Desde que lo descubrí en 1989 con ‘Mystery Train’, o más tarde con ‘Flores rotas’, Jim Jarmusch siempre me ha resultado especialmente atractivo. Quizás, porque a su rompedor estilo narrativo, a su peculiar forma de filmar y de retratar personajes, une siempre unos argumentos que atrapan. A mi por lo menos. Jarmusch, que siempre ha querido contar con Tom Waits en su cine, como en este trabajo con el que ganó el León de Oro en el último Festival de Venecia, vuelve a la cartelera con una obra en la que aborda la falta de comunicación en tres familias. O más, bien, el desconocimiento de lo que son los otros miembros de cada grupo familiar.
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