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Nos decían siempre que liderar proyectos era arriesgado, pero ahora sabemos que el público quiere historias hechas por mujeres

“Durante años nos dijeron que no era así, pero ahora sabemos que el público quiere historias hechas por mujeres“, asegura Margot Robbie, la actriz australiana que ha protagonizado grandes éxitos cinematográficos como Barbie y Aves de Presa (y la fantabulosa emancipación de Harley Quinn).
“El error fue pensar que las mujeres solo pueden protagonizar o escribir un tipo de historias”, afirmó Robbie en una entrevista reciente publicada por Vanity Fair. “Pero no es así. Si se trata de buenas historias, bien contadas, no importa si las protagoniza o las desarrolla un hombre o una mujer”, aseguró en esa misma conversación la actriz, que hoy tiene 35 años.
Úna carrera exitosa pero nada previsible
Nacida en Queensland en 1990, Robbie llegó a Hollywood tras iniciar su carrera en la televisión australiana. Su irrupción internacional se produjo con El lobo de Wall Street (2013), de Martin Scorsese, donde su presencia magnética y su capacidad para sostener escenas clave la colocaron de inmediato en el radar de la industria. Aquella aparición pudo haberla encasillado, pero Robbie optó por un camino menos previsible.
“Siempre me interesaron los personajes que no buscan agradar“, ha señalado la actriz en distintas entrevistas, explicando de ese modo su inclinación por papeles incómodos o contradictorios. Esa elección se refleja en una filmografía que alterna grandes estudios y cine de riesgo, con títulos como Yo, Tonya (2017), María, reina de Escocia (2018) o El escándalo (Bombshell) (2019).
Con Barbie (2023), film de la estadounidense Greta Gerwig que se transformó en un gran éxito global (superó los mil millones de dólares de recaudación), Robbie se consolidó definitivamente como estrella internacional.
La película abrió un debate sobre representación, identidad y expectativas sociales, demostrando que un blockbuster puede tener discurso sin renunciar al entretenimiento. “Este suceso confirmó que el verdadero riesgo no estaba en los contenidos producidos por mujeres, sino en la falta de confianza de la industria”, afirma ahora, con más perspectiva, la australiana.
El punto de inflexión en su caso llegó en 2014, cuando fundó la productora LuckyChap Entertainment. “Veíamos una y otra vez grandes guiones escritos por mujeres que no se hacían”, explicó Robbie en una entrevista con The New York Times. “La respuesta fue pasar al otro lado del mostrador y producir activamente ese tipo de historias”, agregó en esa charla.
Desde LuckyChap, Robbie impulsó proyectos como Una joven prometedora (2020), dirigida por Emerald Fennell, o la propia Barbie (2023), el mayor éxito comercial de su carrera y uno de los fenómenos culturales más relevantes del cine reciente. “Cuando presentamos Barbie, muchos ejecutivos seguían preguntándose si una película así podía funcionar -recordó la actriz-. Y la realidad es que quedó muy claro que el público estaba más que preparado”.
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Poder creativo y futuro
Hoy, Margot Robbie combina su condición de estrella mundial con un peso creciente en las decisiones creativas de Hollywood. Su trayectoria ilustra un cambio de paradigma en el cine contemporáneo, donde las actrices ya no se limitan a interpretar personajes, sino que participan activamente en la construcción de los relatos.
“Si tienes la posibilidad de abrir una puerta, también tienes la responsabilidad de hacerlo”, sostiene ella. En su caso, esa puerta pasa por consolidar un espacio donde las historias lideradas por mujeres no sean una excepción celebrada, sino una parte natural del paisaje cinematográfico. El éxito, al menos en su caso, ya ha demostrado que el público masivo lo estaba esperando.







