Economia
el cóctel de alzas que amenaza el bolsillo de los colombianos en el 2026
El cierre de 2025 dejó una sensación agridulce en materia de inflación. El costo de vida bajó levemente frente a 2024, pero se mantuvo lejos de la meta del 3 por ciento del Banco de la República. Y cuando aún no se consolidaba el proceso de desinflación, una nueva decisión volvió a mover el tablero: el aumento del salario mínimo del 23 por ciento para 2026.
Desde ese momento, el diagnóstico del mercado cambió. Lo que antes era un escenario de inflación a la baja se transformó pronto en una advertencia contundente: el costo de vida volverá a subir con fuerza en 2026. Y no será un fenómeno pasajero, según pronósticos de los economistas.
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Los principales equipos de análisis económico coinciden en que la inflación superará nuevamente el 6 por ciento y que, en un escenario adverso, podría acercarse al 7 por ciento. El ajuste del salario mínimo, muy por encima de la inflación —4,5 veces mayor— y la productividad, reactivó presiones que parecían controladas.
Rebote inflacionario
Con ese escenario a la vista, Investigaciones Económicas (IE) del Banco de Bogotá estima que la inflación cerrará 2026 en 6,2 por ciento, aunque advierte que “no se descarta que pueda llegar a 7 por ciento”. El sesgo de los riesgos es claramente alcista y está rodeado de incertidumbre política, fiscal, climática y externa.
El canal más evidente de transmisión será el de los servicios intensivos en mano de obra. Es decir, aquellos gastos cotidianos que no se pueden postergar y que pesan con fuerza en el presupuesto de los hogares.
De hecho, el impacto comenzó a sentirse desde la segunda mitad de 2025. Los servicios sin arriendo retomaron una senda ascendente y pasaron de una inflación de 6,1 por ciento en junio a 6,4 por ciento en diciembre. Para 2026, este rubro podría cerrar con un alza cercana al 11,1 por ciento.
Allí están las comidas fuera del hogar, las peluquerías, las guarderías, la recreación, el servicio doméstico y la administración de copropiedades. Gastos pequeños en apariencia, pero constantes y difíciles de recortar.
Los servicios sin arriendo se encarecieron, inflación pasó de de 6,1 % en junio a 6,4 en diciembre. Foto:Yomaira Grandett. Archivo EL TIEMPO
El núcleo del problema
El ajuste del salario mínimo también presiona los arriendos. Aunque la ley limita el incremento del canon a la inflación del año anterior, el Banco de Bogotá advierte que la amplia brecha entre inflación y salario mínimo podría incentivar ajustes por fuera del marco legal.
En su escenario base, la inflación de arriendos pasaría de 5,1 por ciento en 2025 a 5,5 por ciento en 2026. No es un salto abrupto, pero sí persistente, en un rubro que explica una parte significativa del IPC, advierte.
A esto se suma el efecto de la indexación. La inflación de 5,10 por ciento con la que cerró 2025 servirá de referencia para el ajuste automático de matrículas educativas, peajes, servicios públicos y otros cobros regulados al inicio del año.
Acciones & Valores advierte que este mecanismo generará una presión adicional sobre el gasto de los hogares desde enero. El problema no es solo cuánto suben los precios, sino cuántos lo hacen al mismo tiempo.
La inflación de arriendos pasaría de 5,1 por ciento en 2025 a 5,5 por ciento en 2026. Foto:Cesar Melgarejo / EL TIEMPO
Alivios parciales
En precios regulados, el Banco de Bogotá anticipa presiones en transporte, parqueaderos, copropiedades y cuotas moderadoras de las EPS. Estas alzas serían parcialmente compensadas por una inflación moderada en energía y combustibles, favorecida por una tasa de cambio baja.
Así, la inflación de regulados bajaría levemente de 6 por ciento en 2025 a 5,4 por ciento en 2026. Sin embargo, seguiría siendo elevada para un entorno de alta sensibilidad social.
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En bienes y alimentos el panorama es menos preocupante. Con una tasa de cambio promedio cercana a 4.000 pesos, la inflación de bienes cerraría en 3,3 por ciento y la de alimentos bajaría de 6,3 a 4,3 por ciento, incluso considerando un posible fenómeno de El Niño.
Pero estos alivios no alcanzan a compensar el peso de los servicios, que representan más de la mitad de la canasta del IPC.
