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Asesino serial de adultos mayores en el Eje Cafetero hizo terrible confesión sobre su compañero de celda: “Lo veo dormidito”

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Asesino serial de adultos mayores en el Eje Cafetero hizo terrible confesión sobre su compañero de celda: “Lo veo dormidito”
Juan Carlos Villa Cardona expresó su desprecio por la humanidad – crédito Más allá del silencio/Instagram

Juan Carlos Villa Cardona es una figura inolvidable tras conocer su historia. Su frialdad y la forma cruel en que relata cómo ejecutó al menos 11 homicidios siguen siendo objeto de estudio por psiquiatras que tratan de entender el origen de tales crímenes.

En septiembre de 2025, el periodista Rafael Poveda, del pódcast Más Allá del Silencio, entrevistó a este peligroso criminal y consideró necesario realizar una segunda parte acerca de su caso.

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Por ello, Poveda regresó a la cárcel La Dorada (Caldas), acompañado de los psicólogos Jessica Riaño (neuropsicóloga) y Belisario Valbuena (forense y criminólogo), con el fin de descubrir otros aspectos de su personalidad que ayuden a comprender su “desprecio hacia la humanidad”, como él mismo ha afirmado en múltiples ocasiones.

Una de las confesiones más inquietantes que hizo Villa Cardona fue admitir de manera fría su inclinación a matar a su compañero de celda actual.

Durante la entrevista, discutió un momento clave de amenaza mortal hacia su compañero: “(…) cuando choco con él, lo veo dormidito, me siento a pensar, quisiera acabar con su vida. Solo necesito que me agreda (…) Estoy buscando la muerte”.

A continuación, añadió: “Quisiera acabar con su vida, pero como tengo la capacidad mental de controlarme, no lo hago. Me divierte porque sigo en la lucha entre el bien y el mal, pero me arrodillo y trato de ejercer el autocontrol”, declaró Villa Cardona.

Juan Carlos Villa Cardona confesó que ha considerado quitarle la vida a su compañero de celda – crédito Más allá del silencio/Youtube

El testimonio del asesino en serie muestra su día a día en un entorno de encierro extremo, donde la violencia es una opción constante. “Si me ponen a un hermano o a alguien que me haya traicionado en la celda, pelearé para que muera. O él muere, o muero yo”, afirmó.

Estas declaraciones esbozan un perfil criminal que no se siente culpable ni esconde su naturaleza. Al contrario, afirma: “No siento remordimiento por la humanidad. Para mí, el ser humano es como una gallina”, expresó el interno, dejando claro su perspectiva fría y calculadora, según lo mencionado por el especialista Valbuena.

Valbuena añadió: “No es una persona loca; es un individuo completamente consciente de la realidad, muy astuto, un observador atento del entorno. Es plenamente consciente de los crímenes que ha cometido.”

El especialista indicó que Villa Cardona muestra rasgos psicopáticos: incapacidad de entender emociones ajenas, ausencia de culpa y habilidad de manipular su entorno.

Una hoja escrita y una
Una hoja escrita y una simulación de sordomudez fueron las principales herramientas que utilizó Villa Cardona para ingresar en las casas de sus víctimas en áreas rurales de Risaralda – crédito iStock; Más allá del silencio podcast / YouTube

Durante las sesiones de evaluación, Villa Cardona mostró cambios notables en su comportamiento dependiendo del entrevistador. Con Valbuena, se comportó con control; con la neuropsicóloga fue diferente, y con Poveda, asumió una actitud más desafiante. “Fue interesante comparar los tres contextos. Demostró una mente estratégica y la capacidad para leer y aprovechar su entorno”, relató el psicólogo en el pódcast.

El testimonio de Villa Cardona incluyó la aceptación de su implicación en la muerte de al menos 11 personas.

Describió que sus crímenes seguían patrones definidos: primero la vena derecha, luego la izquierda, asegurando que la víctima no sobreviviera: “El corte en la derecha, justo allí donde está usted. Si logra sobrevivir, queda en coma, lo que significa que nunca volverá a vivir”.

De acuerdo a lo expuesto en el programa, la mayoría de sus víctimas eran adultos mayores, a quienes atacaba como resultado de una ira contra figuras parentales. “El abandono y la mentira de mis padres me generaban rabia hacia las personas mayores. Por eso mi patrón de víctimas es tan específico”, mencionó Villa Cardona.

Juan Carlos Villa Cardona, conocido
Juan Carlos Villa Cardona, apodado “el terror de Risaralda”, cumple una condena de cuarenta y tres años en La Dorada por múltiples homicidios – crédito FiscaliaCol / X

La neuropsicóloga Riaño examinó la infancia del reo. Desde los siete años fue criado por abuelos y una tía, separado de sus padres biológicos, un factor que, según Riaño y Valbuena, frecuentemente aparece en asesinos en serie, pero no es la única causa. Villa Cardona relató abusos, confinamientos y humillaciones, detallando cómo desde joven desarrolló estrategias de engaño y resentimiento.

El análisis forense determinó que Villa Cardona no presenta signos de psicosis, sino un cuadro de personalidad antisocial. “No encontramos indicadores de impulsividad; planea, organiza y utiliza una lógica propia de individuos utilitarios”, explicó Valbuena.

Incluso, la relación con su hijo fue considerada por los expertos como una herramienta emocional para manipular, más que evidencia de un afecto genuino: “Se apalanca en su hijo para generar empatía entre los demás, no por un verdadero afecto”, comentó el psicólogo forense.

En cuanto a la convivencia en prisión, los expertos detectaron señales de peligro inminente, ya que Villa Cardona reconoció situaciones conflictivas con otros internos y su incapacidad para tolerar a personas asociadas a su pasado. Por esta razón, el psicólogo recomendó de manera contundente que Villa Cardona no debe compartir celda con adultos mayores, dado el alto riesgo de violencia.

En su relato, el propio interno reveló la única alternativa para “perdonar” la vida a sus víctimas: “No dejo testigos. Si alguien me decía ‘creo en Cristo’, podía ser perdonado; de lo contrario, era solo otra víctima más”.

Además, mencionó que “la muerte me parece el descanso del ser humano; la admiro”. A pesar de esto, reconoció que le gustaría morir antes de llegar a la tercera edad; sin embargo, admitió que no sería capaz de suicidarse.

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