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En un año que todavía arrastra tensiones económicas —fuerte incremento del salario mínimo, presión de costos, tasas de interés altas y un consumidor más cuidadoso— la Compañía Nacional de Chocolates decidió decidió moverse en sentido contrario al ruido del mercado, mirando más allá del corto plazo y acelerando una agenda ambiciosa de crecimiento.
La compañía, una de las joyas industriales del Grupo Nutresa, puso sobre la mesa una estrategia que combina expansión internacional, fortalecimiento de su presencia en Estados Unidos, preparación para capitalizar una eventual reactivación de Venezuela y búsqueda activa de oportunidades de crecimiento inorgánico, tanto en Colombia como en el exterior.
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Juan Fernando Castañeda Prada, su presidente, explica por qué la empresa apuesta por crecer cuando otros se repliegan, cómo lee la coyuntura económica de 2026 y de qué manera una estrategia de largo plazo articula expansión internacional, fortalecimiento del negocio en Colombia y decisiones contracíclicas en precios.
¿Qué esperar de un 2026 que inicia con elevado ajuste del salario mínimo, tasas e inflación al alza?
Es temprano para sacar conclusiones definitivas. Hay señales mixtas. Por un lado, el índice de confianza del consumidor volvió a terreno positivo; por otro, hay riesgos inflacionarios y ajustes pendientes. Nosotros diferenciamos mucho entre la macroeconomía y la microeconomía del hogar. En ese contexto, una decisión como bajar el precio de la chocolatina Jet (17 por ciento) es contraria a la tendencia inflacionaria y puede convertirse en un pequeño alivio para el consumidor.
Juan Fernando Castañeda Prada, presidente de la Compañía Nacional de Chocolates. Foto:Nacional de Chocolates
¿Les inquieta que este sea un año electoral?
Nuestra mirada es siempre de largo plazo. No trabajamos en función de gobiernos específicos. Nuestro foco es hacer bien lo que sí controlamos: costos, calidad, logística, distribución y precio. Si hacemos eso mejor que nadie, el consumidor responde, independientemente del entorno político.
¿Cuáles son las grandes apuestas de 2026?
Venimos de un año muy bueno, probablemente el mejor en la historia de la compañía en ventas y rentabilidad. Eso eleva la vara para 2026. Pero nuestras prioridades son claras: revitalizar la categoría de golosinas, con la reducción de precio en la Jet a 1.000 pesos como principal movimiento; seguir con la expansión internacional. Estamos presentes en Estados Unidos, México, Centroamérica, Perú y Ecuador. Mirar con atención a Venezuela, nunca nos fuimos y creemos que, con la reactivación económica, hay oportunidades para nuestras marcas, y explorar crecimiento inorgánico, tanto en Colombia como en el exterior.
Planta de la Compañía Nacional de Chocolates en Rionegro (Antioquia), fundada en 1920. Foto:Cortesía
Específicamente, ¿qué mercados están mirando con más atención hoy?
Venezuela es una oportunidad clara, pero Estados Unidos es estratégico. Allí buscamos crecer con fuerza en ingredientes de chocolate. Es un mercado tan grande o más que el de golosinas al consumidor y hoy tenemos menos del 2 por ciento de participación. Hay un enorme potencial, apalancado en cacao colombiano y cercanía logística.
¿Compras recientes son el punto de partida de esa expansión decidida que están buscando?
Claramente. Esos movimientos muestran que el grupo (Nutresa) sigue activo y que la expansión no es solo un discurso. La integración de Yupi, el proceso de adquisición de Mimo’s —a la espera de los cierres formales— y otros ajustes de portafolio que se han hecho en los últimos años hacen parte de una misma lógica: construir una plataforma más sólida para crecer. Estas operaciones permiten ganar capacidades, fortalecer marcas y reorganizar activos. Ese trabajo previo es el que hoy nos permite mirar con más ambición el crecimiento internacional, tanto orgánico como inorgánico. No se trata de crecer por crecer, sino de hacerlo de manera disciplinada y con activos que agreguen valor.
Venezuela, una oportunidad clara, pero Estados Unidos es estratégico: Nacional de Chocolates. Foto:Sebastián Carvajal Bolívar / EL TIEMPO
¿Qué están mirando en Estados Unidos y Venezuela?
Haber pasado por procesos como los de Yupi y Mimo’s nos deja aprendizajes muy valiosos. Hoy tenemos una organización más preparada para integrar activos, para capturar sinergias y para escalar operaciones. Eso es clave cuando uno mira mercados más grandes o más complejos. En Estados Unidos, por ejemplo, una adquisición tendría sentido si acelera el acceso a clientes industriales o fortalece capacidades en ingredientes de chocolate. En Venezuela, el enfoque es distinto: primero entender muy bien el mercado, redimensionar la operación y, si aparecen oportunidades que hagan sentido estratégico, evaluarlas con cuidado. La clave es definir bien cómo participar allí, con qué portafolio y bajo qué esquema operativo. Nuestra ventaja es que ya estamos conocemos ese mercado.
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¿Por qué la apuesta más fuerte es afuera y no en Colombia?
Porque el crecimiento estructural está allí. Colombia sigue siendo un mercado clave, pero limitado en tamaño. Cuando uno mira Estados Unidos, México o una eventual reactivación de Venezuela, el potencial de escala es mucho mayor. Por eso la exploración internacional hoy tiene un peso creciente.
