Economia
empresas migran del integral al ordinario para contener golpe y estos son los cargos más afectados
El incremento del salario mínimo del 23 por ciento no solo elevó el piso salarial en Colombia. También desató un reordenamiento silencioso en las estructuras de compensación empresarial. Un estudio de la Federación Colombiana de Gestión Humana (Acrip), realizado en enero de 2026 con 216 organizaciones de todos los tamaños y sectores —68,1 por ciento servicios y 31,9 por ciento industria— muestra que el ajuste fijado por el Gobierno ya está generando alerta sobre los efectos colaterales del mismo.
Más del 14por ciento de las empresas consultadas ya decidió transformar salarios integrales en ordinarios como estrategia para mitigar el impacto financiero de la medida, y más de la mitad aún no define si seguirá el mismo camino.
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Como se recuerda, con el ajuste del samario mínimo este año, el llamado salario mínimo integral quedó en 22’761.765 pesos mensuales. Este valor corresponde a la suma de 13 Salarios Mínimos Mensuales Legales Vigentes (SMMLV), tomando como base el salario mínimo de 1’750.905 pesos, monto que incluye el factor salarial y la carga prestacional.
El fenómeno es más visible en niveles directivos. En alta gerencia, el 26 por ciento de las empresas que manejan este esquema salarial planea pasarlos a régimen nominal, mientras que solo el 18 por ciento los mantendrá. En gerencia media, el 39 por ciento migrará a salario ordinario y apenas el 7 por ciento conservará el integral. Incluso en gerencia general, el 25 por ciento mantiene como política dejarlo bajo régimen integral.
El ajuste del mínimo está tensionando no solo la base salarial, sino las escalas internas completas, advierte el estudio de Acrip.
“El incremento desmedido del salario mínimo fijado por el Gobierno ha impactado las finanzas de las empresas, llevándolas a crear estrategias para mitigar su impacto. Con este análisis evidenciamos que los esquemas salariales, la empleabilidad y, en algunos casos, el precio final para consumidores o usuarios, son los más afectados”, afirmó Juan Carlos Ramírez, presidente del gremio.
Alzas a dos velocidades
Aunque el 82,4 por ciento de las empresas sí incrementará salarios en 2026, los niveles están lejos del 23 por ciento oficial.
El promedio de aumento para personal base será de 13,3 por ciento, con máximos que llegan al 23 por ciento en algunos casos extremos. Sin embargo, la mediana en la mayoría de niveles organizacionales se ubica alrededor de 5,1 a 6,9 por ciento, dependiendo del cargo.
El contraste es evidente. El mercado laboral no puede replicar el 23 por ciento de manera generalizada. De hecho, el propio estudio recoge que uno de los principales retos de 2026 será mantener la competitividad salarial (72,7 por ciento) y evitar que los salarios técnicos se solapen con los de nivel base (71,3 por ciento).
“Una de las principales conclusiones es que el mercado laboral no tiene la capacidad financiera de aumentar los salarios al 23 por ciento”, enfatizó Ramírez.
Calendario apretado
El impacto no es diferido. El 47,1 por ciento de las empresas realizó incrementos en enero, el 22,8 por ciento lo hará en febrero y el 15 por ciento en marzo. Es decir, más del 85 por ciento ejecutará ajustes en el primer trimestre del año.
Esto significa que el choque de costos laborales se concentra en los primeros meses de 2026, coincidiendo con la reducción progresiva de la jornada a 42 horas y la entrada en vigencia plena de varios componentes de la reforma laboral.
El estudio también confirma que la conversión del salario integral no es la única estrategia. El 32 por ciento de las empresas implementó medidas de austeridad y reducción de gastos, mientras el 24 por ceinto aceleró procesos de automatización apoyados en inteligencia artificial.
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El efecto dominó ya es visible en el comercio. Según el más reciente sondeo de la Federación Nacional de Comerciantes – Fenalco, siete de cada diez empresas proyectan reducir personal en el primer semestre y más de la mitad reconoce no estar preparada para absorber los nuevos costos laborales.
El 31 por ciento prioriza subir precios, el 28 por ciento acelerar automatización y el 23 por ciento reducir planta. Dos de cada tres negocios han recortado o recortarán operaciones nocturnas.
Mercado en tensión
El estudio de Acrip muestra que el desafío no es ideológico sino matemático. El salario mínimo subió 23 por ciento, pero la estructura productiva —especialmente pymes y sectores intensivos en mano de obra— no logra acompañar ese ritmo sin ajustes colaterales.
El salario mínimo, adviertes desde el gremio, buscó fortalecer el ingreso de los trabajadores de menores ingresos. Pero en paralelo está redibujando el mapa salarial completo del empleo formal en Colombia.
