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el Ministerio TIC y la Alcaldía Distrital informaron sobre el lanzamiento oficial de cinco sellos filatélicos que celebran sitios icónicos de la ciudad y que estarán en circulación en más de 100 naciones como una afirmación de identidad.
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Las sellos filatélicos son artículos oficiales emitidos por las entidades postales, que tradicionalmente se utilizan para validar el pago del envío de correspondencia. Sin embargo, su importancia trasciende lo utilitario, ya que actualmente son principalmente objetos de colección que conservan la memoria histórica, representaciones culturales divulgadas y proyectan la identidad de un país o de una ciudad en el espectro internacional.
Estas son las imágenes que nos adelantaron de los sellos. Foto:alcaldía de barranquilla
Cada sello ha sido diseñado con criterios estéticos y patrimoniales. Su circulación en redes postales y colecciones especializadas transforma estos pequeños rectángulos en embajadores culturales que recorren el mundo. En este caso, a través de cinco sellos filatélicos, pequeñas piezas de papel impregnadas de historia, se llevará la esencia de la ciudad a más de 100 naciones convirtiéndose en representantes del Caribe y Barranquilla.
Un compromiso que se plasma en papel y memoria.
El lanzamiento oficial de esta expedición filatélica se enmarca en la apuesta por la sostenibilidad cultural, la protección de la memoria colectiva y el fomento de la creación artística con sello Caribe. No es coincidencia que esta propuesta surja del Portafolio de Estímulos para el Arte y la Cultura y del proyecto Mira al Centro, que busca revitalizar el núcleo histórico de Barranquilla a través del arte. Esto permite que la cultura no se mantenga solo en discursos, sino que se sustente en símbolos, acciones y gestos que la hagan visible.
Cada sello es una ventana hacia la ciudad. La Iglesia San Nicolás con su arquitectura que fusiona solemnidad y color, evoca la Barranquilla de antaño, aquella que floreció entre rezos y festividades patronales. La Intendencia Fluvial, testigo de la relación eterna entre la ciudad y el río Magdalena, recuerda los tiempos en que el comercio y la navegación eran el pulso económico del Caribe. El Edificio de La Aduana, hoy centro cultural, fue en su época la puerta de entrada de mercancías y sueños que arribaban del mundo.
La iglesia San Nicolás en el centro de la ciudad.
Imagen:Vanexa Romero/ El Tiempo
El trayecto prosigue en Puerto Mocho, ese lugar que retiene la melancolía de los pescadores y la brisa salada que acaricia la orilla, ha sido recientemente reformado para resaltar lo mejor de él. Y concluye en el Gran Malecón, emblema contemporáneo de la transformación urbana, donde el río se transforma en escenario y la ciudad se abre al turismo y al esparcimiento. Cinco localizaciones que no son solo marcadores en el mapa, sino que también son capítulos de una narración que se cuenta con agua, infraestructura y memoria.
Cada uno llevará consigo la energía creativa de Barranquilla, su esencia festiva y su inclinación cultural. El secretario de Cultura, Juan Ospino, durante la presentación, expresó: “estas estampillas no solo cruzarán más de 100 países; también transportarán el espíritu, la historia y la energía creativa de nuestra ciudad. Es un acto de justicia cultural”.
Un instante dorado para la cultura barranquillera.
La urbe no únicamente celebra su Carnaval como Patrimonio de la Humanidad; también promueve iniciativas que fusionan tecnología, creatividad y memoria. La colaboración entre MinTIC y la Alcaldía se alinea con una perspectiva compartida que busca posicionar a Barranquilla como destino cultural de Colombia dentro del proyecto nacional Colombia, País de la Belleza.
La iniciativa Mira al Centro, de la cual surge este proyecto, aspira a revitalizar el núcleo histórico de Barranquilla. No se trata solo de restaurar fachadas, sino de devolver vitalidad al espacio público, convirtiéndolo en un punto de encuentro para artistas, gestores y ciudadanos. Las estampillas son, en este sentido, una metáfora ideal: parten del centro y viajan al mundo, transportando la historia y la creatividad que surgen en las calles barranquilleras.
Playa de Puerto Mocho y la ruta del Tren de las Flores en el barrio Las Flores. Imagen:Vanexa Romero/ El Tiempo
Que Barranquilla esté representada en colecciones filatélicas internacionales no es un aspecto menor. Un reconocimiento significativo, visibilidad y orgullo. Implica que, en un sobre que atraviesa océanos, alguien encontrará la imagen del Gran Malecón o la silueta de la Iglesia San Nicolás y, tal vez, sentirá curiosidad por descubrir la ciudad detrás de esa estampilla. Es, en esencia, una forma de diplomacia cultural que une territorios y sensibilidades.
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Finalmente, cuando las luces del evento se apagaron, quedó la certeza de que estas estampillas son más que papel y tinta. Son emblemas que concentran la historia, la arquitectura y la energía creativa de la capital del Atlántico. Son recordatorios de que la cultura se fundamenta en acciones concretas, en uniones que trascienden lo institucional y en iniciativas que colocan a la ciudad en el mapa global.
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