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Economia

“Guillermo Puyana Ramos: Elevando la Alianza Estratégica entre Colombia y China”

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Guillermo Puyana Ramos, líder de la Asociación de la Amistad Colombo-China.

Foto: Richard Alberto León Muñoz

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En esta semana dialogué con el abogado Guillermo Puyana Ramos, destacado en el ámbito del derecho penal y la criminología, a quien conozco desde hace 25 años porque fue nuestro asesor legal en la revista Cambio. Es graduado de la Universidad de Los Andes, ha sido conjuez de la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia, es docente, conferencista y columnista. Es especialista en la historia y

la cultura de China y desde 2020 es el líder de la Asociación de la Amistad Colombo-China, donde ya había ocupado los cargos de secretario general y vicepresidente.

¿Por qué se estableció en 1977 la Asociación Colombo-China?

Porque se congregaron destacados colombianos unidos por el interés hacia China, una conexión cultural más que ideológica, y porque comprendían que era inviable que nuestra nación tuviera una política exterior efectiva sin contar con relaciones con el país más significativo de Asia. Entre los fundadores se encontraban el exministro Guillermo Perry Rubio, Jorge Cárdenas Gutiérrez (ex presidente de la Federación Nacional de Cafeteros, recientemente fallecido), José María Gómez Osorio, Luis Villar Borda (quien fue embajador de Colombia en China), José María Gómez (quien también cumplió funciones como embajador en China), Francisco Ortega (ex gerente del Banco de la República); Daniel Samper Pizano, Lia de Ganitsky, Salomón Ganitsky, Jaime Moreno, Graciela Gómez, Joaquín Vélez y mi padre Guillermo Puyana Mutis (quien fue ministro consejero y encargado de negocios de la embajada de Colombia en China). Ellos constituyeron la asociación iniciando relaciones con China, y la entidad ha perdurado como la única de este tipo en América Latina con una trayectoria de casi 50 años.

A nivel gubernamental, en 2025 se conmemoran 45 años de relaciones diplomáticas con China. ¿Qué implica hoy eso?

Tiene una connotación muy especial porque Colombia no llegó temprano a estas relaciones en el contexto latinoamericano, a pesar de ser un país del Pacífico y de que desde la administración de Alfonso López Michelsen se hablaba de la relevancia de Asia. Primero lo hicieron Perú, Chile, México, Argentina y, por supuesto, Cuba. Nuestra llegada se produjo cuando ya se había renovado el reconocimiento de la República Popular China en las Naciones Unidas, lo cual ocurrió en 1971. Ya se había realizado la visita del presidente de Estados Unidos, Richard Nixon, a China en 1972 y se habían normalizado las relaciones entre China y EE. UU. en 1979. Todas esas señales positivas se esperaron y maduraron hasta que en 1980 el presidente Julio César Turbay decidiera establecer relaciones con China.

Desde hace 25 años lo he escuchado hablar de China en diversos escenarios. Relate por qué desarrolló esa pasión por ese país y se convirtió en experto en su historia y economía.

Visité China por primera vez incluso antes de nacer, ya que mi madre viajó con mi padre. No hay un solo día en mi vida que no rememore conversaciones sobre China y los chinos en mi hogar. Cuando mi padre era diplomático de Colombia allí, coincidió con que terminé mis estudios universitarios y decidí mudarme a China en 1990, también por recomendación del profesor Eduardo Álvarez Correa, mi mentor en la Universidad de los Andes. Permanecí un año, regresé en visitas personales aproximadamente seis veces hasta 2009. Y regresé en varias ocasiones desde 2023, cuando los chinos reabrieron el turismo tras la pandemia, siendo la última vez en el pasado mes de febrero.

Recientemente lo vi en la Universidad Nacional en un seminario sobre China, y usted subrayó que hay que estar alerta porque “el sueño chino” es una realidad a la que el mundo no puede permanecer indiferente, en referencia a la notable recuperación económica que ha experimentado este país de 1.408 millones de habitantes, el cuarto en extensión después de Rusia, Estados Unidos y Canadá. ¿Por qué?

