Economia
¿Le llegó un requerimiento de la Dian? Qué hacer en los primeros 30 minutos y los documentos que debe tener listos
Cuando una pyme o un emprendimiento recibe un requerimiento o el aviso de una visita de la DIAN, la primera reacción suele ser pensar en sanciones. Sin embargo, el impacto más inmediato no siempre es la multa, sino el costo operativo: tiempo que se pierde buscando papeles, asesorías de última hora y decisiones apresuradas que terminan golpeando el bolsillo del dueño.
Hoy muchas revisiones no parten de “sospechas”, sino de cruces automáticos de información. Si lo facturado, lo declarado y lo que realmente se mueve por bancos y caja no coinciden, el sistema genera alertas. En 2026 ese control es más preciso por el uso intensivo de datos como facturación electrónica, nómina electrónica e información reportada por terceros. Además, con la UVT en 52.374 pesos, los errores operativos pueden salir más caros.
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“Recuerde, la autoridad fiscal no evalúa discursos, revisa hechos verificables”, advierte John Helbert Ayala, gerente de Impuestos y Servicios Legales de la firma Crowe. Por eso, si el empresario no puede explicar cómo funciona su negocio con soportes claros y ordenados, el proceso se puede alargar y encarecer.
“La clave no es ‘ganarle’ a la DIAN, sino evitar que un trámite se vuelva un problema financiero: responder rápido, con una sola versión —vocero y contador alineados—, entregar únicamente lo solicitado, pero completo, y dejar evidencia de lo enviado con un listado de anexos”, agrega Ayala.
DIAN Foto:DIAN
¿Qué hacer en los primeros 30 minutos?
El manejo inicial puede marcar la diferencia entre un trámite ordenado y un problema que escale. Lo primero es definir un vocero único, generalmente el dueño o gerente, y un responsable técnico, como el contador. Una sola versión y un solo canal de comunicación evitan contradicciones.
En paralelo, conviene abrir una carpeta por meses —digital o física— con ventas, compras, bancos, nómina, exógena y soportes. Si la información está mezclada, se pierde control.
Luego hay que revisar lo que Ayala llama el “triángulo clave”: ventas facturadas, dinero recibido (banco o caja) y registros contables. Si esas tres piezas cuentan la misma historia, hay mayor tranquilidad.
Otro punto esencial es responder solo lo que la Dian solicita, pero de forma completa y organizada. “Mandar ‘todo’ sin estructura alarga el proceso”, señala Ayala. Finalmente, toda entrega debe quedar soportada con radicado, correo o acta y un listado de anexos. “Lo que no queda documentado, después se discute”, enfatiza.
Mandar ‘todo’ sin estructura alarga el proceso. Foto:diego caucayo correa
Los errores que disparan alertas
En la práctica, muchos problemas surgen por hábitos desordenados. Uno de los más frecuentes es cobrar hoy y facturar después. En los cruces automáticos, ese desfase se convierte en inconsistencia. La regla es sencilla: cada venta debe quedar facturada y registrada el mismo día.
También es clave que facturación, dinero recibido y contabilidad cuadren. La DIAN cruza lo que se facturó con lo que entró al banco y con lo que aparece en los registros. Si no coincide, se activa la alerta. Por eso se recomienda revisar conciliaciones bancarias, arqueos de caja y soportes de pagos a proveedores.
La nómina electrónica es otro punto sensible. Muchas empresas cumplen pagando, pero fallan reportando. Es necesario verificar que los datos de los trabajadores estén correctos, que las novedades —incapacidades, licencias, horas extra— estén bien registradas y que cualquier ajuste tenga trazabilidad.
La información exógena también debe estar depurada. Si los terceros están mal creados o los conceptos mal clasificados, los reportes no coincidirán con los de otras empresas y aparecerán inconsistencias.
Requerimiento Dian Foto:Fotomontaje a partir de imágenes de iStock y Dian
Ante una revisión, la claridad y la rapidez transmiten control. Por eso se recomienda tener organizado, por meses, un kit mínimo de documentos.
Entre ellos: el RUT actualizado; reportes de facturación y ventas con sus soportes; extractos bancarios y conciliaciones; auxiliares contables o balance de prueba, según aplique; soportes de compras y ventas, incluidas notas crédito justificadas; reportes de nómina electrónica y sus novedades; control de información exógena; y, cuando corresponda, contratos o acuerdos clave que expliquen cómo opera el negocio.
Si el negocio maneja efectivo de forma recurrente, es conveniente reforzar arqueos, consignaciones y mantener separadas las finanzas personales de las empresariales para que todo sea trazable.
En un entorno donde el control fiscal es cada vez más automatizado, la mejor defensa no es reaccionar tarde, sino trabajar con orden permanente. Como resume Ayala, la autoridad no analiza intenciones, sino documentos verificables.
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