Colombia
el testimonio del operario de Triple A arrollado por un joven ebrio en la Vía 40 que reclama justicia
Aldrin Antonio Dacunha Henry, operador de la empresa Triple A, habla hoy desde la rehabilitación de la tragedia que comenzó en la madrugada del sábado 2 de agosto, cuando realizó una reparación en la Vía 40 con calle 85, en Barranquilla.
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En su relato, el momento exacto del impacto está borrado: dice que no recuerda el choqueno siente haberlo visto venir y que solo volvió en sí horas después, ya hospitalizado, con un hematoma en la cabeza y un ojo inflamado. Esta casa editorial contactó al principal testigoun compañero de trabajo que lo auxilió y que cuenta que Aldrin intentaba hablar, pero le salía tanta sangre por la boca que no podía ni siquiera pronunciar algún fonema.
“Eso era impresionante, todavía no entiendo cómo lo chocaron si teníamos conos, estábamos orilladospero bueno (…) ese muchacho venía borracho manejando. El caso es que yo quedé impactado cuando mi amigo cayó por allá tiradocon un hueco en la cabeza que le derramaba sangre sin parar, así como por la boca. Agradezco a Dios que, pese al impacto, pude llamar a la ambulancia, avisar a la familia e irme con él (…) Pero lo vi mal, yo creí que Aldrin se me moría”, detalló el testigo en exclusiva a EL TIEMPO.
Aldrin asegura que lo que busca es que el caso no queda en silencio y que existe una salida justa. Foto:Cortesía familia Dacunha
Aldrin, por su parte, no tiene tan clara esa parte. él recuerda solo lo de antes: “Nosotros cogimos el turno a las nueve de la noche… como a las tres y media de la madrugada. ya habíamos colocado el material de reparación y estábamos recogiendo“, relata. Recuerda haber tomado una motobomba para subirla al carro. “Y cuando voy rumbo a la motobomba… no te puedo decir que sentí el impacto, porque no recuerdo más nada”, agrega.
La intervención estaba prácticamente terminada y el equipo estaba dispuesto junto al andénen el carril derecho, en sentido sur-norte, con maquinaria y vehículos alineados, pero aún así el siniestro sucedió. A partir de ese punto, la historia que cuenta Aldrin no se centra solo en el accidente como hecho noticioso, sino en lo que vino después.
Diagnósticos desalentadores, al menos cinco cirugías sucesivas, infecciones, largos períodos de hospitalización, trámites permanentes y, sobre todo, la sensación de que el proceso judicial y la reparación no han caminado al ritmo de las consecuencias que él enfrenta.
Un pronóstico crítico
Un compañero de trabajo fue el que lo auxilió y acompañó en la ambulancia. Foto:Cortesía familia Dacunha
Aldrin afirma que, en los días posteriores al accidente, su familia recibió un pronóstico preocupante. Según su versión, una junta médica le habría dicho a su esposa que existía una alta probabilidad de que quedara con secuelas severas de movilidad, un 80% de que quedara cuadraplejico. En su testimonio, ese fue uno de los momentos más difíciles para su familia: la incertidumbre sobre si volvería a caminar, hablar con normalidad o recuperar parte de su autonomía.
Su esposa narra haberle dicho al médico de turno que “se aferraba al 20% ya Dios para un milagro”lo que, hasta ahora, así va siendo. Cuenta que estuvo alrededor de 20 días en la Clínica Misericordia y que allí se plantó una cirugía de columna cervical que se fue aplazando.
En este punto, Aldrin cuestiona la demora en la intervención y dice que su familia pidió explicaciones sobre las razones de los aplazamientos y la disponibilidad de equipos para operarlo. No obstante, tenían múltiples excusas y tuvieron que intervenir la ARL de la empresa porque allí no le estaban haciendo nada. Según relata, posteriormente fue trasladado a otro centro médicodonde se determinará que sí requeriría otra intervención quirúrgica.
En su reconstrucción de los hechos médicos, Aldrin explica que en el nuevo centro asistencial fue sometido a cirugía de columna, pero que después Tuvo complicaciones que obligaron a nuevas intervenciones. Habla de un sangrado que derivó en una reintervención, y de una lesión adicional en la rodilla que, según afirma, no había sido detectada inicialmente. En su descripción, esa lesión se derivó en procedimientos de limpieza quirúrgica y manejo especializadoy más adelante en nuevas cirugías por infección y ajustes del material implantado.
“Fue fuerte”, repite varias veces. En su relación, la cronología médica sintetiza 5 operaciones, cuatro de ellas en la columna y una en la rodilla. Incluso menciona una cirugía particularmente relevante realizada el 4 de diciembre, en la que, según cuenta, le ajustaron material, tornillos y el manejo de vértebras por una infección que le generaba fiebre persistente.
