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La cultura de fiesta: Trump silenciado

El espectáculo de Bad Bunny durante el Super Bowl LX, este 8 de febrero 2026, ha desatado una avalancha de opiniones a favor y en contra, pero con un saldo neto a su favor.
De acuerdo con el presidente Donal Trump el espectáculo visto por más de cien millones de personas fue terrible, lo peor, y no representó la esencia del ser estadounidense. Opinadores del movimiento MAGA estuvieron de acuerdo.
Benito Martínez Ocasio, el Bad Bunny, no es blanco, su primer idioma es el español, canta en español caribeño y defiende a Puerto Rico, su tierra natal, con su música. En su toque durante el medio tiempo del Super Bowl desfiló con todas las banderas de América Latina.
Los MAGA replicaron con un concierto de rock pregrabado y visto por más de cinco millones de personas. Los músicos eran blancos, hablaban inglés y tenían la bandera de los Estados Unidos de fondo.
La organización corrió a cuentas de Turning Point USA, creada por el asesinado activista de ultraderechas Charles Kirk. De acuerdo con Turning Point USA ese concierto sería un evento de “fe, familia y libertad”. La principal figura de dicho concierto pregrabado, Kid Rock, declaró que el toque sería para la gente que “ama el fútbol, (Estados Unidos de) América, la buena música y a Jesús”.
Ha sido un choque cultural frente a las cámaras de televisión en la que la peor parte se la han llevado Trump y MAGA. No solo por las cifras, sino por lo que ellas implican.
Owens no era lo suficientemente americano
El mano a mano trae a la memoria el año 1936, cuando Adolf Hitler y los Nazis organizaron los Juegos Olímpicos en Berlín para demostrar que la raza aria (ellos) era la mejor del mundo.
Así que hicieron el mejor estadio, prepararon el mejor equipo, la mejor coreografía (a la Munich), hicieron la mejor propaganda – como esa que hace la FIFA, en la que los derechos humanos no existen –, y prepararon a la gente de Alemania para que acuerpara fervientemente a sus atletas.
Pero un atleta fenomenal llamado James Cleveland Owens echó a perder la fiesta del del Tercer Reich al ganar cuatro medallas de oro frente a los ojos atónitos de los alemanes blancos y rubios, que veían como aquel negro superaba holgadamente a sus atletas arios en la pista.
En ese momento no se discutía en Berlín que Jessie Owens, con todo lo bueno que era en su propio país solo podía ir a hoteles para negros, comer en comedores para negros, entrar a tiendas para negros, asistir a iglesia para negros, tomar agua de bebederos para negros, viajar en los buses en sitios para negros, e ir a escuelas para negros. Si la acera estaba copada por “americanos” blancos, debía bajar a la calle.
No, Jessie Owens no representaba la esencia del ser “americano” aunque su idioma materno fuese el inglés. No lo hablaba como blanco, porque era negro.
Lo que trae a colación una célebre entrevista de David Frost a Muhammad Alí en los años sesenta del siglo veinte. Alí contó una supuesta conversación con su madre, en la que él le preguntaba por qué todo lo bueno era blanco y todo lo negro era malo. O sea, ser negro no representaba la esencia del ser “americano”.
¿Quién podría ser más “americano” que Alí, el campeón mundial de boxeo y activista político nacido en Kentucky?


Ahora el debate lo ha dejado Bad Bunny sobre la mesa. Él, al ser puertorriqueño, es “americano” según la ley, pues Puerto Rico es una colonia estadounidense etiquetada como Estado Libre Asociado. O sea, es un representante de la diversidad cultural, racial y lingüística que el presidente Trump pretende erradicar con sus políticas.
Y sí. Puerto Rico es esa misma isla a la que llegó Trump después del huracán María en 2017, a lanzarle rollos de papel higiénico a la cara de la gente mientras ellas esperaban asistencia humanitaria.
Según el presidente Trump, el espectáculo de Bad Bunny fue terrible, uno de los peores de todos los tiempos y que no fue un espectáculo “americano”. No se refería a la música. Se refería a que el artista más famoso del mundo en 2025 – 2026 no es blanco, no le habla en inglés, y manifiesta una cultura que él detesta.
Pero como en 1936, cuando Jessie Owens hizo que Adolph Hitler se fuera del estadio, en 2026 Bad Bunny ha dejado callado a Trump.
Como en 1936, cuando los alemanes aplaudieron de pie las cuatro medallas de oro de Owens, las audiencias de los Estados Unidos y del mundo le siguen aplaudiendo a Benito Martínez Ocasio. El ciclo de las noticias le pertenece en estos días.
El poder de la cultura, aunque blanda, es un golpe de nocaut.
Alfonso Malespín
Periodista. Investigador de temas de libertad de expresión y medios de comunicación. Amante de la gastronomía, bailes y paisajes nicaragüenses.





