Puede que Francis Ford Coppola no esté viviendo su etapa más tranquila, pero si algo no se le ha apagado nunca es la pasión por el cine. Hablamos del hombre que dirigió la saga El Padrino, Apocalypse Now y La conversación, uno de esos gigantes del llamado Nuevo Hollywood que en los años setenta revolucionaron la industria junto a Martin Scorsese, Steven Spielberg, Brian De Palma o George Lucas. Es cine puro. Y a sus 86 años, sigue emocionándose frente a una pantalla como si estuviera rodando su primera película.
El problema es que su último gran sueño, Megalópolis, le ha salido carísimo. Literalmente. Invirtió en ella prácticamente todo su dinero y el proyecto, tan ambicioso como arriesgado, no ha recuperado lo gastado. La jugada ha sido tan dura que ha tenido que vender desde su isla privada en Belice hasta una porción importante de su negocio de vinos en California, pasando por subastas de relojes de lujo, incluido uno hecho a medida valorado en un millón de dólares. Aun así, lejos de lamentarse, él sigue a lo suyo: ver cine, pensar en cine y hablar de cine.
Y así es como ha aparecido Los pecadores (The Sinners) en su vida. La dirige Ryan Coogler, el cineasta detrás de Black Panther y uno de los directores jóvenes con más personalidad de Hollywood. Pero nada de lo que hace Coogler se parece a lo típico: la historia es una mezcla rarísima y a la vez fascinante de terror, acción, historia, vampiros y música blues, con una mirada muy directa a la herencia afroamericana en Estados Unidos. Es un blockbuster, sí, pero uno con alma de autor.
La historia utiliza a los vampiros no como criaturas románticas, sino como metáfora de algo mucho más oscuro: la esclavitud. Y a Coppola, que no suele regalar halagos, esta combinación le ha encantado. Tanto es así que escribió una reseña larguísima en Instagram, cosa que hace contadas veces. Allí dijo que la película es «una epopeya histórica, una película de terror, una extravaganza musical de blues y una perspectiva afroamericana honesta», y añadió que ver la película es «sumergirse en tantos niveles de tantas cosas, a través de los ojos y el alma de un talento natural, que no se puede definir».
Ese talento, claro, es el de Coogler, y Coppola lo ve como alguien que va a seguir creciendo durante años.
Y mientras él se deja llevar por el entusiasmo, Hollywood ya tiene la mirada puesta en la temporada de premios. Porque no es ninguna locura pensar que Los pecadores estará entre las nominadas a los Oscar y peleará por el premio a mejor película en la gala de 2026.

