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El descenso es cíclico en el fútbol colombiano… (Opinión)

La noche del 2 de diciembre de 2025 quedará en la memoria rojinegra de Cúcuta. En el estadio General Santander, el club que tantas veces sufrió la adversidad volvió a sonreír: venció a Real Cundinamarca en la final del Torneo de Ascenso y certificó su regreso a la Primera División en una definición que se resolvió desde el punto penal (3-2 en la tanda decisiva tras un 2-2 en el global). La imagen de la ciudad celebrando, caravanas y un estadio lleno es la traducción de la esperanza colectiva.
Pero la misma fecha dejó otra postal menos glamurosa para el fútbol colombiano. En medio de la euforia, parte de la hinchada del Cúcuta agredió e insultó al máximo accionista José Augusto Cadena, quien tuvo que abandonar la cancha perseguido y víctima de insultos. Los videos que circularon en redes mostraron que la celebración, en sectores, se volvió en una confrontación con la dirigencia. La memoria colectiva guarda dolores y deudas del pasado.
El drama del Deportivo Pereira
Mientras en Cúcuta se festejaba el retorno deportivo, a más de 700 kilómetros de distancia la estructura institucional de otro club histórico tambalea. El Deportivo Pereira fue notificado por el Ministerio del Deporte por incumplimientos en obligaciones laborales y de seguridad social con sus empleados (jugadores). Ya se le informó la suspensión del reconocimiento deportivo y se le dio un plazo (reportado en 10 días) para demostrar la regularización de los pagos al plantel y al personal.
Deportivo Pereira Foto:Deportivo Pereira
Serán 10 días de agonía en la capital de Risaralda para saber si pagan lo adeudado, porque si no lo hacen, el club corre el riesgo real de perder su reconocimiento y, por ende, de desaparecer del sistema profesional o de perder la categoría por problemas administrativos.
Son, en síntesis, dos caras de la misma moneda: la euforia del ascenso y el drama de la insolvencia. Ambos fenómenos hablan más de lo administrativo, de los balances y de dinero, que del juego o de goles. Quedó claro que el ascenso del Cúcuta no borrará años de procesos (incluida la desafiliación de 2020 y su reconstrucción), ni permitirá que los hinchas olviden los fracasos anteriores. Y la crisis de Pereira debería ser una alarma para todo el tejido del fútbol profesional: la competitividad sin sostenibilidad administrativa se convierte en deuda, conflicto laboral y, finalmente, en riesgo institucional.
Cúcuta vs. Cundinamarca. Foto:Cúcuta
¿Cuál es la lección? Primero, que la administración importa tanto como el resultado en la cancha y que por más derrotas que soporten es más sencillo superar una mala campaña, que agujeros financieros extendidos y tapados con ‘pañitos de agua’.
Segundo, que los entes reguladores (Ministerio del Trabajo, Ministerio del Deporte, y Dimayor) deben mantener procedimientos rápidos y transparentes: sanciones, plazos y, sobre todo, mecanismos preventivos para que historias como la del Cúcuta antes o del Pereira ahora no se repitan.
Tercero, que el fútbol (dueños y directivos) deben ser transparentes (eso no es la declaración de renta) es someterse a auditorías periódicas, publicar estados administrativos esenciales (salarios, seguridad social, plan de sostenibilidad) y controles que impidan que la operación deportiva se convierta en un factor de riesgo social y económico.
Hay medidas inmediatas y de largo plazo, pero lo primero que debe existir es voluntad (de hacer por parte de los directivos de los equipos y de controlar por parte de los entes reguladores). La Dimayor o el Ministerio podrían exigir planes de viabilidad financiera para la participación en torneos, esquemas de “gobierno abierto” sobre todo cuando hay patrocinadores públicos como alcaldías, gobernaciones o licoreras (todo eso es plata pública y así debería ser su información). Y lo más importante, los clubes deben diversificar sus ingresos (patrocinios, marketing, escuelas formativas) no depender del dinero de derechos de televisión, de una taquilla o de encontrar al “próximo Messi”.
Álvaro López Bedoya, dirigente del Deportivo Pereira. Foto:Deportivo Pereira
El fútbol no es solo goles, celebraciones o tristezas, es empleo, es economía y hasta turismo. El contraste actual entre el Cúcuta y el Pereira es una invitación a reflexionar sobre lo que debe corregirse, porque hoy en el oriente del país celebran el ascenso ‘motilón’ pero solo hace cinco años estaban en el proceso del ‘matecaña’.
La pasión por sí sola no paga nóminas ni garantiza la supervivencia institucional. Sin administración seria, cualquier ascenso puede convertirse en un espejismo pasajero.
Opinión
Camila Espinosa Aristizábal
Para EL TIEMPO
@CamilaNoticia
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