Colombia
La inflación no cede y el Banco de la República prende alertas: los precios seguirán altos hasta 2027

A principio de 2026, el Banco de la República reactivó las alertas sobre la trayectoria de los precios en la economía colombiana. En su reciente Informe de Política Monetaria, el equipo técnico de la entidad ajustó al alza sus proyecciones de inflación, indicando que regresar a la meta del 3% tomará más tiempo y será más complicado de lo anticipado hace tan solo unos meses.
El informe indica que la inflación total culminaría 2026 en 6,3%, un dato superior a lo pronosticado previamente, mientras que para 2027 se prevé una desaceleración a 3,7%. Aunque esta última cifra sugiere una convergencia gradual hacia el objetivo de largo plazo, la conclusión principal del informe es que las presiones inflacionarias han aumentado, lo que exige mantener una política monetaria restrictiva durante un periodo más extenso.
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Uno de los factores que clarifica este cambio en las proyecciones es la detención de la tendencia a la baja de los precios. Después de varios trimestres de desaceleración, la inflación cerró 2025 en 5,1%, un nivel prácticamente igual al observado al final de 2024. Para el Banco de la República, este estancamiento muestra que los choques inflacionarios no se han disipado del todo y que varios factores estructurales todavía influencian fuertemente.
Entre los causantes, el informe subraya el aumento del salario mínimo legal para 2026, que fue del 23% y superó las expectativas del mercado. Según el análisis del banco central, este ajuste tendrá efectos transversales sobre los costos, especialmente en la canasta de servicios, donde la indexación es fundamental. El impacto no será inmediato ni uniforme, pero sí persistente, lo que contribuye a la presión inflacionaria.
A este elemento se añaden otros frentes de presión. El Banco de la República advierte que la situación de emergencia económica y ciertas medidas adoptadas en este contexto han influido en los precios de algunos bienes. Además, se anticipan incrementos en las tarifas de gas natural, relacionados con una disminución de la producción interna, lo que incrementa aún más la presión sobre el costo de vida familiar.
La dinámica de la demanda interna también es un factor crucial. Según el informe, el gasto sigue en aumento a un ritmo que supera la capacidad productiva de la economía, lo que mantiene la brecha del producto abierta y dificulta una reducción más rápida de la inflación. A esto se suma la alta indexación de sectores como los arriendos, que intensifican los impactos de los choques iniciales y prolongan su efecto en el tiempo.
Ante este panorama, el banco central considera vital reforzar su política monetaria. En su primera reunión del año, la Junta Directiva decidió incrementar la tasa de interés de política en 100 puntos básicos, hasta 10,25%. Según el informe, esta acción busca prevenir un desanclaje de las expectativas inflacionarias y compensar la baja en las tasas de interés reales provocada por el aumento de las proyecciones de inflación.
El documento reafirma que la Junta está comprometida con la meta del 3% y defiende que una postura restrictiva, junto con la disolución gradual de los choques de oferta, permitirá que la inflación se aproxime al objetivo hacia finales de 2027. No obstante, el banco reconoce que el proceso será lento y estará sometido a riesgos tanto internos como externos.
Simultáneamente, el informe actualiza las proyecciones de crecimiento económico. Para 2026, el equipo técnico estima que el producto interno bruto crecerá un 2,6%, por debajo del 2,8% anticipado anteriormente. En contraste, la previsión para 2025 fue revisada al alza, pasando de 2,6% a 2,9%, demostrando un mejor desempeño reciente de la actividad económica.
De cara a 2027, las expectativas son más conservadoras. El Banco de la República proyecta un crecimiento de 1,6%, vinculado a la necesidad de corregir los excesos de demanda y ajustar la brecha del producto, que se volvería negativa en ese periodo. Esta desaceleración adicional estaría influenciada por la política monetaria restrictiva, menor ingreso por remesas y exportaciones de café, y una inversión que, aunque contribuye, aún no ha recuperado los niveles anteriores a la pandemia.







