras almas, Jesús ven, ven, ven, ven, ven a nuestras almas, Jesús ven, ven, ven, ven, ven a nuestras almas, Jesús ven, ven a nuestras almas. No tardes tanto, no tardes tanto, Jesús ven, ven.
Te hiciste Niño en una familia llena de ternura y calor humano. Vivan los hogares aquí reunidos en el gran compromiso del amor cristiano.
Ven, ven, ven, ven a nuestras almas, Jesús ven, ven, ven, ven, ven a nuestras almas, Jesús ven, ven, ven, ven, ven a nuestras almas, Jesús ven, ven a nuestras almas. No tardes tanto, no tardes tanto, Jesús ven, ven.
Del débil auxilio, del doliente consuelo, luz del desterrado, vida de mi vida, sueño adorado, mi constante amigo, mi divino hermano.
Ven, ven, ven, ven a nuestras almas, Jesús ven, ven, ven, ven, ven a nuestras almas, Jesús ven, ven, ven, ven, ven a nuestras almas, Jesús ven, ven a nuestras almas. No tardes tanto, no tardes tanto, Jesús ven, ven.
Ven ante mis ojos, de ti enamorados, bésate en tus plantas, bésate en tus manos. Prostrado en tierra, te tiendo los brazos y más que mis palabras, te dice mi llanto.
Ven, ven, ven, ven a nuestras almas, Jesús ven, ven, ven, ven, ven a nuestras almas, Jesús ven, ven, ven, ven, ven a nuestras almas, Jesús ven, ven a nuestras almas. No tardes tanto, no tardes tanto, Jesús ven, ven.
Haz de nuestra patria una gran familia; siembra en nuestra tierra tu amor y tu paz. Danos fe en la vida, danos esperanza y un sincero amor que nos una más.
Ven, ven, ven, ven a nuestras almas, Jesús ven, ven, ven, ven, ven a nuestras almas, Jesús ven, ven, ven, ven, ven a nuestras almas, Jesús ven, ven a nuestras almas. No tardes tanto, no tardes tanto, Jesús ven, ven.
Ven Salvador nuestro, por quien suspiramos, ven a nuestras almas, ven no tardes tanto.







