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“Si le digo a mis jugadores que se tiren del balcón, mi reto es que en dos semanas lo hagan”

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El Eintracht Frankfurt apostó fuerte y eligió a Albert Riera hasta 2028. Una decisión valiente para uno de los clubes con mayor presupuesto de Alemania… y para un entrenador que no suele pasar desapercibido. Llega para enderezar un rumbo torcido y con el mono de trabajo puesto desde el primer día.

El relevo se produjo tras la destitución de Dino Toppmöller a mediados de enero, después de empatar con el Werder Bremen. Dennis Schmitt asumió de forma provisional hasta que el club se decidió por el técnico español, ahora con la misión de levantar a un equipo en crisis: no gana desde el 13 de diciembre, tiene los puestos europeos a ocho puntos y cerró la Champions League como el cuarto peor del torneo, con solo cuatro puntos en ocho partidos. La Copa tampoco dio aire, eliminado por el Borussia Dortmund en segunda ronda.

Con ese paisaje, Riera marcó territorio en su presentación. Directo al balón y a la responsabilidad. “No quiero jugadores que se quiten responsabilidades dando pases atrás. Quiero el balón en futbolistas que puedan ser decisivos o dar asistencias. ¿Puede hacer eso el portero? No”.

La frase que encendió la sala llegó después, al hablar del vínculo con la plantilla. “Si le digo a mis jugadores que se tiren del balcón, mi objetivo es que dentro de dos semanas lo hagan”. Confianza máxima, compromiso total. El mensaje quedó claro.

El exfutbolista explicó que ha implantado tres normas innegociables en el vestuario. “Soy muy duro porque creo mucho en el respeto”. Primero, respeto. Después, el clásico: juegas como entrenas. Y la tercera, reflexión diaria: “¿Qué le estoy dando al equipo con balón y sin balón?”. Sin atajos y todos los días.

Un método claro

También dibujó la frontera entre lo profesional y lo personal. “Cuando salimos de este edificio, podemos tomarnos una cerveza o una copa de vino, reírnos, no hay problema. Pero cuando entramos aquí, muestren los dientes y estén desesperados por ganar”.

El control llega hasta el reloj. Riera confirmó una ruleta de multas para las impuntualidades. Castigo doble. Primero, económico: “Si te tocan el bolsillo y te hacen pagar dinero, duele”. Ese dinero va a un bote común para cenas o actividades del grupo.

La segunda parte es la que hace ruido. Trabajo para el club: limpiar las botas de todos, pasar una hora con el analista o incluso con el jardinero. “Para que sepan lo que significan esos trabajos”. Y el remate, con media sonrisa: “¿Quieres llegar tarde? No hay problema. Tienes un trabajo y todo se resuelve”.

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