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Elpanorama del crédito en América Latina para 2026 es, en términos generales, de estabilidad. Así lo concluye Fitch Ratings en su más reciente ‘Latin American Credit Outlook’, que mantiene una perspectiva “neutral” para la mayoría de los sectores financieros de la región.
Sin embargo, detrás de ese promedio regional se esconden realidades muy distintas entre países, y Colombia aparece en una posición intermedia: con un sistema financiero sólido y resistente, pero enfrentando crecientes tensiones fiscales y un entorno político que añade incertidumbre.
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Según la firma calificadora, la resiliencia crediticia de América Latina estará respaldada por un crecimiento económico modesto, inflación en descenso y tasas de interés oficiales que, aunque siguen siendo elevadas en términos históricos, tenderán a bajar de forma gradual.
En ese contexto, los bancos, aseguradoras y entidades financieras no bancarias de la región mantendrían indicadores de capital y liquidez sólidos, aun cuando el crecimiento del crédito será moderado.
Para Colombia, el diagnóstico es relativamente favorable en el frente financiero. Fitch proyecta que el país crecerá cerca de 2,9 por ciento en 2026, por encima de economías como Brasil y Chile, y con una inflación que seguiría bajando hasta niveles cercanos a 4,9 por ciento.
En ese entorno, el sector bancario colombiano conserva una perspectiva “neutral”, sustentada en capital robusto, amplia liquidez y una calidad de activos que, si bien puede deteriorarse levemente por el menor dinamismo económico, no muestra riesgos sistémicos.
El mayor foco de alerta para Colombia no está en los bancos, sino en las finanzas públicas: Fitch. Foto:iStock
Las alarmas
“La fortaleza de los sistemas bancarios, la flexibilidad cambiaria y, en algunos casos, las reservas internacionales, siguen siendo pilares de estabilidad para la región”, señala Fitch. En el caso colombiano, estas variables han permitido absorber choques externos sin mayores disrupciones, incluso en un entorno internacional marcado por la incertidumbre sobre la política económica de Estados Unidos y un dólar más débil.
No obstante, el mayor foco de alerta para Colombia no está en los bancos, sino en las finanzas públicas. Fitch advierte que los déficits fiscales persistentes y el aumento de la deuda pública seguirán siendo un punto débil en varias economías grandes de la región, entre ellas Colombia.
De hecho, el informe recuerda que el país fue uno de los soberanos degradados en reciente oportunidad, precisamente por la falta de un ancla fiscal creíble que garantice una senda de consolidación después de 2026.
Este contraste es clave frente a otros países. Mientras Chile y Perú muestran avances graduales en el ajuste fiscal, y Argentina sorprende con un crecimiento más alto tras su severo ajuste macroeconómico, Colombia enfrenta un panorama más complejo, con presiones de gasto, alta sensibilidad política y un año electoral que podría retrasar decisiones estructurales.
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La región
A nivel regional, Fitch también destaca que el sector corporativo es la principal excepción al tono neutral del crédito en América Latina. Para las empresas no financieras, la perspectiva es “en deterioro”, debido a los altos costos de financiamiento, la debilidad del consumo y los riesgos de refinanciación. Aunque este riesgo es más visible en países como Brasil y México, Colombia no es inmune, especialmente en sectores intensivos en deuda o dependientes de la demanda interna.
Colombia enfrenta un riesgo doméstico más asociado a lo fiscal y político. Foto:Archivo particular
México, de hecho, representa el caso más crítico del informe. Fitch asigna una perspectiva “en deterioro” a varios sectores financieros mexicanos, debido a la incertidumbre por la revisión del T-MEC, el impacto de los aranceles estadounidenses y un entorno regulatorio más desafiante. En contraste, Colombia no enfrenta un choque externo de esa magnitud, pero sí un riesgo doméstico más asociado a lo fiscal y político.
En síntesis, el mensaje de Fitch apunta a que Colombia llega a 2026 con un sistema financiero resistente y bien capitalizado, alineado con la estabilidad regional, pero con una vulnerabilidad creciente en el frente fiscal que podría terminar trasladándose al crédito si no se corrige.
La resiliencia existe, pero no es inmune a las decisiones de política económica que se tomen —o se posterguen— en un año clave para el país, advierte el informe de la calificadora.
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