Colombia
La calle de los Anticuarios, un rincón de moda, arte y antigüedades en el norte de Bogotá.

Un busto de Napoleón Bonaparte, esculpido en 1858, no está en Francia, Italia o Alemania, sino en un acogedor negocio en Chapinero, norte de Bogotá.. A su lado, y colgada en una pared de más de 2 metros de altura, hay una pintura en témpera sobre seda cuyo origen se remonta a la dinastía Yuan, hace más de 700 años, en China.
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Figuras tibetanas, arte religioso peruano, muebles ingleses del siglo 18 y más de 600 piezas ya no viven en un museo, una galería o un edificio gubernamental europeo. Su hogar en la actualidad es HyS anticuarios, un local de dos pisos en plena calle 79b entre carreras séptima y novena.
La calle de los Anticuarios es una cuadra de unos 250 metros de largo, en el norte de la ciudad, que se detiene en el tiempo. Esta añeja calle del barrio El Nogal tiene más de medio siglo de historia, siendo la sede de reconocidos negocios con las más curiosas antigüedades. Las distintas transformaciones lo han llevado a convertirse hoy en un distrito de la moda, el diseño y la decoración para el hogar.
Pero no siempre fue así. En la década de 1970, unos anticuarios, dedicados a escarbar entre apartamentos, garajes, zarzos y altillos las piezas más especiales de arte e historia, instalaron en sus mismas viviendas unos locales para ofrecerle esos tesoros a la clientela.
Calle de los Anticuarios, en Bogotá Foto:Milton Díaz / EL TIEMPO
uno tras otro se alcanzaron a establecer 16 anticuarios en este sector de Chapinero, hasta convertirse en la reputada cuadra de los Anticuarios.
Ingresar a uno de estos negocios es un oasis en medio del ruido, el ritmo acelerado y frenético de Bogotá. El sector financiero de la ciudad, la zona de rumba, la gastronomía, los centros comerciales y los ciclistas subiendo al alto de patios, rodean el día a día de HyS, uno de los tres anticuarios que sobreviven allí.
Con música clásica de fondo, Enrique Sánchez, propietario del anticuario, recibe a distinguidos clientes que vienen en busca de alguna pieza para su hogar, su casa de campo o su oficina. Todo lo que usted pueda ver en el negocio está a la venta, solo pregunte.
Calle de los Anticuarios, en Bogotá Foto:Milton Díaz / EL TIEMPO
Al ingresar a esa casa antigua, de dos pisos y con fachada de piedra color amarillo, un Napoleón Bonaparte recibe a sus clientes: mira seriamente hacia su izquierda por encima del hombro, tiene porte de héroe, le cuelgan medallas militares en su pecho y viste un elegante uniforme. No mide más de 50 centímetros.
La pieza es un busto del siglo 19 esculpido en mármol en la ciudad de Florencia, Italia, por Eduardo Cammilliun escultor toscano. Don Enrique Sánchez encontró a Napoleón en un apartamento en Bogotá, se lo compró a su dueño y ahora se encuentra a la venta en su anticuario.
“Esta es una de las piezas más especiales que tengo. Más allá de lo que pueda despertar a Napoleón como personaje político controvertido, es toda una obra de arte con gran valor histórico”, señala Sánchez, un hombre mayor, elegante, refinado y con amplio conocimiento en el negocio. Mientras habla del busto, va buscando con sus ojos otra pieza para explicar.
Calle de los Anticuarios, en Bogotá Foto:Milton Díaz / EL TIEMPO
No tarda más de 5 segundos y ya encuentra otra obra de la que quiere hablar. Colgada en una de las paredes del anticuario está una pintura de Angelino Medoroun artista italiano que vivió en el Nuevo Reino de Granada, en la Provincia de Quito y en el Virreinato del Perú a finales de 1500 y comienzos de 1600.
En este rincón de Chapinero posa ese óleo sobre lienzo de más de 400 años de la Virgen María, que con sus manos juntas agacha su mirada compasiva. Un marco dorado rodea la pintura que se conserva en un excelente estado.
