Economia
Fundación Rockefeller impulsa alimentación escolar en Colombia junto a CAF para combati

Tras la firma de un memorando de entendimiento con el CAF, la Fundación Rockefeller dio un paso importante, durante los últimos días, en su lucha por mejorar la calidad alimenticia de América Latina y el Caribe, teniendo a Colombia como un escenario clave en el que se visitarán tres regiones para fortalecer los programas de alimentación escolar.
En charla con Portafolio, Lyana Latorre, vicepresidenta de la Fundación Rockefeller para América Latina y el Caribe, explicó que esto hace parte de la visión que tienen en esta organización filantrópica, frente a que no basta con atender emergencias, sino que es necesario generar cambios estructurales en la sociedad, para favorecer un desarrollo sostenible entre sus ciudadanos.
¿Cuál fue el convenio firmado?
Es un acuerdo para trabajar en las áreas donde la fundación está enfocando su labor y en las que el banco también viene trabajando con fuerza en la región. Esto incluye alimentación escolar y sistemas de alimentación escolar, así como finanzas climáticas, acceso a energía y temas de salud relacionados con el clima.
Rockefeller Foundation apunta a generar cadenas productivas que ayuden a la comunidad. Foto:Ministerio de Educación
Estas son líneas de acción de la fundación no solo a nivel regional, sino también global, por lo que el momento es especialmente oportuno para empezar a consolidar esta alianza. Además, junto con el memorando, como es habitual en el enfoque de Rockefeller, arranca de inmediato un proyecto.
¿De qué se trata?
Lo que buscamos no es únicamente restablecer el marco de colaboración previsto por varios años, inicialmente tres con CAF, sino de comenzar de forma concreta con un proyecto de alimentación escolar enfocado en tres países, que son Colombia, Barbados y El Salvador. Allí se trabajará con organizaciones locales y con los gobiernos para mejorar los procesos de alimentación escolar.
¿Qué resultados esperan alcanzar?
Más que fijarnos en cifras puntuales en esta etapa, lo que buscamos es trabajar en el proceso, porque para la Fundación Rockefeller la gran apuesta es el lanzamiento de un acelerador en alimentación escolar. Esto es clave porque marca el contexto de lo que estamos impulsando como fundación.
Se puso en marcha un acelerador con recursos por algo más de US$80 millones, con el objetivo de llegar a 100 millones de niños adicionales en los próximos cinco años. Este acelerador trabajará con quince países y busca fortalecer y mejorar los sistemas de alimentación escolar.
Rockefeller Foundation apunta a generar cadenas productivas que ayuden a la comunidad. Foto:Imagen generada con Inteligencia Artificial – ChatGPT
¿Pero irán más allá de solo la alimentación?
Es importante entender la alimentación escolar no solo como el programa en sí, como el PAE en Colombia, que es el producto final, sino como todo el sistema que lo rodea. Ahí es donde está el mayor interés: en la cadena completa y no únicamente en la ración servida.
Alrededor de la alimentación escolar se generan oportunidades económicas concretas. Está demostrado que por cada 100.000 raciones servidas pueden crearse entre 1.300 y 1.400 empleos en toda la cadena: agricultura, proveeduría, logística y servicios. También se ha estimado que por cada dólar invertido en alimentación escolar puede generarse un retorno social de nueve dólares. Esas son las cifras que orientan nuestra acción.
¿Esa es la gran apuesta?
Uno de los principales focos de concentración o gran apuesta, como lo llamamos internamente, es la alimentación escolar. Primero, porque está totalmente alineada con nuestra misión de generar más oportunidades para las personas y mejorar sus condiciones de vida. En la alimentación escolar convergen varios factores clave para la región, entre ellos la seguridad alimentaria o la inseguridad alimentaria, según se mire, que es un tema crítico y con efectos comprobados en distintos frentes cuando no está cubierto.