El efecto dominó
La mayoría de analistas coincide en que la política monetaria tendrá que endurecerse de nuevo. IE del Banco de Bogotá anticipa que la tasa de intervención podría subir hasta 11,25 por ciento y no descarta niveles superiores al 12 por ciento en un escenario adverso.
El mercado y entidades como J.P. Morgan anticipan ajustes en las tasa de unos 200 puntos básicos. Foto:John W. Vizcaino
Bancolombia señala que, incluso antes del anuncio salarial, ya proyectaba un aumento de 75 puntos básicos, hasta 10 por ciento, y reconoce que ahora el sesgo es claramente al alza. El mercado y entidades como J.P. Morgan anticipan incrementos de hasta 200 puntos básicos.
Credicorp Capital comparte el diagnóstico. Según la entidad, el aumento del salario mínimo tendría un impacto adicional cercano a un punto porcentual sobre la inflación, llevando la variación anual de diciembre de 2026 a niveles cercanos a 6 por ciento. En este escenario, la tasa Repo subiría hasta cerca de 11 por ciento y se mantendría allí durante buena parte del año, con alta probabilidad de uno o dos incrementos de 50 puntos básicos para anclar expectativas.
A esta visión se suma otro de los grandes jugadores del sistema financiero, el análisis del equipo de Occieconómicas, del Banco de Occidente. “Esperamos que la inflación se acelere nuevamente este año como consecuencia del aumento del salario mínimo y se ubique en diciembre en 6,1 por ciento”, señalaron.
En ese contexto, consideran sus analistas que es inevitable un giro en la política monetaria, ante lo cual espera que el Emisor suba su tasa de referencia en 50 puntos básicos en la reunión de enero, llevándola a 9,75 por ciento, y continuaría con nuevos incrementos a lo largo del primer semestre hasta ubicarla en 11 por ciento, nivel en el que se mantendría hasta el cierre del año.
Problema de expectativas
Para Jorge Iván González, economista y exdirector de Planeación Nacional, el ajuste del salario mínimo va más allá de un cálculo económico. “El aumento del 23 por ciento del salario mínimo se convierte en un símbolo y afecta directamente las expectativas de inflación. La gente empieza a usar esa cifra como referencia, sin análisis de costos. Volver a bajar esas expectativas toma años, no decretos”, advirtió.
Bancolombia advierte un posible deterioro de la formalidad laboral, especialmente en las pymes. Foto:Néstor Gómez. El Tiempo
BBVA Research coincide en que las presiones inflacionarias se concentrarán en la subcanasta de servicios y que la inflación retomará una tendencia ascendente en 2026. Daviubank, por su parte, proyecta que la inflación superaría el 6,5 por ciento al cierre del año y que la tasa de interés podría llegar hasta el 12 por ciento hacia mediados de 2026.
Más allá de los precios
Según las fuentes consultadas, el ajuste del salario mínimo también genera riesgos en otros frentes. Bancolombia advierte un posible deterioro de la formalidad laboral, especialmente en las pymes, y un elevado costo fiscal, dado que el mínimo es referencia para nóminas públicas, pensiones y transferencias. El déficit primario podría ampliarse entre 0,3 y 0,67 por ciento del PIB.
Credicorp Capital estima presiones fiscales adicionales cercanas a 0,4 por ciento del PIB y advierte que el aumento real acumulado del salario mínimo en los últimos cinco años, cercano al 33 por ciento, podría traducirse en mayor informalidad.
En crecimiento, el panorama es ambiguo. Aunque el aumento del salario mínimo podría impulsar el consumo, una política monetaria más restrictiva podría contrarrestar ese efecto. Gestores como JP Morgan mantienen su proyección de crecimiento para 2026 en 2,8 por ciento.
El cierre de 2025 deja señales en el sentido de que la inflación fue, en esencia, una de servicios, con arriendos y comidas fuera del hogar como los principales responsables. Con el aumento del salario mínimo del 23 por ciento, esas presiones no solo se mantienen, sino que se intensifican.
El consenso del mercado es que 2026 será un año más costoso para los colombianos, con inflación alta, tasas de interés más elevadas y un crédito mucho más caro. El reto de la política económica será evitar que este nuevo choque se traduzca en un deterioro mayor del poder adquisitivo y en un ciclo prolongado de inflación alta, difícil de revertir.
