Colombia
Lucille Dupin propone un diálogo entre lo sintético y lo orgánico en ‘Indiana’: “La idea era volver hacia un estado más puro de mí misma”

Lucille Dupin, una cantautora colombiana, destaca entre las voces femeninas más prometedoras de la escena indie latinoamericana con su segundo álbum de estudio, INDIANA.
Este álbum, lanzado en octubre de 2025, investiga la relación entre los elementos naturales y las emociones humanas, ofreciendo un viaje musical que refleja su infancia en la costa del Caribe, mezclado con influencias del rock alternativo de los 90 y synthpop actual.
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Al igual que en su primer álbum Sibila, en INDIANA, Dupin vuelve a explorar el tarot y el simbolismo, creando canciones que reflejan la transformación personal y la búsqueda de lo esencial, con un enfoque particular en los cuatro elementos: agua, fuego, aire y tierra.
Con ocho pistas, el álbum cuenta con colaboraciones de artistas como Franny Glass y Cero39, subrayando su intento por integrar su herencia cultural, su activismo feminista y su amor por la literatura.
Lucille Dupin conversó con Infobae Colombia sobre la motivación detrás de INDIANA, su afinidad por el shoegaze de los 90, y el proceso creativo que describe como un juego que amplió su perspectiva.
Infobae Colombia: ¿Cómo surgió INDIANA? ¿Por qué ese título?
Lucille Dupin: Surge tras el lanzamiento de Sibila. Durante la pandemia, me mudé a Gaira buscando alejarme del estrés asociado con lanzar un álbum, y en ese espacio me reconecté con la naturaleza, comenzando a componer canciones bajo el concepto de jugar con los cuatro elementos, que eran muy pertinentes en mi realidad. Vivíamos, literalmente, con los pies en la arena, junto al mar.
La idea se materializó a través de una sesión de fotos con una amiga, donde se exploraron los cuatro elementos. Esto se unió al trabajo previamente realizado con Sibila, que se basa en los arcanos mayores del tarot, conectado con los arcanos menores, los cuales se dividen en cuatro palos que representan cada uno un elemento de la naturaleza.
En ese entorno algo cerrado, decidí que iba a escribir canciones que, independientemente de lo que quería expresar, incorporaran estos cuatro elementos, buscando que cada par de canciones representara un elemento.
¿Qué le fascina de los cuatro elementos?
Creo que es el redescubrimiento de lo orgánico, lo auténtico, que era lo que buscaba al acercarme al mar. Además, el disco también representa un regreso a una versión más pura de mí misma. Por lo tanto, lo más inmediato fue conectar con lo elemental, que se manifestaba a través de los cuatro elementos.
La diferencia más notable entre Sibila e INDIANA radica en que en este último, las canciones tienden a ser más himnicas. ¿Fue un proceso inconsciente o buscado?
Creo que fue más bien inconsciente, aunque sí había cierta intención. En Sibila, disfruté de más libertad creativa sin muchas reglas, algo que cambié con INDIANA. Parte de esa intención era lograr que las canciones tuvieran un aire más contundente.
El balance entre lo sintético y lo orgánico es constante en ambos discos. Considerando su enfoque en simplificar y conectar en lo creativo, ¿qué papel juegan esos elementos en su composición?
Esa dualidad está presente a lo largo del disco. Me alegra que lo hayas notado. Eso se remonta a mis inicios, ya que cuando comencé a hacer música, el enfoque era más orgánico, como en Deshoras [su primer sencillo de 2016].
A medida que avanzaba, en proyectos como Cledón [EP de 2020] y Sibila, la creación de atmósferas sonoras dependía más de sintetizadores. Pero buscaba establecer un diálogo entre lo elemental y lo orgánico, con la esperanza de que coexistieran en las canciones.
En la promoción de INDIANA mencionaste que te inspiraste mucho en los años 90. ¿Por qué esa época? ¿Qué te cautiva de ella?
