Deportes
Cuando el fútbol se juega con brujería, maleficios y magia

El fútbol es un campo minado de supersticiones y escepticismo. Existen miles de historias asociadas a maldiciones, santería y hechicería, como si fueran sacadas de un cuento de fantasía, pero lo ocurrido en la final de la Copa Africana de Naciones llegó a otro nivel tras ser asociada con magia negra y brujería. Fue un partido surrealista, increíble de creer para este fútbol moderno en el que, en la mayoría de ocasiones, se imponen la táctica, las superestrellas y el dinero.
La final entre Marruecos y Senegal es digna de una película de ciencia ficción. El partido estuvo lleno de polémica y misticismo… hasta se habló de magia negra. Rabat, capital de Marruecos, fue la sede del juego; todo estaba preparado para ver a su seleccionado campeón, pero nada de eso ocurrió y una “toalla mágica” fue objeto de discordia en una Copa de África conquistada por Senegal.
Tiempo de descuento, el árbitro Jean-Jacques Ngambo pitó un penalti a favor de Marruecos. Los jugadores senegaleses abandonaron el campo furiosos. Minutos después regresaron para la ejecución del penalti, y ahí apareció la toalla azul.
El cotidiano objeto pasó a ser un amuleto peligroso. Achraf Hakimi, capitán de Marruecos, la tiró lejos de la portería. El lateral senegalés El Hadji Malick Diouf la devolvió a su lugar.
El arquero Édouard Mendy le paró el penalti a Brahim Díaz y la toalla pasó a ser el talismán más buscado en el extra tiempo. Yehvann Diouf, portero suplente de Senegal, la protegió como si fuera su vida; la custodió de los recogepelotas marroquíes que pretendían quitársela a la fuerza. Fue una imagen que le dio la vuelta al mundo y describió lo que es el folclore y las creencias del fútbol africano, siempre rodeado de supersticiones.
Sadio Mané Foto:EFE
¿Qué tenía de especial la toalla azul? Los aficionados marroquíes interpretaron que era una especie de objeto mágico que usaron los senegaleses para ganar. El diputado marroquí Mohamed Simou apuntó contra el campeón por practicar magia negra mientras los jugadores volvían al campo y pidió el arresto del árbitro por permitir que el partido continuara.
África es la cuna de todo tipo de supersticiones y hechos asociados a la brujería. En noviembre del año pasado, la República del Congo clasificó al repechaje del Mundial tras superar a Nigeria en la repesca africana. Los nigerianos denunciaron que hubo magia negra en la tanda de penaltis que perdieron, al señalar que una persona del banquillo del Congo estaba practicando un ritual de vudú. La denuncia no prosperó.
Los rituales no solo se utilizan para ganar partidos. Semanas antes del Mundial 2022, el senegalés Sadio Mané se lesionó de gravedad en el peroné y su presencia en el torneo estaba descartada por la medicina. Fatma Samoura, por ese entonces secretaria general de la Fifa, señaló que el astro iba a ser sometido a un ritual esotérico con brujos para su recuperación, pero el método no funcionó y el jugador no tuvo un solo minuto en la Copa del Mundo.
Senegal ganó la Copa Africana Foto:AFP
No solo en África se dan estos sucesos increíbles en el fútbol asociados a la magia negra. Argentina es otro terreno lleno de supersticiones. Allí hay una famosa leyenda que habla de la maldición de Racing. En las calles de Avellaneda se comentó que un grupo de hinchas de Independiente de Avellaneda, su máximo rival, incentivado por un hechicero, enterró en 1967 los cadáveres de siete gatos negros en el estadio de Racing y le hizo un ritual para tener 50 años de mala suerte y cortar su buena racha. La Academia, que ese año fue campeón del mundo al ganar la Copa Intercontinental, entró en una espiral descendente que casi lo lleva a la desaparición.
El maleficio llegó al punto de que el club descendió a la B por primera vez en su historia en 1983. Juan Carlos ‘Toto’ Lorenzo, DT de la época, ordenó buscar los famosos gatos. Para sorpresa de muchos, encontraron seis de los siete cadáveres y en su lugar enterraron siete sapos para contrarrestar la maldición. Nada de eso pasó; el club entró en una grave crisis económica que casi lo desaparece en los 90, pero en unas excavaciones para remodelar el estadio El Cilindro en el año 2000 se encontró el séptimo gato –dice la leyenda– y meses después Racing se coronó campeón de Argentina con un gol del colombiano Gerardo Bedoya y cortó una racha de 35 años de sequía.