¿Cuál es el tamaño de la caja para avanzar en esas nuevas apuestas?
La expansión nos toma con la inversión grande ya ejecutada y con una base financiera sólida. Tras el fuerte crecimiento de volúmenes en 2022 y 2023, hicimos un capex elevado en 2024 y 2025, que hoy nos deja con capacidad instalada disponible —operamos entre 70 y 80 por ciento— para crecer sin presiones adicionales. Para 2026, esa inversión se normaliza y estará en torno al 2,5 y 3 por cento de las ventas, principalmente de mantenimiento. Con ventas cercanas a los 3,2 billones de pesos en 2024, eso nos da una caja relevante para avanzar en nuevas apuestas, integrar operaciones y atender mercados como Venezuela y Estados Unidos, sin comprometer la estabilidad financiera.
Chocolatina JET tendrá una reducción de 17 % en su costo al público, queda en $ 1.000. Foto:Nacional de Chocolates
¿Cuál es el foco de la estrategia local?
En paralelo, y como parte de esa misma lógica de crecimiento —no como un gesto aislado— decidimos mover una de las fichas más sensibles en el mercado local: ajustar a la baja el precio de la Chocolatina Jet, nuestro producto más emblemático, para recuperar volumen, transacciones y cercanía con el consumidor colombiano.
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Esta no es una decisión menor, menos en un año con retos económicos complejos…
Nuestro objetivo permanente es ofrecer la mejor ecuación de valor a nuestros consumidores. En el tiempo, factores externos nos obligaron a salir de donde queríamos estar en precio, particularmente en este producto. Llegamos a un valor de 1.200 pesos que no es cómodo, pero que de alguna manera rompe la lógica de compra cotidiana. A eso se sumaron presiones muy fuertes: el impuesto a los ultraprocesados, el alza histórica del cacao y una tasa de cambio que tocó niveles de 5.000 pesos. Todo eso nos llevó a tomar decisiones difíciles. Pero trabajamos en productividad interna, eficiencia de procesos, colaboración con proveedores y optimización de costos. El resultado es esta decisión: volver a la fracción mágica (1.000 pesos), recuperar transacciones perdidas y devolverle acceso al consumidor. No es solo un ajuste de precio; es una apuesta por recuperar volumen y cercanía.
En otras palabras, quieren volver a un millón de Jet diarias. ¿En cuánto están hoy?
Hoy estamos entre 750.000 y 800.000 unidades diarias. La meta es recuperar ese 20 por ciento adicional y volver al millón. Es una cifra simbólica, pero también muy concreta: significaría que, en promedio, un colombiano consume una chocolatina cada dos días.
¿Esa baja de precio será sostenible?
Esta decisión no depende solo del precio del cacao. Es una estrategia multivariable que incluye eficiencia operativa y productividad. Obviamente, siempre hay riesgos externos, pero hoy vemos esta reducción como sostenible.
¿Y podrá extenderse a otros productos del portafolio?
Estamos focalizados en el producto más emblemático de nuestra categoría de golosinas. Esta es una apuesta grande y debe funcionar en volumen. En la medida en que el caso de negocio se consolide, podremos evaluar extender ajustes a otras referencias. De hecho, ya estamos haciendo correcciones en algunos productos, pero esta es la señal más potente.
Así es la fábrica de la Compañia Nacional de Chocolates Foto:Sebastián Carvajal Bolívar / EL TIEMPO
¿Qué tanto ha impactado a la industria los altos precios del cacao?
El impacto fue fuerte, sobre todo en fabricantes artesanales de chocolate de mesa. Cuando uno mira 12.000 dólares la tonelada parece abstracto, pero en pesos significaba cerca de 35.000 pesos por kilo. Un bulto de 50 kilos pasó a costar alrededor de 1,5 millones y para un pequeño productor que necesita varios, el capital de trabajo se vuelve una barrera enorme. En la medida en que el precio se ha corregido, se abre la posibilidad de que muchos regresen al mercado. Es sano para todo el ecosistema cacao–chocolate que los precios se normalicen: el agricultor deja atrás una bonanza excepcional, pero gana estabilidad; la industria recupera viabilidad; y el consumidor vuelve a tener acceso.
¿En qué va la alianza con el Gobierno para fomentarla la siembra de cacao?
Ese compromiso no solo se mantiene, sino que se ha profundizado. Hemos trabajado de manera directa con el Ministerio de Agricultura y con los programas de sustitución de cultivos ilícitos, con acciones concretas: construcción y operación de viveros, entrega de material vegetal certificado y acompañamiento técnico a los productores. Hoy estamos iniciando nuevos proyectos en regiones estratégicas como el Catatumbo, donde el cacao se consolida como una alternativa real y sostenible para las familias rurales. Para la compañía es clave que Colombia sea autosuficiente en cacao, y la prueba es que, incluso durante la crisis global de precios y oferta, el país no enfrentó desabastecimiento. Mantenemos un equipo dedicado al fomento cacaotero, con una visión clara: fortalecer la producción nacional, garantizar la compra del cacao colombiano y darle proyección a ese producto tanto en el mercado local como internacional.
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