Hoy en día, una de cada doce personas sufre hambre, y resulta impactante que en el mundo actual esa realidad persista. Además, cerca de un tercio de la población global no alcanza la dieta mínima nutricional requerida. Esto es especialmente relevante porque la nutrición adecuada incide directamente en el desarrollo cognitivo de los niños y también en el desarrollo físico de las personas. Está demostrado, además, que la inserción laboral futura guarda relación con la calidad de la alimentación recibida en los primeros años.
Lyana Latorre, vicepresidenta de la Fundación Rockefeller para América Latina y el Caribe. Foto:Cortesía – A.P.I.
¿A qué regiones llegarán?
Estamos revisando dos zonas puntuales. La fundación ya ha desarrollado iniciativas previas en Colombia desde el año pasado. De hecho, ya existe un proyecto en el norte de Antioquia —no vinculado a este nuevo acuerdo, sino anterior— y lo menciono porque la idea ahora es ampliar el alcance hacia otra región, posiblemente Cundinamarca.
También ya estamos trabajando con Bogotá en estos temas de alimentación escolar. No buscamos cubrir todo el país, sino concentrarnos en intervenciones focalizadas. Parte del enfoque de Rockefeller es trabajar a escala local, tan local como sea posible, ya sea a nivel municipal o departamental. Por ahora, la región con mayor probabilidad es Cundinamarca.
¿Hay buena cooperación en el país?
Se podría impulsar más, aunque también es cierto que se han venido haciendo bien varias cosas. Creo que el tercer sector, o sector filantrópico, ha tenido una transformación en los últimos cinco años, especialmente a partir del covid. Muchas veces de las crisis surgen oportunidades, y eso se ha visto en distintos países, no solo en Colombia, sino también en Brasil y México, donde el ecosistema filantrópico empezó a activarse de forma diferente.
El contexto filantrópico global cambió desde el año pasado, y es una realidad que esos flujos de ayuda financiera no volverán a ser como antes. Personalmente estoy convencida de que eso es positivo, porque impulsa una filantropía más orientada a la inversión social y al impacto social, integrada a la dinámica económica, y no basada únicamente en la caridad tradicional. Debe ser parte de la economía y de la integración productiva de los países.
Rockefeller Foundation apunta a generar cadenas productivas que ayuden a la comunidad. Foto:Héctor Fabio Zamora / Portafolio
¿Qué barreras persisten?
Para nosotros son cinco. La primera es pasar de coordinar a colaborar y cocrear entre actores. El segundo, movilizar más recursos para inversión social, dado que América Latina aporta cerca de 0,2%, muy por debajo de Norteamérica. El tercero es usar mejor los recursos disponibles, promoviendo la unión de organizaciones y evitando esfuerzos duplicados para ganar escala, sostenibilidad e impacto en los proyectos sociales.
El cuarto eje es trabajar desde lo local, con soluciones construidas desde el territorio y con escucha activa a las comunidades; ya que aunque los problemas globales se repiten en temas como agua, salud y acceso a lo básico, los enfoques deben adaptarse a cada contexto, y el quinto es fortalecer el ecosistema y acelerar la transición de cooperación tradicional hacia inversión social con impacto, continuidad financiera y articulación entre sector público, privado y social.
¿En qué otros sectores ven potencial?
La bioeconomía es, sin duda, una prioridad. Creemos que esta es una región con un potencial enorme en ese frente y es uno de los temas que queremos empezar a trabajar de manera específica para Rockefeller. El enfoque es cómo integrar la sustentabilidad de la naturaleza, no solo la sostenibilidad, dentro de cadenas de valor productivas, de forma que la protección ambiental esté conectada con desarrollo económico y generación de oportunidades.
Esto parte de un principio que es muy propio del trabajo de las fundaciones frente a cuidar a las personas que cuidan el planeta. Desde ahí se construye la lógica de la bioeconomía. No se trata únicamente de la relación del sector privado con la naturaleza, sino también de proteger y fortalecer a las comunidades y actores que hacen posible ese cuidado para que los procesos realmente funcionen. La bioeconomía, definitivamente, es uno de los ejes centrales.
DANIEL HERNÁNDEZ NARANJO
Periodista de Portafolio