Porque el sueño chino, que no es solo un sueño del Partido Comunista, es la aspiración de los ciudadanos chinos que, tras el denominado ciclo de la humillación entre 1842 y 1949, identifican un camino para recuperar el vigor cultural y económico de una China fuerte y unificada, que aporta significativamente al mundo con una experiencia única en comparación con cualquier otra gran nación del planeta, ya que es la civilización

es una de las civilizaciones más antiguas. Ha realizado contribuciones muy significativas a la humanidad y experimentó un proceso de declive inexplicable, hasta alcanzar un punto inaudito que llevó a los chinos a dedicar 100 años a buscar una solución, basados en una historia tan resplandeciente. Obtuvieron la unidad en 1949, pero con mayor énfasis desde 1980 y después desde 2013 para ir recuperando su autonomía política y económica, la dirección de su nación y el objetivo de alcanzar la prosperidad común como clave para poder volver a ser un país que realiza una gran contribución al desarrollo de la humanidad.

En este momento estamos hablando del principal exportador del planeta, de la segunda economía global.

Depende de cómo se interprete, ya que es la economía más grande en términos de manufactura e industria. La segunda a nivel global. Sin embargo, si se considera el ingreso per cápita de China en comparación con el de Estados Unidos, está bastante rezagada. Así que, para ciertos aspectos, China es una gran potencia económica, comercial e industrial, pero en otros aún es un país que enfrenta necesidades para lograr el desarrollo económico integral de su población, y ese es el enfoque actual del gobierno y del Estado chino.

Sí. Genera el 30% de la producción manufacturera mundial. ¿Es el triunfo de un modelo socialista que no logramos comprender y valorar desde este lado del globo?

En términos chinos, podría definirse así: es el éxito del modelo socialista con características chinas, pero no se trata del triunfo del Partido Comunista en el sentido de que sea el modelo que ellos desean o esperan que sea asimilable en todo el mundo. Al contrario, en cuanto a política exterior, incluyendo la cooperación internacional para el desarrollo y las relaciones económicas con otros países, China parte del principio de respetar las identidades nacionales y las autonomías de los países. Estos resultados forman parte del proceso de explorar, ensayar, corregir y perfeccionar el modelo chino pensando en el bienestar de su población.

Reconociendo su relevancia como potencia global y el panorama que ha generado la política de Donald Trump desde Estados Unidos, ¿es urgente que Colombia revise y potencie sus relaciones con China para aprovecharlas más eficazmente?

Esta es la pregunta que se plantea actualmente, no solo en Colombia, sino en muchos países alrededor del mundo. ¿Qué oportunidades se presentan con China en medio de la crisis con EE. UU.? Indudablemente, como dicen los chinos, en cada crisis hay una oportunidad. Sin embargo, las posibilidades de ampliar nuestra relación con ese país en términos de comercio no deberían depender de si estamos en una situación crítica con Estados Unidos, sino del propio desarrollo de China, como ha ocurrido en otros países de América Latina. La presencia de China en nuestra región no se justifica porque Estados Unidos lo haya permitido, sino porque China ha ido configurando el mercado más grande del mundo. Debemos entender por qué otros países de América Latina han disfrutado de relaciones comerciales tan favorables con China. No es el caso de Colombia. Nuestro problema de exportación a China no mejorará en unos meses si no atendemos los mensajes que emite esa economía sobre dónde están las oportunidades y si no mejoramos internamente para poder integrarnos más a un mercado en el que nuestro nivel de exportación es absolutamente marginal. En este momento, menos del 4% de las exportaciones colombianas van a China.

¿Qué exportamos hacia allá, para que la gente comprenda?

Fundamentalmente petróleo y carbón. Eso representa el 82%. Luego siguen materiales de desecho de cobre y aluminio, café y otros productos. Esto ni siquiera refleja cómo Colombia exporta al mundo, porque…

Estamos enviando aproximadamente el 40% en el sector agrícola. Es bastante desproporcionado.

Por ello, enfrentamos un déficit de 14 mil millones de dólares. ¿Cómo lograr un equilibrio?

Es necesario impulsar la agricultura con la mirada puesta en el mercado chino y también optimizar la exportación de servicios como el turismo, para atraer a los chinos que visitan Estados Unidos o a las consultoras chinas que operan en EE. UU. Todo esto depende de que comprendamos cómo funciona la sociedad china, cómo son las familias y cómo se presentan sus regiones en el contexto de una China que se está redefiniendo rápidamente.

¿Luego de la pandemia, ha mejorado el intercambio comercial?

Los indicadores de prestación de servicios no. Proveníamos de un máximo en las exportaciones colombianas a China, que alcanzaron los 6 mil millones de dólares alrededor de 2014. Posteriormente, disminuyeron debido a la “crisis de las materias primas”, luego se recuperaron y, antes de la pandemia, superaban los 4 mil millones de dólares. La pandemia llegó y apenas se restablecieron a unos 3.600 millones de dólares. Existe una incapacidad de Colombia para insertarse con una política y con una oferta exportable atractiva y sostenida hacia China. Revisar los volúmenes y la capacidad de mantener ofertas exportables a largo plazo es un elemento crucial para Colombia, además de los problemas de infraestructura y estabilidad jurídica que enfrentamos.

