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Mikel San José gana a la Seguridad Social y cobrará una pensión vitalicia de 1.600 euros

Mikel San José cobrará una pensión vitalicia de alrededor de 1.600 euros brutos al mes tras ganar el juicio a la Seguridad Social. El Tribunal Superior de Justicia del País Vasco ha desestimado el recurso del INSS y reconoce al excentrocampista del Athletic Club una incapacidad permanente total, al considerar probado que tuvo que retirarse en 2022 por recomendación médica, después de más de cuatrocientos partidos en la élite.
La Sala da validez a su historial de lesiones crónicas —cervicoartrosis, hernias discales, estenosis foraminal, discopatía dorsal y espondiloartrosis lumbar— y concluye que son incompatibles con el fútbol profesional, que exige “rendimiento físico máximo, continuidad competitiva, tolerancia al impacto y ausencia de riesgo estructural grave”. La sentencia confirma así el fallo de primera instancia, que fijó la prestación en el 55% de una base reguladora de 3.042,82 euros, con efectos desde mayo de 2023.
El fallo no ha sido unánime. Incluye el voto particular del magistrado Pablo Sesma de Luis, que califica de “asombroso” el criterio mayoritario y subraya que San José solo estuvo de baja algo más de dos meses, volvió a competir y se retiró con 33 años antes de solicitar la incapacidad nueve meses después. La resolución aún puede ser recurrida ante el Supremo.
Otros casos de deportistas
Además del caso de Mikel, un reportaje reciente de ‘El Confidencial’ recoge otros ejemplos de futbolistas que accedieron —o intentaron acceder— a una pensión de incapacidad por las secuelas del deporte profesional: Emmanuel Amunike logró finalmente la prestación tras varios recursos judiciales al considerarse que las lesiones sufridas años antes le impedían ejercer el fútbol profesional, pese a haberse retirado ya; Francisco Camarasa dejó el fútbol tras romperse el tendón de Aquiles y también fue reconocido como beneficiario; Álvaro Cervera y Julen Lopetegui obtuvieron la incapacidad tras acreditar que sus problemas físicos les impedían seguir compitiendo, aunque ambos desarrollaron después carreras como entrenadores; Álvaro Benito la consiguió al ver truncada muy joven una prometedora trayectoria por graves lesiones de rodilla; en cambio, Abelardo perdió la pensión al entender el tribunal que había seguido jugando tras lesionarse; y Julio Pineda la obtuvo ya retirado, al considerarse que su pubalgia le incapacita para un deporte tan exigente como el fútbol profesional, ilustrando la disparidad de criterios judiciales en este tipo de casos.







