Colombia
Nuevos enfrentamientos entre Ejército y disidencias de las Farc en Meta y Guaviare dejan confinados a civiles y elevan alarma regional

Los enfrentamientos armados entre el Ejército Nacional y las disidencias de las Farc asociadas al grupo de alias Calarcá han provocado una situación alarmante y de confinamiento en amplias áreas rurales de los departamentos del Meta y Guaviare.
La presencia de tropas terrestres y helicópteros de la Fuerza Aérea Colombiana ha incrementado los operativos, mientras la población civil enfrenta horas de incertidumbre y miedo ante el avance del conflicto.
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Según un comunicado oficial de la Fuerza de Tarea Omega, desde la noche del viernes se reportó la muerte de dos miembros de las disidencias en la vereda Laureles, municipio de Vistahermosa, Meta, con varios heridos.
Este balance preliminar fue respaldado por testimonios de residentes que reflejan una constante preocupación por la seguridad de sus familias.
“Nos estamos protegiendo con los niños. El helicóptero está volando sobre la zona y hay intensos tiroteos en medio de las casas. Tenemos mucho miedo de lo que pueda suceder ya que hay familias con muchos menores”, expresó una residente a través de un video compartido en redes sociales por Blu Radio.
A pesar de la intensidad de los combates, hasta el momento no se han reportado civiles heridos en la zona. Sin embargo, la situación pone de manifiesto el riesgo que enfrentan las comunidades, especialmente las más aisladas, que permanecen confinadas en sus hogares durante las operaciones militares.
Los combates no se limitan al Meta. En Guaviare, especialmente en la zona rural del municipio de Calamar, líderes comunitarios han informado sobre ráfagas constantes de fusiles y familias atrapadas en sus viviendas debido al intercambio de disparos.
En un video compartido en grupos de mensajería, una mujer narró su experiencia: “Somos civiles, estamos en medio del tiroteo con el helicóptero sobrevolando”, mencionando la presencia de menores de edad, gestantes y ancianos entre los confinados.
La situación resalta la complejidad geográfica y operativa que enfrentan las autoridades. El Meta y el Guaviare presentan amplias áreas de difícil acceso, lo que obliga al Ejército Nacional y a la Fuerza Aérea a desplegar tropas tanto por vía terrestre como aérea para intentar recuperar el control territorial.
Las operaciones buscan también asegurar la seguridad de la población local y disminuir la influencia de los grupos armados ilegales que aún operan en estas regiones.
En Guaviare, la violencia ha escalado a nuevos niveles con enfrentamientos internos entre disidencias armadas. Según fuentes de inteligencia consultadas por Semana, la filtración de información desde la fuerza pública hacia la organización de alias Calarcá habría facilitado ataques precisos contra la facción de Iván Mordisco.
La masacre de 30 personas en El Retorno refleja esta escalada, donde la población civil queda atrapada entre la violencia y el abandono.
De acuerdo con la Fiscalía General de la Nación, de los 30 cuerpos encontrados, 21 eran hombres, cinco mujeres y cuatro menores de edad.
Las víctimas parecen haber sido ejecutadas directamente, en muchos casos con disparos de gracia, lo que ha generado un clima de desconfianza hacia las instituciones estatales.
La sensación de desprotección se acentúa por limitaciones operativas. Un oficial especializado en aviación explicó que “las Fuerzas de Despliegue Rápido actualmente no tienen helicópteros asignados. Las horas de vuelo están restringidas. Antes había financiación internacional, pero eso se ha terminado”.
Además, la precisión de los ataques a la estructura de Iván Mordisco ha levantado sospechas sobre filtraciones internas que facilitarían la operación de Calarcá.
En este contexto, los habitantes viven bajo la supervisión constante de hombres armados, y se ven forzados a guardar silencio como única estrategia de supervivencia.
La violencia también ha impactado a funcionarios locales y líderes religiosos. En octubre de 2025, la casa del alcalde de Calamar, Farid Camilo Castaño, fue atacada con explosivos, resultando en una mujer herida y una mascota muerta.
Meses atrás, un grupo de evangélicos fue asesinado tras ser acusados de colaborar con el ELN. Estos ataques reflejan la complejidad de un territorio donde los grupos armados imponen las normas y donde la intervención estatal es limitada y tardía.