El monólogo de Enrique buscando qué pieza mostrar continúa. Al preguntarle por el objeto más antiguo que tiene, responda con humor: “El más antiguo soy yo, pero venga le muestro uno bien especial”.
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Clava su mirada en un retrato de más de dos metros de altura que cuelga sobre la pared más alta del negocio. Cuatro personas orientales, ostentosas, en una lujosa vivienda china, vestidas de azul, miran fijamente al visitante.
Se trata de una témpera sobre seda, atribuida a la dinastía Yuan, establecida por los mongoles en China entre 1271 y 1368 y liderada por Kublai Khan, nieto de Gengis Khan. Este retrato, de más de 700 años, espera en Chapinero a algún coleccionista de antigüedades.
“Soy propietario de este anticuario desde 1962. Tuvo origen en los barrios Palermo y Chapinero, cuando eran muy interesantes y había bastantes anticuarios. Yo estudiaba arqueología y antropología en esa década, cuando por contactos y familiares empecé a negociar algunas piezas de antigüedades mientras estudiaba. En esa época lo fundamos entre cuatro socios, luego dos se retiraron, nos quedamos dos amigos y hace unos años murieron, así que solo quedo yo”, menciona Sánchez.
Calle de los Anticuarios, en Bogotá Foto:Milton Díaz / EL TIEMPO
Desde hace 35 años, el anticuario tiene como sede la calle 79b y es vecino de otros dos, los únicos que aún quedan en la cuadra. Aunque conserva su nombre de la calle de los Anticuarios, hoy es todo un distrito creativo, de arte, diseño, moda y accesorios para el hogar.
El recorrido por esta cuadra empinada empieza con la parroquia Santa Mónica, una pequeña iglesia de color blanco que mira hacia los cerros orientales. Detrás suyo, y en bajada hacia el occidente, se ubica un jardín con flores, arbustos y materas muy bien cuidadas.
Mansiones y chalés históricos abrieron sus puertas para encontrar exclusivas marcas de diseño colombiano como Pepa Pombo, Sixxta, Agua Bendita, Carmiña Villegas, Laura Laurens, entre otras.
Calle de los Anticuarios, en Bogotá Foto:Milton Díaz / EL TIEMPO
Para Navidad, la cuadra está decorada con una telaraña de luces que funciona como techo y alumbran con color amarillo en todo el sector. Un árbol navideño, hecho con copas de vidrio, también resalta en su decoración y se posiciona como el centro de atención al lado de las distinguidas marcas.
De hecho, muchos clientes llegan a esta cuadra por la temporada de Navidad. En busca de un buen regalo llegan a Casa L’Arôme, una mansión histórica que alberga múltiples locales de ropa y uno, en el segundo piso, que llama la atención por el olor.
Se trata de L’Arôme, una marca de velas que ofrece distintas opciones de aromas y presentaciones para regalar a sus familiares y amigos.. Desde té y jengibre, hasta madera y gardenia, las opciones son ilimitadas.
L’Arome, local de velas en la calle de los Anticuarios. Foto:Milton Díaz / EL TIEMPO
Los clientes pueden encontrar velas a partir de los 130 gramos (con una duración de 16 a 20 horas) por un precio de 48.000 pesos. La más grande, de 1.650 gramos, puede durar hasta 150 horas encendida y tiene un valor de 275.000 pesos.
Los procesos de producción están acompañados de un trabajo de sostenibilidad ambiental y comunitaria. Los canastos para adornar la vela son tejidos por mujeres indígenas de comunidades del Putumayo, Nariño y otras zonas del país: hay desde chaquiras, hasta telas de palma tetera.
Calle de los Anticuarios, en Bogotá Foto:Milton Díaz / EL TIEMPO
Este local, que también hace parte de la calle de los Anticuarios, es visitado en esta temporada por cientos de clientes. “Es un gran regalo para la Navidad. Tiene mucho significado como gesto de cariño a otras personas. Aunque los gustos son muy variados, a las personas les gustan mucho las fragancias cítricas y frescas para mejorar el ambiente”, señaló Mabel Díaz, encargada de la tienda.
NICOLÁS DÍAZ MALPICA
Redacción Bogotá







