Economia
“Revival de Hidrocarburos: Lo que nos reveló la Cumbre Energética, por Ricardo Ávila”

Según sus organizadores, el acontecimiento es considerado como el principal encuentro anual del ámbito energético a nivel mundial. Aunque siempre habrá quienes opinen lo contrario, la realidad es que el CERAWeek, celebrado la semana pasada en la ciudad texana de Houston, reunió a los líderes de las corporaciones más destacadas de la industria a nivel global, además de alrededor de 10.000 participantes.
Quienes han asistido por años comentan que jamás vieron a tanta gente. Los corredores del hotel Hilton Americas –que alcanzó la ocupación total en sus 1.207 habitaciones– y del cercano centro de convenciones George R. Brown estuvieron abarrotados de lunes a viernes, al igual que las salas donde numerosos especialistas discutieron sobre el presente y el futuro.
Sin duda, el motivo del aforo récord fue la percepción de que hay nuevos aires para una actividad que parecía estar condenada hasta hace poco: la extracción y comercio de combustibles fósiles. Hace apenas un año, la entonces secretaria de Energía del gobierno de Biden, Jennifer Granholm, declaró a los participantes que la transición hacia fuentes de energía menos contaminantes era ineludible.
Cambio de enfoque
En cambio, el nuevo responsable de la cartera, Chris Wright, describió un giro de 180 grados. “La política de la administración anterior se centró de manera limitada en el cambio climático, con las personas como un daño colateral”, comentó. En la actualidad, añadió, hay una justificación ética a favor de los hidrocarburos por su rol en la reducción de la pobreza y en mantener precios bajos para los consumidores.
No se trata solo de petróleo y gas, sino también de carbón, considerado el insumo más contaminante en lo referente a emisiones que ocasionan el famoso “efecto invernadero”. Aunque el funcionario reconoció la realidad del calentamiento global, resaltó que este se produjo mientras aumentaba la esperanza de vida, cientos de millones de personas escapaban de la pobreza y se avanzaba en la medicina moderna. “Todo implica intercambios”, afirmó.
El secretario de Energía de Estados Unidos, Chris Wright, en la conferencia de energía Ceraweek. Foto:AFP
Dicha perspectiva refleja claramente el razonamiento de Donald Trump, quien, desde la campaña que lo llevaría de regreso a la Casa Blanca, abogó por facilitar un negocio restringido por diversas normativas y trámites. Los objetivos futuros de eliminar barreras se explican con la reciente creación del Consejo Nacional de Dominio Energético, el cual asesorará al presidente de Estados Unidos para conservar su liderazgo en este sector.
Conforme a la orden ejecutiva que lo estableció el 14 de febrero, esta nueva entidad optimizará los procesos para la obtención de permisos, producción, generación, regulación y transporte de todas las formas de energía de origen estadounidense. En última instancia, se busca potenciar a lo que ya es un actor de gran relevancia en el contexto internacional.
Diversas apuestas respaldan esta afirmación. Quizás la más significativa sea la de permitir la exportación de gas natural licuado en cantidades masivas a los cinco continentes. Considerado como el combustible fósil menos contaminante, su uso está proyectado a aumentar sustancialmente en comparación con las estimaciones de hace unos meses.
Esto implica no solo perforar más pozos, sino también construir todo tipo de infraestructura para llevar el combustible a los puertos y distribuirlo. En cuantoa los consumidores, la cola es extensa, entre otras razones porque esta representa una forma de equilibrar los desajustes comerciales que tanto inquietan a Washington.
Una parte del crecimiento está sostenida por “la certeza de que la necesidad de energía a nivel global va a incrementarse de manera exponencial”, según comentó Luz Stella Murgas, presidenta de Naturgás. Para la líder del sector, quien estuvo presente en Houston, “quedó evidente que el gas natural tiene un papel fundamental al momento de satisfacer una porción significativa de esas mayores demandas”.
