Economia
BID señala las 4 razones que lo explican

La productividad agropecuaria en Colombia avanza a un ritmo limitado y depende principalmente del aumento en el uso de insumos, según el informe “Productividad agrícola en América Latina y el Caribe: lo que sabemos y hacia dónde vamos”, del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), cuyo capítulo sobre Colombia revela que la productividad total de los factores (PTF) creció menos de 1 por ciento anual entre 2015 y 2023, mientras el país enfrenta una alta vulnerabilidad a los choques climáticos y persistentes brechas en infraestructura rural.
Vale la pena señalar que la productividad total de los factores (PTF) es una medida de eficiencia económica que evalúa la capacidad de una economía para producir más con los mismos o menos insumos.
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Productos agropecuarios fueron el segundo grupo más importante dentro de las exportaciones. Foto:MAURICIO MORNEO
Cuatro factores determinantes
El análisis del BID identifica cuatro factores centrales que explican la baja productividad reciente: los efectos del clima, las restricciones de acceso al crédito, las secuelas del conflicto armado y las limitaciones en infraestructura pública. Sobre el clima, el estudio señala que la agricultura colombiana es “altamente vulnerable”, lo que, según el análisis, reduce las ganancias productivas y aumenta la inestabilidad en los rendimientos.
En materia de financiamiento, el informe del Banco Interamericano de Desarrollo estima que un aumento del 1 por ciento en el crédito per cápita se asocia con un incremento de 0,014 por ciento en la productividad municipal, lo que sugiere que los flujos financieros tienen impactos significativos sobre el desempeño productivo.
La infraestructura vial rural, por otro lado, también muestra efectos relevantes. Una inversión adicional de 1.000 dólares en vías rurales por finca está asociada con un aumento del 0,7 por ciento en la productividad en el sector agrícola, según los resultados del estudio.
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“La desaceleración también se debe al bajo crecimiento de la productividad”. Foto:MAURICIO MORNEO
El informe incorpora, además, el impacto del proceso del posconflicto. En los municipios con presencia de la antigua guerrilla de las Farc, la producción se redujo en 4 por ciento tras el cese al fuego, pero la productividad en los hogares ubicados en esas zonas aumentó 46 por ciento, un resultado que el documento atribuye a la mejora en condiciones de seguridad y movilidad.
Otros instrumentos de apoyo estatal han mostrado resultados más limitados. Las transferencias de insumos, por ejemplo, —que representan una proporción considerable del gasto sectorial— no muestran efectos estadísticamente significativos en la productividad, lo que podría explicarse por falta de inversiones complementarias, dificultades en el acceso al crédito, limitaciones en asistencia técnica, ineficiencias en la focalización o problemas en la adopción de maquinaria.
La situación es similar en los servicios agrícolas, ya que el informe señala que no se evidencia impacto derivado de estos programas, posiblemente debido a su baja calidad, intensidad insuficiente o pertinencia limitada. “Estos hallazgos subrayan la necesidad de investigación adicional que permita identificar los factores que determinan la efectividad de los servicios agrícolas”, indica el documento.
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“Los flujos financieros tienen impactos significativos sobre el desempeño productivo”. Foto:MAURICIO MORNEO
Recomendaciones para el agro colombiano
En primer lugar, la escasa contribución del cambio tecnológico a la productividad subraya la importancia de generar y difundir tecnologías de vanguardia adaptadas al contexto. Estas deberían potenciar el desarrollo agrícola, teniendo en cuenta las condiciones agroecológicas, la vulnerabilidad climática y la diversidad socioeconómica de las distintas regiones.
El análsisi sostiene que la atención podría centrarse en las zonas donde el progreso tecnológico o la eficiencia técnica de la productividad han sido bajos respecto al promedio nacional, como el Eje Cafetero, la Región Centro Oriente y los Llanos.
Por otro lado, los servicios de extensión y la asistencia técnica bien diseñados pueden respaldar la adopción de tecnologías y prácticas mejor adaptadas, mejorando potencialmente el desempeño agronómico y de gestión, especialmente en la Amazonía centro-sur, la Región Centro Oriental y los Llanuras, “donde la contribución de la eficiencia técnica ha sido negativa o marginal para el crecimiento de la productividad”.
En segundo lugar, el estudio indica que es esencial ampliar el acceso a los programas de crédito rural, especialmente mediante la simplificación de requisitos, la reducción de asimetrías de información y la adopción de mecanismos de inclusión financiera como la banca digital, mientras que la participación del sector privado, de acuerdo con el infome, debería incentivarse mediante instrumentos que mitiguen los riesgos asociados al crédito agrícola, como la estacionalidad y los choques climáticos.
El informe también indica que se debería priorizar el acceso financiero para comunidades vulnerables como mujeres, pueblos indígenas y comunidades afrocolombianas, que históricamente han estado excluidas de los mercados financieros.