Proporcione un ejemplo de exportación en el sector de prestación de servicios.

A medida que la población china envejece, surgen demandas de atención para los ancianos. En 2013, los chinos convocaron al mundo para que se hiciera dicha inversión. Los países que captaron el mensaje, en contraste con Colombia, han capitalizado las oportunidades. Nuestro país necesita identificarlas, estructurarlas y vincularlas a una política ambiciosa a largo plazo que no dependa de las fluctuaciones de nuestras relaciones con ningún otro país.

China debería ser uno de nuestros socios comerciales más destacados.

Es evidente que debería ser un colaborador comercial más relevante. Es claro que China tiene que ser un socio estratégico de Colombia en un nivel más elevado, ya que los chinos, en el contexto de su política exterior, han eliminado el término aliado hace mucho tiempo. Ellos se refieren más a asociaciones, a asociaciones estratégicas integrales de nueva era.

En todo caso, se escucha sobre inversiones chinas en Colombia, como en el Metro de Bogotá, la mina de oro más grande de Antioquia, hidroeléctricas, etc. ¿Qué más se puede anticipar que no sepamos?

Más bien, ¿qué debería llegar que no estamos promoviendo? Porque esas son inversiones que se han consolidado de años anteriores. Si uno le pregunta a las personas que han estado allí, qué caracteriza a la China actual, le dirán que el orden urbano de sus ciudades, la calidad de su infraestructura y la calidad de su tecnología. Aquellos que ya tienen un poco más de conocimiento entenderán la transición hacia una economía ambientalmente sostenible, a pesar de que la percepción en Occidente aún sea contraria. China aún tiene mucho que ofrecer a Colombia en términos de desarrollo de infraestructura. Debemos observar en qué áreas son más exitosos y dónde existen más oportunidades, además de las megaobras. Por ejemplo, en septiembre del año pasado, los chinos publicaron un documento sobre vías terciarias que es fascinante. Al leer el estudio, se puede ver reflejada Colombia en términos de sus requerimientos y uno podría pensar que sería excelente que el gobierno colombiano pudiera articular una política para atraer la tecnología, las inversiones y la experiencia china, desde la planificación hasta el mantenimiento final de las vías.

¿Cómo avanzar en estos pasos considerando la presión de la política estadounidense?

Reaccionando. La vivencia de los países de América Latina indica que todos han logrado establecer vínculos muy sólidos con China, manteniendo una relación relativamente equilibrada con Estados Unidos, incluso si en ocasiones expresan desacuerdos por casi cualquier acción en ese ámbito. No deberíamos articular nuestra relación con China en relación con EE. UU., sino en función de las exigencias de desarrollo de Colombia. Es esencial conservarla como un recurso en la política exterior colombiana. No es algo imposible, no es un laberinto sin salida. Los estadounidenses tampoco nos han colocado en un laberinto sin salida respecto a China y los chinos.

Recientemente, usted escribió un artículo en “El Espectador” donde mencionó: “Obstruir, contener o aislar es una locura insensata que pasa por alto el poder, la importancia y la magnitud de China en cualquier tema global”. ¿No fue excesivo?

No. La cuestión es que cuando me dicen que China ahora es significativa, respondo: ¿desde cuándo ha dejado de serlo? Cuando Nixon y Mao se encontraron en el 72, China era absolutamente impoverida, pero se alteró el equilibrio de la Guerra Fría cuando China superó el subdesarrollo y sacó 800 millones de personas de la miseria, aportando un 60% a la reducción de la pobreza en el planeta. Igualmente, cuando China, tras la pandemia, llevó a cabo el experimento de educación a distancia más trascendental de la historia. Sí, en China se está generando la mayor emisión de carbono, pero es la más baja per cápita entre los países industrializados y busca resolver un problema global medioambiental mediante la transición energética, la migración y la estabilidad económica.

Entonces, ¿hoy más que nunca es la única potencia capaz de hacer frente a Estados Unidos, más que Rusia?

Es cierto políticamente que Rusia no tiene el mismo nivel de integración global que posee China, y China no tiene las ambiciones de ejercicio del poder militar que presenta Rusia.

Pero se menciona un inminente ataque de China contra Taiwán, similar a lo que Rusia hizo con Ucrania.

