Colombia
Las manos detrás de los murales que dan vida a la infraestructura de Bogotá

Colgado de un arnés, con el viento empujándolo de lado a lado a varios metros de altura, uno de los artistas que participan en los murales que acompañan las obras de infraestructura en Bogotá recibió la noticia de que su primer hijo había nacido. Terminó de pintar parte del gran oso de anteojos y su cría, ubicados en un área de 3.800 metros cuadrados en la montaña del proyecto del pulpo de la calle 127 con avenida Boyacá, y salió corriendo para conocer a su bebé.
A veces trabajo subidos en andamios o escaleras; en otras ocasiones, a pocos centímetros de los carros que pasan por debajo de los puenteso debajo de las gotas de agua que traen las fuertes lluvias que muchas veces marcan los días en la capital.
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Se trata de los muralistas que han intervenido los proyectos de infraestructura en la ciudad. En estos espacios se aplican pinceladas, brochazos y pintura en aerosol para cubrir muros y columnas grises o espacios que están plagados de carteles de propaganda y publicidad. En algunos tramos predominan los verdes y los azules; en otros, las naranjas y amarillos, pero la constante es que siempre aparecen animales de la región Andina, flora y otros dibujos que son representativos de la zona.
Con corte a 2025, más de ocho expresiones artísticas fueron distribuidas por diferentes puntos de Bogotá. Pero estas son tan solo una cara de la moneda.
“La gente no lo ve, pero esas obras significaron llorar, reír, pelear y disfrutar en la montaña”, señaló Cristhian Baldón, también conocido en el gremio como Sirk; el director de obra del colectivo local Trazos de Colores Urbanos.
Para realizar estas obras, según contó Sirk, el trabajo se realizó en dos turnos: uno diurno, de 8 de la mañana a 5 de la tarde, y otro nocturno, que comenzaba a las 6 de la tarde y terminaba a las 2 de la madrugada. El segundo era el horario preferido por el colectivo, en parte porque había menos flujo vehicular y menor tránsito de personas. Además, como explicó Baldón, “el ejercicio del arte urbano y el grafiti es que muchas veces se trabaja en las horas de la noche. Esa es la magia”.
Murales Foto:MAURICIO MORENO
El colectivo Trazos de Colores Urbanos está conformado por ocho personas, además del director creativo. Sus integrantes prefieren ser identificados por sus seudónimos. El coordinador artístico es Monte Urbano. El grupo de artistas lo integran Tremor, Adro, Arde, Bleert, Antrax, Siames, Infect, Spec, Grafficolors y Elemento.
Al colectivo también se le atribuyen otras obras, además de la considerada la más grande, Los guardianes del páramo, ubicada en una colina del noroccidente de la ciudad. Entre sus trabajos está, por ejemplo, la intervención realizada en la estación de TransMilenio de la calle 146, en el sector de Mazurén.
Cristhian, que además de director de obra ejerce como gestor cultural, muralista y grafitero, que lleva cerca de 11 años en este ejercicio, relató que este mural, que incluye un tramo del bajo puente de la estación, fue terminado en aproximadamente ocho días, un tiempo que calificó como récord para el grupo.
Explicó que la temática del trabajo está centrada en la fauna silvestre del bosque alto andino y en especies endémicas de los humedales y de los páramos que rodean a Bogotá. La intención, señaló, es resaltar esas especies, no solo desde la figura de la fauna, sino también desde sus vínculos. Es decir, la unidad y hacer alusión a la familia.
En este espacio aparecen zorros grises, una especie que se dejó ver con mayor frecuencia en la ciudad durante la pandemia. Según explicó, en ese momento los animales comenzaron a salir a zonas más urbanas, en busca de alimento, y esa presencia fue uno de los elementos que el colectivo quiso resaltar en el mural. A esa escena se suma la presencia de mariposas, entre ellas la mariposa amarilla, como una referencia a Gabriel García Márquez ya los simbolismos que su obra evoca.
Y para crear trazo a trazo estas pinturas, los colectivos no solo deben planear sobre el espacio, medir el área y trazar cuadrículas que permiten llevar un dibujo de pequeña escala a un formato de gran tamaño. Ya que a ese trabajo se suma el estudio previo sobre la fauna y la región que será representada.
“El arte urbano fortalece los espacios, los llena de color y vida y los resignifica. Genera un sentido de pertenencia en las personas, inclusivo en nosotros mismos, los artistas”, dijo Sirk.
Además, Cristhian cuenta que, en varias ocasiones, personas que transitan por el lugar se han detenido para observar el proceso, verlos pintar y, en algunos casos, agradecerles por el trabajo que realizan.
En otros puntos de la ciudad aparece el trabajo de Ronald, quien lidera el grupo Monster Paint. A ellos se les atribuye la realización de Animalia, un mural ubicado en la avenida Mutis entre las carreras 114 y 122, donde se despliegan imágenes de aves y mamíferos en tonos naranja y verde. Según el IDU, estos colores fueron seleccionados para transmitir sensaciones de calor, vida y energía. El mural ocupa una extensión de 1,251 metros cuadrados y representa 20 especies de fauna silvestre de Cundinamarca: 14 aves y 6 mamíferos.
Pero ¿cuáles son los rostros que están detrás de estos dibujos? Ronald cuenta que el grupo comenzó con tres personas. No trabajaban juntas todo el tiempo, pero, con el paso de los proyectos, surgió la necesidad de sumar más manos y hoy el equipo está conformado por 12 artesanos fijos.
El líder de Monster Paint explicó que los primeros integrantes compartían una trayectoria similar. A todos les interesaba el arte, habían participado y ganado convocatorias y tenían afinidad por el dibujo y el muralismo, lo que facilitó la comunicación entre ellos. Luego se sumaron otras personas, algunas invitadas y otras que se acercaron mientras el colectivo trabajaba en distintos puntos de la ciudad.
Según Ronald, la intención también ha sido vincular a personas de diferentes zonas de Bogotá. A quienes llegan sin experiencia previa en muralismo, el colectivo les enseña su estilo de trabajo, que identifican como propio.
Vandalismo en las obras
Sin embargo, las orquídeas, los zorros y las mariposas plasmadas en muros y bajopuentes también se han visto afectadas por la disputa por el espacio público. Algunos de los murales contratados por el Distrito, a través del Instituto de Desarrollo Urbano, han sido vandalizados en distintos puntos de la ciudad, aunque no todos han corrido la misma suerte.
En la avenida NQS, por ejemplo, uno de los pasos inferiores intervenidos con animales en tonos amarillos y naranjas, donde aparecen capibaras, fue cubierto con letras conocidas en el mundo del grafiti. Aunque estas obras se realizan con pintura antigrafiti, lo que ha ocurrido es que las intervenciones vandálicas también se han hecho con este mismo tipo de pintura, lo que dificulta su borrado.
Esto no solo implica que los artistas deban volver a pintar sus diseños sobre la infraestructura dura de la ciudad, sino también una inversión adicional de recursos para restaurar estos espacios después de haber sido intervenidos.
TATIANA MORENO QUINTERO
REDACCIÓN BOGOTÁ