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“La productividad en los hogares aumentó 46 por ciento”. Foto:Abel Cárdenas. Archivo EL TIEMPO
Un tercer eje se centra en el uso eficiente de la tierra en zonas de posconflicto, donde las políticas de restitución, formalización o reactivación productiva “deben estar acompañadas de evaluaciones técnicas de la productividad del suelo, asistencia técnica y acceso a tecnologías apropiadas”. Asimismo, sugiere implementar mecanismos que eviten la expansión de la frontera agrícola y promuevan un uso sostenible del territorio.
Como cuarta recomendación, el estudio sostiene que las persistentes deficiencias en la infraestructura rural limitan la conectividad, dificultan el acceso a los mercados y reducen la rentabilidad de la actividad agrícola. Si bien el suministro de insumos puede aliviar las limitaciones a corto plazo, sus efectos a largo plazo son más limitados.
“Los subsidios a insumos pueden sustituir las compras privadas que se habrían realizado igualmente o incentivar su uso incluso cuando no son rentables, generando mayores costos ambientales. En cambio, las inversiones en infraestructura abordan barreras estructurales que los productores no pueden superar de manera individual y generan efectos de derrame a lo largo de las cadenas de valor”, indica el informe.
Ahora, desde una perspectiva de política pública, el análisis menciona que el fortalecimiento de las redes de transporte rural debería ser un componente central de la estrategia de desarrollo rural de Colombia, ya que reduce los costos de transacción y mejora el acceso a los mercados.
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“Fortalecer capacidad institucional de entidades públicas y ofrecer incentivos al sector privado”. Foto:ANT
Dado que la variabilidad climática representó más de un tercio del crecimiento nacional de la productividad total de los factores (PTF), el informe manifiesta que se requiere una transformación estructural gradual que disminuya la sensibilidad de la producción agrícola de la variabilidad climática.
Esto incluye promover prácticas adaptativas que incorporen la sostenibilidad, el uso eficiente de los recursos, la diversificación productiva, la restauración de ecosistemas y la gestión integrada del territorio.
También requiere desarrollar y difundir sistemas estratégicos de información agroclimática que prevengan las pérdidas de cosechas al apoyar la toma de decisiones mediante calendarios de siembra mejorados, sistemas de alerta temprana y pronósticos climáticos.
El documento también pide revisar la estructura y calidad de los programas de insumos y servicios, y pasar de transferencias aisladas a paquetes integrados que combinen tecnologías mejoradas, crédito, conexiones con mercados y servicios de apoyo orientados a transferir conocimientos, tecnologías y buenas prácticas para mejorar la productividad, especialmente en el sector agropecuario.
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“Implementar medidas que eviten expansión y promuevan el uso sostenible del territorio”. Foto:MAURICIO MORNEO
El agro, un sector clave en la economía nacional
El informe indica que la agricultura continúa siendo un sector clave en la economía nacional que aporta el 9 por ciento del PIB, emplea al 14 por ciento de la fuerza laboral y representa el sustento de millones de hogares rurales, equivalentes al 17 por ciento de la población. En el 2024, los productos agropecuarios fueron el segundo grupo más importante dentro de las exportaciones, lo que confirma su relevancia para la balanza comercial.
Pese a esta importancia, el país mantiene un rezago productivo. Colombia, uno de los países más biodiversos del mundo, tiene cerca de 42,9 millones de hectáreas de frontera agrícola, equivalentes, aproximadamente, al 37,6 por ciento del territorio nacional, y produce una amplia variedad de bienes, entre ellos café, flores, banano, arroz, aguacate, frutas tropicales, aceite de palma, entre otros.
Sin embargo, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) señala que la participación del sector en la economía nacional ha disminuido: “Esta caída se explica en parte por el proceso de desarrollo de Colombia y por la creciente importancia del sector de servicios, pero también por el bajo crecimiento de la productividad”.
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El estudio indica que la producción agropecuaria creció en promedio 2,4 por ciento anual entre 1961 y 2021, por debajo del promedio regional de 2,9 por ciento. Aunque en ese periodo la PTF aumentó a un ritmo de 1,5 por ciento anual. “Cuando los costos ambientales se incorporan bajo un esquema de ponderación del 10 por ciento, el crecimiento de la productividad se reduce a la mitad, reflejando el impacto ambiental negativo que deriva de la producción agrícola”.
En conjunto, el informe destaca que la productividad agrícola de Colombia ha aumentado modestamente en las últimas décadas, pero este lento progreso ha limitado la capacidad del sector para impulsar un crecimiento económico sostenido.
El análisis concluye al resaltar la importancia de priorizar las inversiones en bienes públicos que fortalezcan tanto la eficiencia técnica como el progreso tecnológico y, además, mejorar la investigación agrícola, los servicios de extensión y la infraestructura rural, que, de acuerdo con el análisis del BID, puede crear las condiciones propicias para aumentar la productividad a largo plazo, mientras que ampliar el acceso a los servicios financieros garantiza que los productores cuenten con los recursos necesarios para invertir, innovar y adaptarse.
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