Carlos Bilardo (der.), junto a Diego Maradona, en Italia-90. Foto:La Nación -GDA
Carlos Salvador Bilardo, DT campeón con Argentina en el Mundial 1986, tenía un sinfín de supersticiones, cábalas o mufas, como dicen en el sur del continente. La más famosa pasó a ser la de Kiricocho, un hincha de Estudiantes de La Plata que cada vez que veía el entrenamiento de su equipo –relata la leyenda urbana– alguna desgracia pasaba. El técnico se percató de su presencia y se lo llevó a los partidos para saludar a los rivales, creando una superstición que se utiliza en el fútbol moderno cada vez que hay un penalti para desearle mala suerte al pateador.
Joan Capdevila, exlateral de la selección de España, no fue ajeno a la supuesta palabra mágica de 10 letras. Reveló que solo una vez en su carrera la utilizó: fue en la final del Mundial 2010, cuando Iker Casillas le atajó el mano a mano a Arjen Robben. Creer o reventar, pero la mufa funcionó y la Roja fue campeona del mundo.
Un caso que generó impacto en Argentina sucedió en 1994. La leyenda cuenta que la directiva de Quilmes recurrió a una bruja para echarle el mal de ojo a Gimnasia y Esgrima de Jujuy, que estaba peleando por el ascenso. Contrataron a una hechicera llamada Dora para el trabajo y le pagaron la mitad; ella hizo el embrujo, pero no le cumplieron con lo pactado porque el partido entre Quilmes y Gimnasia fue suspendido. La mujer, como venganza, le lanzó una maldición a Quilmes y el equipo no pudo ascender esa temporada tras perder hasta tres oportunidades para hacerlo. Los directivos, presionados por los hinchas, la trataron de contactar para revertir el embrujo, pero la mujer ya había muerto. En medio de la situación, le llevaron una costosa corona de flores a su tumba, algo que no funcionó.
Senegal ganó la Copa Africana Foto:AFP
Cuenta la leyenda urbana que, tras divagar por el fútbol de ascenso y coleccionar varias desgracias, un aficionado de Quilmes, en 2003, bautizó a su hija con el nombre de Dora para que la hechicera se “apiadara” de su club. Un año después, el equipo dirigido en ese entonces por Gustavo Alfaro logró el ascenso.
Instituto de Córdoba también protagonizó un caso de santería. Una empleada del club encontró atados a una caja dos patas de gallo y el pico. El hallazgo fue relacionado a un tema de brujería… un año después el equipo terminó en el último lugar de la B Nacional de Argentina.
Caos en la final de la Copa Africana Foto:EFE Y AFP
Una de las maldiciones más famosas del mundo en el fútbol la tiene el Benfica. En 1962, tras conquistar la Copa de Europa (hoy Liga de Campeones) al vencer en la final al Real Madrid, el DT y arquitecto del cuadro portugués, Béla Guttmann, les pidió a las directivas un aumento de salario. Su solicitud no solo fue negada, también fue la excusa para despedirlo del cargo y, antes de marcharse del club, lanzó el “embrujo”: “Ni en 100 años el Benfica volverá a ganar una Copa de Europa”.
El Benfica perdió las finales de la Copa de Europa en 1963, 1965 y 1968; parecía pura coincidencia, pero no lo es. Han pasado 64 años desde aquella maldición y el Benfica, además de las finales perdidas en los 60, perdió el título de la Liga de Campeones en 1988 y 1990, y tres definiciones de la Liga de Europa (1983, 2013 y 2014).
En Colombia también existieron historias llenas de supersticiones, la más famosa, la del América de Cali. En 1948, Benjamín Urrea ‘Garabato’ estuvo en desacuerdo con la decisión de la junta de profesionalizar el club y, ante esto, lanzó una maldición: “Que lo vuelvan profesional, que hagan del América lo que quieran, pero juro por mi Dios que nunca serán campeones…”.
Tras más de tres décadas de sequía, en 1978, un miembro de la asamblea del América le ordenó a Garabato acabar con la maldición con estas palabras: “Yo, Benjamín Urrea, eché una maldición al América y hoy le voy a levantar esa maldición con el permiso de Dios”. Un año después, el conjunto caleño fue campeón del torneo colombiano por primera vez en su historia.
Harold Yepes
Redactor de EL TIEMPO