Aldrin también señala que durante su estancia clínica habría adquirido varias bacterias intrahospitalarias. Aclara que aún está a la espera de resultados de cultivos y análisisy que su recuperación se mantiene bajo vigilancia médica por el riesgo de complicaciones asociadas a infecciones y al estado general de su columna.
A todo esto, le falta la de la clavícula. Cerca de su hombro, tiene otra lesión que ya un ortopedista le dijo que es para operación. Pero los trámites se han consumido vorazmente a su esposa; aunque no pierde la esperanza, afirman que le ponen “peros” como si ellos quisieran fastidiarcomo si ellos quisieran que Aldrin llegara a su sexta intervención quirúrgica.
“Lo que quiero es conciliación y justicia”: el reclamo por responsabilidad
Aldrin y su esposa, antes del accidente Foto:Cortesía familia Dacunha
Hoy Aldrin está en casa, recibiendo terapia física y terapia ocupacional, además de apoyo de enfermería, según disponibilidad. Explica que buena parte de sus tratamientos y controles dependen de autorizaciones de la ARL y de procesos administrativos que, según su percepción, no avancen con la urgencia que requiere un paciente en rehabilitación compleja.
Describa llamadas prolongadas, correos, mensajes, radicaciones y discusiones con áreas administrativas para obtener autorizaciones. Ese desgaste recae en gran medida sobre su esposa, que además de acompañarlo en la recuperación debe asumir la carga de coordinar traslados, controles y documentación. En conjunto, su narración dibujada una recuperación con visitas a especialistas que, según estimación, pueden sumar entre seis y ocho salidas al mes, dependiendo de las autorizaciones y la agenda médica.
Aldrin asegura que lo que busca es que el caso no quede en silencio y que existe una salida justa. Dice que su vida cambió de manera definitiva: pasó de trabajar con normalidad a dependiendo de terapias, controles, acompañamiento y trámites, con impacto económico y emocional para su hogar. En ese contexto, insiste en que no le parece aceptable que, mientras él sigue asumiendo secuelas, la persona que lo atropelló no haya enfrentado consecuencias proporcionales ni una ruta clara de reparación.
“Lo que se quiere es llegar a una conciliación”, explica. Lo plantea como un camino para reconocer el daño y buscar una forma de reparación, no como un deseo de prolongar el conflicto. En su testimonio menciona que existen dos rutas: un proceso penal y un proceso civil; Sin embargo, afirma que no han recibido llamados ni avances claros que les permitan entender en qué etapa están las actuaciones.
Sobre el conductor señalado como responsable, Julián Andrés Martínez Carrillode 21 años, natural de Sincelejo, Aldrin precisa que presentaba segundo grado de alcoholemiauna condición que quedó plenamente documentada dentro del proceso, nos cuenta.
Tras el impacto, el conductor fue capturado en el lugar de los hechos y trasladado a la Unidad de Reacción Inmediata (URI) de la Fiscalíadonde fue judicializado por lesiones culposas. Sin embargo, posteriormente fue dejado en libertad, sin que hasta ahora se haya realizado una audiencia que marque avances sustantivos en el proceso penal. ni una imputación que viva reflejada en consecuencias efectivas.
El responsable habría reportado grado 2 en la prueba de alcoholemia. Foto:Cortesía familia Dacunha
Ese punto es uno de los que más le genera inconformidad, ya que Mientras él continúa en recuperación, el caso parece detenido. A esa percepción se suma un elemento que Aldrin califica como especialmente sensible: recuerda que es hijo de Mónica Patricia Carrillo Choles, jueza del Juzgado de Circuito Laboral 003 de Santa Marta, una relación que, para él y su familia, incrementa la preocupación de que el proceso no avance con la celeridad ni la imparcialidad esperadas. En ese sentido, subraya que su solicitud no es de señalización, sino de plenas garantías de transparencia, para que el caso sea tratado sin privilegios ni tratos diferenciados.
Aldrin recuerda que, el día posterior al accidente, se produjo un único intento de acercamiento indirecto. Según su relación, una abogada vinculada al proceso se comunicó con su esposa y le planteó la posibilidad de hablar con la madre del conductor.
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La llamada, afirma, fue rechazada por el estado emocional en el que se encontraba su familia en ese momento, donde la gravedad de su condición médica así lo mediaba. Desde entonces, asegura, no ha existido ningún contacto formal ni un diálogo orientado a una conciliación o reconocimiento del daño causado.
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