El único riesgo geopolítico que China considera que podría desencadenar un uso de la fuerza militar es una amenaza a la soberanía en relación con Taiwán. Esto requeriría una serie de condiciones que actualmente no existen, como la invasión de Taiwán, la presencia de tropas extranjeras o la declaración de independencia. Sin embargo, en la historia china no se encuentra un precedente de acción militar para extender el poder territorial más allá de sus fronteras naturales. Es el único país miembro del Consejo Permanente de las Naciones Unidas y del Consejo de Seguridad de la ONU que no ha estado implicado en un conflicto militar fronterizo ni exterior desde 1980. El último enfrentamiento que tuvo carácter de guerra fronteriza fue con Vietnam y se resolvió. Por lo tanto, confundir el poderío militar de China, que es un requisito para preservar su soberanía y su independencia económica, con la noción de expansionismo militar no tiene fundamento en la larga historia de China, ni en su historia contemporánea.

Esperemos que así continúe. La Asociación de Amistad Colombo-China, que usted dirige, mantiene iniciativas educativas sobre China en Colombia, especialmente en universidades de las regiones. ¿Por qué?

Después de la pandemia, hemos centrado gran parte de nuestra actividad en las regiones, porque allí hay necesidades muy significativas de entender a China y porque en Bogotá existen numerosas entidades que ya colaboran con China. Desde este año, hemos reanudado el programa de viajes que hemos implementado desde los años 80. Somos la institución que más ha fomentado viajes de conocimiento a China. Los colombianos van al menos

a seis metrópolis y todos llegan con una perspectiva bastante modificada respecto al concepto preconcebido que poseían. Nada se compara a la vivencia directa de estar en China y contemplar la asombrosa metamorfosis.

¿Qué es lo que más lo sorprende actualmente?

La calidad de vida de la población es una de las cosas que más asombran. En urbes que poseen tres veces el tamaño de Bogotá tanto en extensión como en habitantes y carecen de residuos, no presentan desorden en su circulación vehicular, incluso durante los horarios más congestionados. Recordemos que China, en 1980, estaba más rezagada que Colombia. Por ende, observarlo desde la perspectiva de un país en desarrollo como el nuestro y notar que esto ha ocurrido nos demuestra que es factible superar los inconvenientes de la pobreza, alcanzar una economía calificada, una prosperidad compartida y una estabilidad económica general para la sociedad.

¿Es un buen instante para un “Viaje al oeste”, como el título de la célebre novela clásica china?

Por supuesto, porque la inflación en China es muy baja y la oferta hotelera es bastante amplia, lo que reduce los costos. Un hotel de alta gama en Colombia, perteneciente a una cadena internacional muy reconocida, puede ser cuatro veces más caro que un hotel de categoría superior de esa misma cadena allí.

Otra manera de acercarse a China es a través de la literatura. En 2015, tuvimos el privilegio de conocer aquí en Bogotá al Premio Nobel de Literatura 2012, el chino Mo Yan, quien participó en la Maestría de Escrituras Creativas de la Universidad Central, y nos mencionó que percibía numerosos puntos de convergencia con Colombia, comenzando por Macondo, el universo de las novelas de García Márquez.

No somos tan diferentes en ciertos aspectos y en otros quizás sí, pero si tuviera que comparar a un chino con un colombiano, diría que se asemejan en su inquebrantable capacidad de optimismo, aunque para los colombianos esto resulta un poco más complicado. Los chinos no habrían podido alcanzar este nivel sin una gran fe. La amabilidad de los colombianos, esa disposición a ayudar, es similar en China. La gente es curiosa y se ha vuelto muy receptiva hacia los extranjeros. Todo lo que voy diciendo en el poco chino que conozco lo expongo de forma incorrecta, pero nunca me ha ocurrido algo opuesto a lo que busco.

Entrevisté a Fan Ye, traductor oficial de García Márquez en China. Él es docente en la Universidad de Pekín y me comentó que cada vez recibe más estudiantes interesados en la obra del Premio Nobel colombiano. Eso impresiona.

Impacta, sobre todo porque la labor de traducir textos al chino es sumamente compleja, particularmente en valores abstractos como lo sagrado, absoluto, eterno. Es notable observarlos tratar de reproducir la riqueza y vitalidad del lenguaje de García Márquez. Es uno de los retos culturales más fascinantes que existen, incluyendo la traducción de textos chinos al español o a cualquier otro idioma. Que un escritor como Mo Yan represente el realismo mágico de China es una referencia cultural muy significativa que debemos considerar, lo que habla excelentemente de la apreciación que tienen los chinos hacia nosotros. Todo esto nos conecta.

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