La intrusión salina Magdalena es el fenómeno por el cual el agua salada del mar Caribe avanza río arriba debido a la disminución del caudal, modificando el equilibrio natural del afluente. La Corporación Autónoma Regional del Atlántico (C.R.A.) emitió una alerta preventiva sobre esta situación, tras identificar una reducción progresiva del caudal del río Magdalena entre junio y julio de 2026. Esta condición genera preocupación por el abastecimiento de agua potable en Barranquilla y Puerto Colombia.
El descenso en los niveles del río Magdalena puede permitir que la “cuña salina”, es decir, el avance del agua marina, se desplace desde Bocas de Ceniza hacia el interior del río. Este movimiento podría acercarse a los puntos de captación utilizados para el suministro de agua para consumo humano en estas ciudades. La estación limnimétrica de Calamar registró un nivel medio de 3,17 metros, cifra inferior al umbral de 4.000 metros cúbicos por segundo que, según estudios técnicos, es crítico para contener la intrusión salina.
¿Qué implica la intrusión salina Magdalena para el agua potable?
La principal consecuencia de la intrusión salina Magdalena es la afectación de las bocatomas de captación de agua dulce. Cuando el caudal del río no ejerce suficiente presión para repeler el avance del agua marina, esta se mezcla con el agua dulce, haciéndola no apta para el consumo. La C.R.A. señaló que la bocatoma de Puerto Colombia, ubicada aproximadamente en el kilómetro 7 del río Magdalena, es la más expuesta a este riesgo.
Para Barranquilla, el panorama sería más extremo si los caudales continúan disminuyendo. La autoridad ambiental estima que, con niveles cercanos a los 2.000 metros cúbicos por segundo, el agua salada podría alcanzar hasta el kilómetro 21 del río, en inmediaciones del puente Alberto Pumarejo. Este punto es vital para el suministro de la capital del Atlántico, lo que subraya la gravedad de la alerta preventiva.
Antecedentes y medidas de vigilancia
Este fenómeno de intrusión salina Magdalena no es inédito en la región. La C.R.A. indicó que las condiciones actuales guardan similitudes con las registradas durante el fenómeno de El Niño 2015-2016, uno de los periodos de sequía más severos que ha enfrentado Colombia. Desde principios de 2026, la entidad había recomendado una vigilancia especial sobre las bocatomas del Magdalena y el Canal del Dique.
Las autoridades ambientales mantienen un monitoreo constante del caudal y la calidad del agua. Según informes recopilados por El Espectador, ya en 2025 se realizaron seguimientos especiales en municipios del sur del Atlántico debido a bajos niveles del afluente, implementando medidas preventivas para garantizar la operación de las captaciones. La prevención y el monitoreo continuo son cruciales para mitigar los impactos.
Los puntos clave de la alerta y la vigilancia son:
Reducción de caudal: El principal motor de la intrusión salina.
Riesgo en bocatomas: Impacto directo en el suministro de agua potable.
Antecedentes históricos: Fenómenos de El Niño previos muestran la vulnerabilidad.
Monitoreo constante: Clave para detectar y actuar preventivamente.
Esta situación destaca la importancia de la gestión hídrica y la infraestructura de acueducto en el país. Para conocer más sobre los desafíos ambientales que enfrenta Colombia, puede consultar más noticias de Colombia.