Nací y crecí en los 90. Aquí en Colombia, muchas veces la música llega con retraso. Mi adolescencia estuvo marcada por bandas como Nirvana, Pearl Jam y el shoegaze de Slowdive, entre otros. Tenía claro el concepto y las canciones, pero al pensar en cómo deberían sonar, quise rendir homenaje a esa música que me acompañó durante mi crecimiento, algo que siento que ha influido en mi estilo.
Hay temas en los que esa referencia es clara. Por ejemplo, en Hielo, que refleja ese aire noventero. Quisiera ser más fiel a esa época musical en mi próximo álbum, para que la influencia del shoegaze sea más evidente. Aunque ya tengo una inclinación hacia el pop, siento que el shoegaze es mi forma de canalizarlo.
Hay dos colaboraciones en INDIANA, una con CERO39 y otra con Franny Glass. ¿Qué puedes contarnos sobre ellas y lo que aportan al disco?
Curiosamente, deseaba que este disco contara con más colaboraciones femeninas, pero al final las que se concretaron fueron con hombres, y el resultado es hermoso. Una de ellas es Ilusión con CERO39, que habíamos trabajado mucho antes. Al organizar el disco, sentimos que encajaba perfectamente en “Aire”.
Esta colaboración rinde homenaje a las mujeres en el campo de Boyacá. Contamos con la participación de doña Anita, quien relata su historia de cómo ha criado a sus hijos, lo que aportó un sonido muy latinoamericano, profundo y auténtico.
La otra pista es Crecer con Franny Glass, quien ha sido mi cantante favorito desde los 13 años. Gracias a la música, tuvimos la oportunidad de conocernos en un taller de composición, y así nació esta colaboración. Había escrito parte de la letra hace años, y decidimos usar una metonimia, al referirnos a una parte para hablar de un todo.
En la producción, también fue gratificante crear un crescendo en la canción, que encaja con el tema de crecimiento.
Siempre mencionas el proceso creativo como un juego y la idea de establecer reglas. ¿Es esta una forma habitual de abordar tu música?
No siempre. Generalmente, me permito ser libre al expresarme. Las canciones que más amo suelen surgir a altas horas de la madrugada por diferentes emociones. Sin embargo, para este disco, decidí jugar y establecer reglas, inspirado por un libro de George Perec, un autor francés que se impuso la restricción de no usar la letra E en una obra.
Me pareció un ejercicio fascinante, no solo dejando fluir la creatividad, sino llevándola a otro nivel con desafíos que llamo juegos. Por ejemplo, “La regla es que vamos a pensar en hacer una metonimia” o “Voy a hablar solo en presente”.
¿Cómo sabes cuándo una canción está terminada? ¿Cuál es el momento en el que decides en el estudio que ya está lista?
No (risas). A veces me tomo dos o tres años para completar un álbum. Creo que el punto clave es decidir que nunca será perfecto y que es necesario dejar la obra siempre que funcione por sí sola. En resumen, cuando puedo escuchar la canción sin sentir que debería añadir o cambiar algo, la considero terminada, aunque sea de manera provisional, porque siempre hay espacio para nuevas versiones en presentaciones en vivo.
Es esencial que, aunque persigas la perfección, tengas la voluntad de soltar. El perfeccionismo puede ser el mayor enemigo de la creatividad, ya que a menudo puedes quedar atrapado en la creencia de que no es suficiente.
¿Qué tienes planeado para 2026?
Estoy en proceso de diseñar un nuevo espectáculo en vivo. El año pasado, estuve de gira casi todo el tiempo, cerrando la etapa de Sibila y promoviendo INDIANA. Ahora, estoy construyendo desde cero la arquitectura de un nuevo show. Planeo una gira por Ecuador en la segunda mitad del año, y espero regresar a México en el primer semestre, posiblemente para algunos conciertos.
Continuamente realizo ejercicios de experimentación, composición y producción para lo que será mi próximo proyecto. Estoy buscando formas de integrar más INDIANA y los nuevos sonidos que quiero explorar, ahora que he concluido la era del tarot con INDIANA y Sibila.






