Colombia
Colombiana en Estados Unidos solicitó a Petro interceder para la deportación de su esposo, detenido por agentes del ICE: “Mande los aviones”

Una ciudadana colombiana viviendo en EE. UU. se dirigió al presidente Gustavo Petro para relatar la situación de su pareja, afectada por las redadas migratorias del ICE.
“Solo le pido al presidente que los busque o los lleve esposados. Prefiero que mi esposo esté cuatro horas esposado, pero que tenga libertad y no esperando aviones del gobierno”, expresa la connacional, enfrentando la angustia que sufren numerosas familias migrantes.
Esto ha sido especialmente complicado desde que se intensificaron las redadas bajo la administración de Donald Trump.
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Las políticas migratorias de la administración han generado un ambiente de miedo y persecución afectando a comunidades enteras.
“Ya tengo que salir con mi green card a la calle. Es algo nunca visto. ICE está en todas partes”, cuenta Peralta en una entrevista con Caracol Radio – W.
Ella vive en San Antonio (Texas) con su hija, mientras su esposo ha estado detenido por el Servicio de Control de Inmigración y Aduanas desde hace dos meses.
Karol reside en EE. UU. desde hace cuatro años. Su esposo, que llegó hace tres años, trabajaba localmente con permiso y tenía su documentación en orden.
“Mi esposo trabajaba en una gran empresa aquí en San Antonio, con su permiso de trabajo y todos sus documentos en regla”, comenta Peralta.
La familia gestionó una petición familiar I-130 para reunificación, y el hombre ingresó a EE. UU. en 2023 bajo un parole humanitario del gobierno estadounidense.
“Él entró con el parole, no ilegalmente; tenía su permiso de trabajo, su número de seguro social y pudo obtener su licencia”, detalla Peralta en una conversación con la periodista Vanessa de la Torre.
La vida familiar cambió drásticamente. Una tarde, al salir a hacer compras, la policía detuvo al esposo de Karol y le pidió la licencia.
“Cuando tienen parole, las licencias son condicionadas por cierto tiempo”, expone la mujer.
Los agentes indicaron que debía ser arrestado por “no tener estatus legal”, enfatiza Peralta.
Ella tuvo que decirle al agente: “¿Cómo no tiene estatus legal si tiene todo, su permiso de trabajo y su documentación? Me respondieron que eso pertenecía al gobierno anterior y que ahora eso no era un estatus legal”.
Para Karol, la contradicción es clara: “El gobierno le otorgó esos documentos y le permitió entrar”.
Su pareja fue llevado al centro de detención Carne Immigration, a una hora de distancia de su hogar.
Durante dos días, no tuvieron noticias. “Fue devastador. Lo arrestaron un jueves y supe de él hasta el sábado. Fueron dos días de incertidumbre”, recuerda.
“Hablo con él por teléfono, pero es caro. Tengo que recargar mi teléfono con 50 dólares a la semana para que pueda llamarme”, comentó Karol en la entrevista radial.
La fianza requerida por su abogado fue rechazada a pesar del soporte de la empresa donde trabajaba su esposo y de un patrocinador militar.
“A todos se los han negado. Les dijeron que no aceptan nada y que solo lo van a deportar”, lamenta Karol, quien ante la imposibilidad de permanecer en EE. UU., afirma que su esposo firmó una salida voluntaria el seis de diciembre, sin que su deportación se haya concretado aún.
“Mi esposo está muy afectado, deprimido”, confiesa Karol al notar su tristeza tras regalarle una flor en una visita, y al enterarse que fue sancionado con cuatro sábados sin poder recibirla.
A pesar del sufrimiento, Karol resalta que su situación, aunque difícil, no es la peor: “Estoy agradecida porque tengo residencia y no enfrentando las situaciones que viven otras familias que les quitan a sus hijos”.
La respuesta institucional ha sido lenta. “Llamé al consulado colombiano y me informaron que ICE tiene noventa días para mandarlo de regreso a Colombia. Si no lo hacen en ese tiempo, es cuando comienzan a gestionar”, indicó la colombiana.
Además, asegura que la repatriación depende de la llegada de vuelos de la Fuerza Aérea solicitados por el presidente Gustavo Petro.
“Ellos no quieren que los envíen esposados, sino sin esposas. Por eso, el presidente manda los aviones, pero este año no han llegado aviones a recoger a nadie aquí en Texas”, relata la mujer al medio colombiano.
Karol se siente aislada ante las instituciones, pero encuentra respaldo en su círculo cercano. “He recibido ayuda de la escuela donde trabajo y de varios amigos; aquí uno se siente solo sin una red de apoyo, pero nos hemos unido varios colombianos que estamos pasando por lo mismo”, comparte, sin perder la esperanza.
Entre los migrantes, se ayudan económicamente y se apoyan en un tiempo de incertidumbre y temor.
En un mensaje a las autoridades colombianas, Karol declara: “Solo le pido al presidente que, por favor, mande los aviones y se los lleven. Mi esposo ya no quiere estar ahí. Ha caído en depresión”.
Si no es posible, solicita que se permita la deportación, aunque sea esposado, para que puedan salir de la detención. “Prefiero que mi esposo esté cuatro horas esposado, pero libre, que esté en espera”, implora.
Esto es crucial, dado que muchos viven con el miedo de salir a trabajar o enviar a sus hijos a la escuela debido a la omnipresencia del ICE.
“Muchos no pueden trabajar, los niños no pueden ir a la escuela porque ICE está en todas partes”.