¿De dónde proviene la certeza respecto a un uso más intensivo de la energía eléctrica? La justificación no únicamente se relaciona con el incremento proyectado de 2.000 millones de personas en la población mundial en las próximas décadas, sino también con la revolución tecnológica. Y es que los centros de datos que respaldan el desarrollo de la inteligencia artificial, además de demandar numerosos kilovatios, necesitan una fiabilidad absoluta en el suministro para que nunca se corte la electricidad. Esto requiere tener plantas de respaldo y conexiones seguras a una red más amplia.
Esa visión conduce a una concepción diferente a la que predominaba antes de Trump. Ya no se trata de reemplazar unas fuentes por otras, sino de añadir alternativas que incluyen las convencionales, así como energía eólica, solar y una nueva generación de instalaciones nucleares. En este sentido, no se habla tanto de transición energética, sino de agregación de fuentes de energía.
A todo esto, la inteligencia artificial también permitirá al sector operar de forma mucho más eficiente y disminuir costos. Desde perforar un pozo para incrementar su productividad, hasta lograr que las redes eléctricas funcionen mejor, son progresos que ya comienzan a observarse en la práctica.
Todo lo anterior conduce a la conclusión de que se avecina una auténtica danza de los millones, liderada por Estados Unidos. Dentro del imaginario trumpista, esta energía abundante y económica es la clave que abrirá la puerta a una nueva era de prosperidad. Por ello, la semana pasada se mencionó tanto a Maga (el acrónimo del lema Make America Great Again, o hacer a América grande de nuevo) como a Mega (Make Energy Great Again).
No obstante, tampoco faltaron en Texas los rostros de preocupación. Para algunos, la posibilidad de una eventual caída en los precios del petróleo, atribuible a un aumento en la oferta, trae de vuelta el recuerdo de crisis como la de mediados de la década pasada, cuando se registraron enormes pérdidas.
Para otros, sin embargo, el inconveniente es la geopolítica. Basta recordar que la Casa Blanca ha enfrentado a sus aliados tradicionales, como es el caso de Canadá. Si bien con el país vecino del sur la situación es algo menos tensa, no deja de ser simbólico que en las intervenciones realizadas en CERAWeek los ponentes hablaron del golfo de América y no de México, prestando más atención a Trump que a la historia.
En enero de 2025, la producción de petróleo se situó en 755.500 barriles diarios. Foto:Jaime Moreno. Archivo EL TIEMPO
Además, existen incertidumbres sobre lo que pueda ocurrir en el Medio Oriente, que sigue siendo una región clave en términos de hidrocarburos. Pero la mayor incógnita de todas es Rusia, ahora que Washington parece estar más cerca de Moscú que de las capitales al otro lado del Atlántico e insinúa un posible levantamiento de las sanciones impuestas tras la invasión a Ucrania. De ser así, el mercado internacional podría verse saturado de crudo de la noche a la mañana.
Sea como fuere, el mensaje subyacente es que el pronóstico sobre el inminente final de la era de los combustibles fósiles no se cumplirá. Lo predecible es que la demanda global de
El petróleo se dirige hacia los 110 millones de barriles diarios, mientras que la producción de gas natural se proyecta a alcanzar nuevos máximos y la de carbón fluctúe en torno a los 8.800 millones de toneladas al año.
A la par, las energías renovables continuarán su trayecto como un elemento crucial en la ecuación, aunque sin la posibilidad de reemplazar las otras variables. Proyectos como el de fomentar el hidrógeno verde parecen ahora mucho más distantes.
Una realidad distinta
Con esto en mente, el contraste con la situación nacional es palpable. Al finalizar su participación en CERAWeek, el exministro Tomás González expresó que “la conversación en Colombia está absolutamente desconectada de la internacional”.
Además, comentó que “mientras el mundo busca cómo acelerar la implementación de proyectos para evitar la escasez energética, el Gobierno en el país persiste en demonizar a los inversionistas, desestimando que solo el sector privado cuenta con la capacidad para llevar a cabo los desarrollos necesarios y que promover la competencia es lo que verdaderamente provoca la disminución de costos”.
Diversos factores respaldan estas afirmaciones. Para empezar, la posibilidad de un racionamiento eléctrico en el futuro próximo está claramente en aumento, dado que solo una pequeña porción de los proyectos destinados a ampliar la capacidad generadora ha sido ejecutada a tiempo y muchos permanecen en la incertidumbre. Situaciones como la virtual cancelación de todos los grandes parques eólicos en La Guajira generan un vacío que no puede ser sustituido en el corto plazo.
De igual manera, el sector de los hidrocarburos enfrenta un declive. Según las cifras más recientes, en enero de 2025, la producción de petróleo se situó en 755.500 barriles diarios, un uno por ciento menos que en diciembre y 31.000 barriles por debajo de la cifra al inicio del año anterior.
En cuanto al gas natural, el volumen comercializado alcanzó los 896 millones de pies cúbicos, lo que representa una disminución anual del 12 por ciento. Debido a esta situación, ha sido necesario recurrir a las importaciones para satisfacer la demanda habitual. Aunque el gobierno de Petro ha insistido en que el país puede abastecerse localmente, el mismo presidente solicitó esta semana que se realicen compras a Catar.
Más preocupante aún es que la caída parece que va a continuar. La razón es que la actividad muestra signos evidentes de contracción. Por ejemplo, en enero, el número de taladros en funcionamiento bajó a 101, un ocho por ciento menos que hace un año y medio centenar menos que en el comienzo de 2023.
Con una menor búsqueda, reemplazar las reservas que se consumen será considerablemente más complicado. Solamente en la categoría de perforación de nuevos pozos (la otra es reacondicionamiento), la disminución es del 34 por ciento.
Este panorama concuerda con los informes que revelan que la gran mayoría de las empresas intermedias presentes en el territorio nacional están reduciendo sus inversiones en favor de otros países como Argentina o Guyana. Factores como la carga impositiva y las crecientes dificultades en el orden público y en el manejo de las comunidades han influido en la decisión de cerrar negocios en un lugar que ya fue abandonado por las grandes multinacionales.
El país debe garantizar la perforación de pozos para no depender de otros. Foto:iStock
Ecopetrol, por su parte, intenta hacer lo que le corresponde en un entorno más adverso y sometido a numerosas presiones. La más significativa proviene de la propia Casa de Nariño, cuyo ocupante acaba de declarar que la empresa “debe robustecer sus dos nuevos pilares”. Se refiere a “infraestructura y nube para la telecomunicación de inteligencia artificial”.
a todos” y “producción y distribución de energías renovables en toda América”. Para Gustavo Petro, “este es el sendero delineado por el Gobierno progresista, que avanza a paso firme, para situar la economía colombiana en el siglo XXI”.
Ambas propuestas desafían muchos de los contextos que Ricardo Roa, líder del grupo mayoritariamente estatal, habrá tenido la posibilidad de percibir en Houston la semana pasada. Más allá de las convicciones individuales, la realidad indica que ningún país, salvo Colombia, desea apresurar el cierre del ciclo de los hidrocarburos que genera.
Imaginar que los nuevos vientos conducirán a un cambio en la política oficial es engañoso. Al menos, hasta que concluya este cuatrienio, se prevén caídas adicionales en la producción nacional, con el peligro de que el país no logre evitar el camino que lo lleva a la pérdida de la autosuficiencia en petróleo.
“Mientras existe un consenso global sobre el incremento de la demanda de todas las modalidades de energía, en Colombia estamos estrangulando la oferta”, enfatizó desde el CERAWeek Frank Pearl, presidente de la Asociación Colombiana del Petróleo y Gas. “La mezcla de diversas fuentes de provisión es esencial para que la matriz energética cumpla con los estándares de eficiencia económica, energética y ambiental”, recordó.
Por ello, los riesgos en múltiples frentes se han acrecentado. El peor panorama es el de un país sin seguridad energética, que depende de otros, ignora sus propias riquezas y cae en un círculo vicioso de penuria y escasez de oportunidades, debido a una postura que desatiende las tendencias globales.
Lo anterior no excluye la posibilidad de criticar los excesos del capitalismo y apelar a la conciencia ecológica de los ciudadanos para edificar un futuro más sostenible. Pero eso es muy distinto a que, como en el anuncio televisivo, nos quedemos atrapados en el sitio equivocado.
RICARDO ÁVILA PINTO
Especial para EL TIEMPO
En X: @ravilapinto







